Hildegard Westerkamp: «Soundwalking»
Publicado por primera vez en 1974, el ensayo «Soundwalking» de Hildegard Westerkamp se ha convertido en una especie de piedra angular de las práctica deambulatorias sonoras, sin dejar de ser un temprano indicador de sus inquietudes como compositora y artista sonora. Vinculada al World Soundscape Project de R. Murray Schafer en la Simon Fraser University, el trabajo de Westerkamp pronto se distinguió, al estar siempre buscando contrastar la teoría con la práctica, y estar siempre vinculado a la investigación sobre el terreno.
Se trata de un ensayo tan descriptivo como prescriptivo: es tanto una definición de lo que puede ser un paseo sonoro, como un registro documental de paseos sonoros ya realizados, como una partitura para posibles paseos sonoros por venir, como, a la vez, un texto de indudable carácter poético.
La presente traducción está basada en una que realicé para un taller en 2018, ahora corregida y puesta a punto. Para quien tenga interés, también hay una versión en pdf que se puede descargar desde aquí.
Un paseo sonoro es cualquier excursión cuyo propósito principal es escuchar el entorno. Es exponer nuestros oídos a cada sonido a nuestro alrededor, al margen de dónde estemos. Podemos estar en casa, podemos estar caminando por una calle céntrica, o a través de un parque, o por la playa; podemos estar sentados en el despacho del médico, o en el lobby de un hotel, o en un banco; podemos estar de compras en un supermercado, o en un centro comercial, o en una tienda china; podemos estar de pie en el aeropuerto, en la estación del tren, en una parada de autobús. Vayamos donde vayamos, le daremos prioridad a nuestros oídos. Los hemos ignorado durante mucho tiempo, y, como resultado, hemos hecho poco por desarrollar un entorno acústico de calidad.
Escuchar así puede ser una experiencia dolorosa, agotadora, o bastante deprimente, ya que nuestros oídos están a menudo expuestos a demasiados sonidos, a demasiado volumen, y con demasiado poco sentido. Aun así, intentar ignorarlos tiene incluso menos sentido. Ya que no podemos cerrar nuestras orejas, no podemos evitar oír todos los sonidos. Por mucho que intentemos ignorarla, la información entra en nuestro cerebro y quiere ser procesada. Física- y psíquicamente, todavía tenemos que compensar por cada sonido, incluso si nuestros oídos lo perciben de forma inconsciente. Es más, al cerrarnos a los sonidos estamos restándole sensibilidad a nuestra facultad auditiva y, por tanto, no estamos permitiendo a nuestros oídos desarrollar su función natural.
A no ser que escuchemos con atención, existe el peligro de que algunos de estos sonidos más silenciosos y delicados pasen desapercibidos por oídos insensibilizados y, mezclados con las muchas voces mecanizadas de los paisajes sonoros actuales, lleguen a desaparecer del todo. Por tanto, nuestro primer paseo sonoro tiene el propósito de exponer a los oyentes al contenido total de su composición ambiental, y es, por tanto, muy analítico. Tiene por objetivo ser una introducción intensa a la experiencia de la escucha sin concesiones.
Hay muchas maneras diferentes de diseñar un paseo sonoro. Se puede hacer a solas, o con un amigo. (En este último caso, la experiencia de escucha es más intensa y puede ser muy divertida si una persona lleva un antifaz y es guiada por la otra). También se puede hacer en grupos reducidos, en cuyo caso es siempre interesante explorar la relación entre la escucha colectiva y la escucha individual, alternando entre el caminar a distancia de, o en el mismo centro del grupo. Es más, un paseo sonoro puede cubrir un gran área, o puede centrarse en un lugar en particular. Al margen de la forma que adopte el paseo sonoro, su objetivo es redescubrir y reactivar nuestro sentido del oído.
El primer paseo sonoro se puede realizar en cualquier lugar, en cualquier momento, y con tanta frecuencia como se desee. En pos de la intensidad, quizás sea buena idea limitar inicialmente el paseo a un área reducida, o incluso a un lugar determinado. Diferentes personas pueden dedicar diferentes duraciones de tiempo a este paseo. En cada caso, dependerá de cuánto tarden en eliminar las barreras al oído, cuál es su grado de implicación, y cuánta fascinación se puede dar en una exploración así.
Empieza escuchando los sonidos de tu cuerpo mientras te mueves. Son lo más cercano a ti, y establecen el primer diálogo entre tú y el entorno. Si puedes escuchar hasta los más silenciosos de estos sonidos, entonces estás atravesando un entorno dimensionado a escala humana. En otras palabras, con, por ejemplo, tu voz o tus pasos, estás «hablando» con tu entorno, que a su vez responde dándole a tus sonidos una cualidad acústica específica.
Intenta moverte. Sin producir sonido alguno. ¿Es posible?
¿Cuál es el sonido más silencioso de tu cuerpo?
(Si, en cambio, los sonidos que produces se pierden en el ruido ambiental de lo que te rodea, estás experimentando un paisaje sonoro desequilibrado. Las proporciones humanas no significan nada aquí. No solo tu voz es inaudible, sino que tu oreja está tratando con una sobrecarga de sonido).
Lleva tus oídos lejos de los sonidos que produce tu cuerpo y escucha los sonidos cercanos.
¿Qué oyes? (Haz una lista)
¿Qué más oyes? Otras personas Sonidos de naturaleza Sonidos mecánicos
¿Cuántos Sonidoscontinuossonidoscontinuossonidoscontinuossonidoscontinuossonidoscontinuos?
¿Puedes detectar Ritmos interesantes Cadencias regulares La más alta La más baja frecuencia?
¿Puedes oír Sonidos intermitentes o discretos Crujidos Golpes Chasquidos Batacazos?
¿Cuáles son las fuentes de los diferentes sonidos?
Lleva tus oídos lejos de estos sonidos, y escucha más allá… en la distancia ¿Cuál es el sonido más silencioso? ¿Qué más oyes?
Hasta ahora, has estado aislando sonidos unos de otros, y conociéndolos como entidades individuales. Pero cada uno de ellos es parte de una composición ambiental más amplia. Así que, vuelve a ensamblarlos y escúchalos como si estuvieras escuchando una pieza musical interpretada por muchos instrumentos diferentes. ¿Te gusta lo que oyes? Escoge los sonidos que más te gustan y crea un paisaje sonoro ideal en el contexto de tu entorno actual. ¿Cuáles serían sus principales características? ¿Es tan solo un sueño idealista, o podría convertirse en realidad?
Tengo la sospecha de que la noción de salir de paseo no existe en tribus nómadas y en sociedades rurales, ya que allí la gente está a diario en contacto activo con la naturaleza, y su estilo de vida está profundamente integrado en el entorno natural. Pero en la vida urbana, el contacto cercano con la naturaleza tiende a reducirse mucho. La naturaleza deja de ser una compañera con la que uno vive y lucha a diario, y se convierte, en cambio, en una amiga lejana a la que se visita ocasionalmente. Salir de paseo es una manera que tienen los urbanitas para intentar recuperar su contacto con la naturaleza.
Cuando el salir de paseo se reemplaza por salir en coche –algo que ocurre con más frecuencia de lo que nos damos cuenta– nuestro contacto con la naturaleza pasa a ser puramente visual: paisajes bidimensionales que aparecen en el parabrisas; vemos una película sobre paisajes con la banda sonora de un motor en marcha o música y voces de la radio, cassette, o CD; nuestra experiencia visual es mediada por lo que oímos y nuestra experiencia auditiva no tiene nada que ver con lo que vemos. El contacto entre el entorno y los sentidos humanos es definido por la «piel» o burbuja del vehículo en el que estamos sentados.
Ahora, salgamos de nuestras burbujas, alcémonos de detrás de nuestras pantallas, muros, altavoces y auriculares, y abramos nuestros oídos directamente al entorno. Vámonos de otro paseo sonoro.
Un paseo sonoro por el Queen Elizabeth Park de Vancouver
El Queen Elizabeth Park es visualmente atractivo en extremo. Es un parque de postal, que cautiva la mirada de inmediato. Incluyamos, en este paseo, nuestros oídos de manera consciente, escuchemos la «banda sonora» del parque, exploremos hasta qué punto armoniza con nuestra impresión visual.
El área más despejada del parque es el aparcamiento. Comienza aquí, y escucha la multitud de sonidos que vienen de todas partes. Cada ciudad tiene su propio entorno sonoro distintivo, que contribuye a su carácter singular. ¿Puedes encontrar aquí sonidos que sean típicos del paisaje sonoro de Vancouver?
Camina hacia las fuentes y sigue escuchando los sonidos de la ciudad hasta que desaparezcan detrás de los sonidos del agua. Si las fuentes no están en marcha, sigue escuchando cómo cambian los sonidos de la ciudad. De camino, estás atravesando veredas de madera que le dan una cualidad acústica particular a tus pasos, y a los pasos de otros. Los pasos sobre tablas de madera solían ser un sonido común, no solo en Vancouver, sino también en muchas pequeñas ciudades y viejos fuertes por toda la Columbia Británica. Detente en una fuente y escucha las diferentes voces del agua. ¿Cómo afecta a los sonidos el diseño de la fuente? ¿Crea gorjeos de baja frecuencia? ¿Puedes oír el agua que pasa por los canales? ¿Qué clase de ambiente crean los sonidos acuáticos? ¿Puedes oír sonidos que no parecen pertenecer aquí? Si las fuentes no están en marcha, imagina cómo sonarían si lo estuvieran.
Cerca de las fuentes encontrarás una escultura de metal (Knife Edge de Henry Moore). Explórala, visualmente y acústicamente. Consiste en dos piezas, cada una con una estructura diferente. ¿También son diferentes sus sonidos? ¿Qué otras relaciones puedes encontrar entre su forma y sus sonidos? Produce una gran variedad de sonidos, y –entre otros– intenta encontrar un rugido de baja frecuencia, un chasquido agudo, y un silbido. Quizás también te apetezca juntar una serie de sonidos, y crear una composición (¿y titularla Knife Edge?). Pega tu oreja a la superficie de la estatua, y escucha su interior.
Cuando entres en el conservatorio botánico, estás entrando en un entorno tropical creado artificialmente. Tómate el tiempo para experimentarlo con tus sentidos. ¿Parece, huele, da impresión de ser tropical? ¿Suena tropical? ¿Qué clase de pájaros puedes escuchar? ¿Puedes entablar una conversación con alguno de ellos? ¿Puedes oír el sonido del sistema de aire acondicionado? Al pasar por encima del puente de bambú, explóralo como si fuera una escultura sonora. Crea un sonido único, que no se oye habitualmente en países del Norte. Una vez atravesado el puente de bambú, escucha el sonido de una pequeña noria de agua. Hace tiempo, cuando el conservatorio abrió por primera vez, la noria siempre estaba en marcha, y creaba el paisaje sonoro más interesante de la zona. Ahora no se le oye mucho, y parece haber sido marginada como fuente de sonido.
Sigue tu camino hacia la Sunken Garden, una sección del parque de un especial interés acústico. ¿Oyes cómo desaparecen los sonidos de la ciudad mientras te adentras en el jardín? Observa sus formas, y explora cómo éstas afectan su acústica. El sonido dominante en este jardín es el sonido de una cascada de agua. ¿Puedes oír diferentes «voces» al caer el agua sobre diferentes superficies y torrentes en el estanque abajo? Mientras sigues, escucha cómo cambia el sonido de tus pasos cada vez que pisas una superficie diferente. En el centro del jardín hay un puente de piedra, que –debido a su forma convexa– crea un espacio acústico interesante entre el agua y el puente. Escucha tus pasos mientras lo cruzas, y experimenta con los sonidos de tu voz, tus manos, etc., bajo el puente, si consigues llegar hasta ahí. (Hay un puente similar, pero más grande, en Stanley Park. Los mismos experimentos realizados ahí tendrán efectos acústicos muy diferentes, e incluso más fascinantes).
La principal cualidad acústica de las Quarry Gardens es su eco. Descúbrelo y averigua dónde y cómo se produce. ¿Cuáles de tus sonidos producen el eco más claro? Juega con todas las posibilidades de producir un eco y de disfrutar del diálogo acústico entre tú y tu entorno.
Terminemos este paseo en el arroyo. Siéntate, y deja que los sonidos del agua te relajen. El agua serpentea por canales y huecos entre las rocas, y murmura en voces nuevas, que todavía no has oído. Y si escucharas más agua, habría más voces, una variedad infinita de ellas. Y, para terminar: este parque ¿es tan atractivo acústicamente como visualmente?
Cuando la escucha atenta pasa a ser una práctica cotidiana, exigir calidad acústica se convierte en algo natural. Esto puede reflejarse en actos sencillos como, por ejemplo, no tener puesta la radio todo el día, usar un cortacésped manual en lugar de uno motorizado, comprar aparatos silenciosos, pedir que se eliminen los sonidos desagradables cuando sea posible, ayudar a preservar áreas silenciosas de nuestras ciudades, y ser permanentemente conscientes de nuestras propias acciones acústicas y de nuestra responsabilidad colectiva para con el entorno sonoro.
En este contexto, conviene mencionar otro tipo de paseo sonoro, que incluye no solo escucha atenta, sino también participación física activa en la música de nuestro entorno. Hay muchas oportunidades para esta clase de práctica en el paisaje sonoro, algo que los niños nos suelen demostrar con toda naturalidad. Pero a muchos de nosotros, adultos, la idea de crear nuestros propios sonidos, de componer u orquestar nuestra música ambiental puede parecernos algo tonto o forzado. Pero, sorprendentemente, salir de paseo sonoro participativo puede crear diálogos de inesperado interés entre nuestro entorno y nosotros. Merece la pena probarlo.
Antes hice una mención a las sociedades tribales en continuo diálogo con la naturaleza. Para ellos, ser capaces de comprender o incluso imitar los sonidos de la naturaleza es una cuestión de supervivencia. Cualquier sonido hallado durante una caza, como el de una rama partida, puede llevar significados acústicos muy específicos para un cazador indígena, y daría pistas sobre animales y su localización.
De la misma manera que todos necesitamos estar en contacto con lo que nos rodea, todo sonido lleva significados muy específicos, al margen de dónde vivamos. A pesar de que, como seres urbanitas, ya no podamos integrar nuestros estilos de vida en los ciclos de la naturaleza, es vital que mantengamos un contacto consciente con nuestro entorno. Las ciudades están llenas de pistas acústicas que –a muchos niveles– son importantes para nuestra supervivencia: debemos escuchar nuestras ciudades de la misma manera que los pueblos indígenas escuchan sus bosques.
Para aprovechar al máximo un paseo sonoro participativo, es mejor realizarlo en un lugar donde podamos escucharnos a nosotros mismos y a los sonidos más delicados a nuestro alrededor. Un paseo sonoro participativo puede tener el propósito tanto de orientación en el entorno como de establecer un diálogo con lo que nos rodea; o puede limitarse al sentido estético de crear una composición basada en un paseo sonoro.
Lo que sigue es un testimonio de cómo los capitanes de barcos solían determinar su posición en relación a la costa:
«Solían establecer su posición a través del eco de sus silbidos. Darían un silbido corto para estimar la distancia desde la costa por el eco de retorno. Si el eco volvía de ambos lados al mismo tiempo, sabrían que se encontraban en mitad del canal.» (1)
Otro ejemplo nos cuenta cómo los Inuit se orientaban en su mundo blanco del Norte:
«Me acuerdo de navegar entre la niebla cerca de una costa peligrosa. Había cero visibilidad, pero ni nos retrasamos ni nos desviamos. Mis compañeros escuchaban el oleaje y el canto de los pájaros que anidaban en los promontorios; olían la costa y el oleaje; sentían el viento y las salpicaduras de agua en sus caras, y ’leían’ con sus nalgas los patrones de las olas creadas por el diálogo entre el viento y las oleadas. La pérdida del sentido de la vista no suponía una seria desventaja. Cuando usaban sus ojos, solía ser con una agudeza que me sorprendía. Pero no estaban ’perdidos’ sin ellos.» (2)
Ya que esta forma de orientación a través de nuestros sentidos ya no es parte natural de nuestra vida cotidiana, hagámoslo en forma de paseo sonoro.
Elige una noche de oscuridad profunda o niebla espesa, y proponte un lugar al que quieras llegar. Tus ojos no serán de gran ayuda. Tus oídos son tu principal herramienta para encontrar tu camino. Con tu voz, o con cualquier otro sonido que produzcas, serás capaz averiguar dónde estás en relación a tu entorno. Ve con un amigo.
O sal de paseo de orientación por la ciudad, cualquier ciudad, preguntando direcciones a la gente. Aparte de no perderte, también aprenderás algo sobre el carácter de la ciudad escuchando las respuestas de la gente. Escucha los sonidos y las melodías de sus voces, escucha los acentos. Pregunta a toda clase de gente, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, niños, etc.
Si tienes afición por los pájaros, quizás te apetezca establecer contacto con alguno de ellos y responder a sus cantos. ¿Cómo –y cómo de bien– eres capaz de hacerlo? ¿Crees que este contacto es realmente posible? Prueba a hacerlo en la ciudad, y en el campo.
Si eres cazador, quizás seas capaz de cazar a tu presa con más facilidad si sabes imitar sus vocalizaciones. Los Inuit todavía lo hacen así. «La imitación que hace un cazador de una foca es a veces lo suficientemente buena como para engañar a otra foca. Algunos hombres pueden parodiar a cualquier cosa: un oso, un iceberg, sí, incluso al viento.» (3). Sal, e intenta imitar toda clase de sonidos.
La gente siempre se ha sentido fascinada por encontrar ecos. Los ecos son producidos no solo por algunas formaciones naturales, sino también por algunas estructuras de construcción urbana. Encuentra todos los ecos en tu entorno, y examina de dónde rebotan. ¿Cuáles son los más interesantes, y por qué?
La composición basada en el paseo sonoro
Esta clase de paseo sonoro es esencialmente parecida a las anteriores, con la diferencia de que su objetivo principal es más estético que práctico.
Sal y escucha. Elige un entorno acústico que, en tu opinión, ofrezca una buena base para tu composición ambiental. De la misma manera en que los arquitectos se familiarizan con el paisaje en el que quieren integrar la forma de un edificio, nosotros tenemos que conocer las principales características del paisaje sonoro en el que vamos a sumergir nuestros propios sonidos. ¿Qué clases de ritmos contiene, qué clases de frecuencias, cuántos sonidos continuos, cuántos, y qué tipos, de sonidos discretos, etc.? ¿Qué sonidos puedes producir que sumen a la calidad de la música ambiental? Crea un diálogo, y eleva así los sonidos ambientales de su contexto al contexto de tu composición, y, al mismo tiempo, haz que tus sonidos sean parte natural de la música a tu alrededor. ¿Es esto posible?
Muchos paseos sonoros de este tipo terminarán por acercarnos al objetivo final de una consciencia aural a una escala más amplia. Empezamos a darnos cuenta de que ciertos paisajes sonoros o condiciones ambientales provocan ciertas acústicas. En el siguiente testimonio, se nos cuenta cómo los capitanes de barcos:
«…también podían reconocer diferentes líneas de costa por diferentes ecos. Un acantilado rocoso, por ejemplo, daría un eco claro y distinto, mientras que una playa de arena daría un eco más prolongado. Eran capaces hasta de reconocer el eco de troncos de árboles.»(4)
Otro ejemplo nos indica cómo los habitantes de un paisaje concreto adaptaron su sistema de comunicación de forma muy adecuada a las características acústicas de su entorno. Los pastores de los Alpes austriacos y suizos solían comunicarse unos con otros a través de un canto muy melódico. Debía de ser el puro entusiasmo por los ecos producidos por las montañas lo que hizo que este canto se desarrollara en el arte del yodelling. En las llanuras de Prusia Oriental, en cambio, a los hombres dedicados a sus balsas de leña nunca se les hubiera ocurrido cantar así. En cambio, se llamaban unos a otros a través de un prolongado tono agudo, que se transportaba especialmente bien a través del vasto y plano territorio.
Cuanto más detenidamente observemos las formaciones y condiciones de nuestro entorno, más posibilidades acústicas descubriremos en ellas. Y una vez hayamos aprendido a diferenciar las cualidades sonoras, aprenderemos a discriminar mejor y ya no aceptaremos situaciones acústicas malas. Esta clase de consciencia acústica puede aplicarse, de hecho, a todos nuestros paseos sonoros, incluso en nuestra vida cotidiana. Podemos observar las formas del entorno y determinar por nuestra cuenta cómo influencian la acústica. Vámonos, entonces, a un paseo sonoro en el que la estructura de nuestro entorno juega un papel principal. El tema principal que escucharemos en este paseo sonoro será el viento, y las siempre cambiantes voces que produce.
Oímos hablar de estas voces en mitos antiguos, en novelas, en poemas, en cuentos de hadas y en historia de terror, y podemos escucharlas en las películas y dramatizaciones radiofónicas de hoy en día.
Cada vez que el viento toca un objeto, produce un sonido –un sonido que es único a este evento acústico específico–. Emily Carr se daba muy buena cuenta de estas sutilezas, como podemos leer en su obra:
«Los árboles se toman el viento de manera tan diferente. Algunos lo agarran, como si se alegraran de tener la oportunidad de hacer ruido. Algunos crujen y gruñen, y otros ronronean suavemente con murmullos callados. Y luego están los altos y obstinados, que apenas si muestran el más mínimo interés.» (5)
Como también lo hizo Thomas Hardy:
«Para los moradores de los bosques, casi cualquier especie de árbol tiene su propia voz, así como sus características distintivas. Al pasar una brisa, los abetos gimen y gimotean tanto como se estremecen; la encina silba al pelearse consigo misma; el fresno bufa entre temblores, y el haya susurra mientras sus ramas planas suben y bajan. Y el invierno, que modifica la nota de estos árboles al desprenderlos de sus hojas, no destruye su individualidad.» (6)
El viento silbando a través de cables de alta tensión. El viento susurrando en la hierba. El viento atrapado entre edificios. El viento aullando, llorando, susurrando, gimiendo, gimoteando, chillando… Y, al escuchar estas voces, es posible que se estén burlando de nosotros, puede que suenen aterradoras, o puede que nos den energía, dependiendo, cada vez, de la situación en la que las escuchamos.
Sal y escucha todos los sonidos producidos por viento que te sea posible. Busca los sonidos de baja y de alta frecuencia, los sonidos que cambian continuamente de frecuencia y también de volumen. ¿Qué clases de estructuras producen qué clases de sonidos cuando las toca el viento? ¿Qué efectos tienen en ti los diversos tipos de sonidos?
Si ya es fascinante escuchar el diálogo acústico entre viento y objeto, se vuelve incluso más fascinante escuchar el del viento y otros sonidos. ¿Qué ocurre con un sonido del entorno cuando es atrapado, tirado y arrastrado por el viento?
Concéntrate en el único sonido continuo notable (campanas de iglesia, una lancha motora, música al aire libre, etc.), y escucha los juegos acústicos a los que juega el viento con él.
En el Siglo XX hemos desarrollado vehículos extremadamente rápidos, y, como efecto secundario, hemos creado un nuevo tipo de viento. Mientras viajamos por una autopista, encontramos una voz del viento que nunca se había escuchado antes.
Escucha esta voz y compárala con las voces del viento que has escuchado hasta ahora. ¿Hay diferencia significativa entre ellas?
La gente siempre ha escuchado el viento y se ha sentido fascinada por él. Ya que saben qué clases de sonidos puede crear, han inventado y diseñado objetos –como, por ejemplo, los móviles de campanillas o las arpas de viento– que crean la más hermosa música cuando son tocados por el viento.
Construye un objeto con el que el viento pueda jugar a los juegos acústicos más fascinantes. Escucha la música que puede crear, y observa las reacciones de otras personas ante él. Quizás hayas mejorado la calidad de tu entorno acústico.
Sigamos escuchando a las pequeñas ramas partidas que, disfrazadas de bocinas de coche, radios, sistemas de aire acondicionado, y chillidos de llantas, tienen efecto en nuestra vida cotidiana y afectan sutilmente nuestras esperanzas de sobrevivir en esta jungla urbana. Quizás el paseo sonoro sea un paso hacia la mejora de nuestras probabilidades de sobrevivir…
O quizás, simplemente, resulte divertido.
(1) Gordon Odlum, reminiscencia, Vancouver, 1973
(2) Edmund Carpenter, Eskimo Realities, Nueva York, 1973, pág. 36.
(4) Gordon Odlum, reminiscencia, Vancouver, 1973.
(5) Emily Carr, Hundreds and Thousands: The Journal of Emily Carr, Toronto, 1966, pág. 128.
(6) Thomas Hardy, Under the Greenwood Tree, 1920, pág. 3.
Originalmente publicado en Sound Heritage, Vol. III, número 4, Victoria, BC, En 2007 fue incluido en Angus Carlyle (ed.), Autumn Leaves, Sound and the Environment in Artistic Practice, Ed. Angus Carlyle, Double Entendre, Paris, 2007, pág. 49. En la actualidad se puede consultar en la web de Hildegard Westerkamp.
Traducción al castellano de Kamen Nedev, 2018.