En medio de sus andanzas, Kanao detiene el paso dejando caer su mirada de lado a lado en presencia de una idea salida de la nada. ¿Debería enviarle un mensaje a Kyungsoo para que no viniera a interrumpir? ¿Un calcetín en la puerta tal vez? No, Si pero ¡No! ¿En qué diablos estaba pensando? No es como si Soonie fuera algo más que un nerd, otaku triste y entendiera sobre este tipo de cosas. «¡Y tampoco es como si fuera a suceder algo!» Le reprende su propia mente, casi haciéndola visualizar su cerebro propinándole tremendas cachetadas en cada mejilla. “ Ya, ya, ¡ya entendí! “ le responde a su cerebro en un susurro y entonces recuerda lo que se supone que estaba haciendo. Hace bolita la pancarta y luego hace lo mismo con la sabana de su compañero. Izquierda, derecha ¿En dónde era debido ocultar estas cosas? “ ¡La ventana! “ nuevamente habla para si misma, antes de reaccionar como una persona decente, a la charla de la pelinegra. “ ¿Eh? “ ¿Soonie el gato? ¡Maldición era cierto, le dijo que era el gato! “ Bueno ya sabes — cosas de gatos traidores “ responde mientras abre la ventana y tira las cosas desde ahí, como si fuera cosa de nada (aunque en realidad si lo era pues, no era la primera vez que tiraba cosas desde ahi) “ ¿Ves cuando les das mucho amor? ¡Hasta les tiñes el cabello de tu color favorito! Y ¡bang! de la nada te das cuenta de que tiene como 5 dueños en todo el campus y ni si quiera son dueños cool, son dueños ugh “ relata tratando de sonar tranquila, pero en realidad solo le hace falta lanzar bolas de fuego por los ojos. «¡Contentrate en Mimi, al diablo Soonie!» “ ¿Cómo no lo iba a notar? Tienes unos ojos muy bonitos, el durazno es ese color que es sutil pero de alguna forma hacer resaltar todo “. Casi se le escapa un suspiro al recordar lo mucho que disfrutaba pintar utilizando más colores aparte del rojo. Nunca le gusto el rojo, odiaba el color rojo pero algunas veces las personas tenían que hacer cosas estúpidas para conseguir dinero y otras, simplemente hacían cosas tontas por placer. Como acortar la distancia y pararte frente a una chica linda, solo para acunar gentilmente su rostro entre tus manos y observar más de cerca la forma en que el color resaltaba todo. “ Creo que también veo rosa “ pausa, dejando una pequeña caricia en la línea de la mandíbula, casi como una pincelada en tanto su mirada recae sobre los labios “ aunque creo que el de los labios no lo reconozco pero luce bonito, ¿jamás pensaste en tomar clases de pintura? Mis profesores te amarían por la forma en que combinas los colores “ le dice con una sonrisa juguetona, tomando un poquito de distancia para ir en busca de la mesita que usualmente utilizaba para color sus instrumentos. “ No preguntes porque tiene un pentagrama pintado, ni si quiera sé cómo termino ahí “. Bueno si sabía, era un recuerdo de la época en la que le hizo creer a Soonie que era vampiro, había que meterse de lleno en el personaje. “ ¡Me encanta la comida china aunque la coreana! “ No, no estaba hablando en doble sentido o quizá ¿si?
“Soonie suena como un gato problema.” Mimi nunca ha tenido gatos, pero si crio un cerdito. Su adorable Petunia que estaba destinada a ser una pequeña mascota de bolsillo, ahora pesaba más de 100 kg. Por supuesto, el solo hecho de imaginarse a alguien más regalándole mimos en la pancita o colocando grandes moños rosados sobre sus orejitas puntiagudas le molestaba. Así que podía comprender a Kanao a la perfección. “Bien, entonces Soonie no merece regalos hasta que se comporte y te dé tu lugar como su dueña.” Golpea el suelo con su bota, como si aquel sonido pudiera marcar un punto final a su declaración. Mientras Kanao termina de hacer lo que quiera que está haciendo, los ojos de Mimi se dedican a vagar. Curiosea desde su lugar los rincones con caballetes y lienzos a medio terminar, los tonos rojizos y negros que parecen predominar en todas ellas, los botes de pintura, los pinceles desgastados, el ligero olor a aguarrás que es imposible ocultar en la habitación de un artista. Sin embargo, la menor regresa para reclamar su atención. Pronto la tiene cerca y sus dedos le hacen cosquillitas. Son suaves sobre su piel, apenas perceptibles, y un pequeño escalofrío le baja por el cuello. Miyeon ríe y cierra los ojos para “dejarla apreciar” el maquillarse de sus parpados, pero en realidad solo se deja llevar por Kanao, por sus palabras, por cómo toca su piel. Así que aprovecha y antes de que la menor pueda retirar su mano, ella la toma, sujetándola contra su rostro para, posteriormente, dirigirla a sus labios y dejar un pequeño beso sobre las yemas de sus dedos. Un roce juguetón que acompaña una sonrisa al dejarla ir. “En realidad estudio arte. Bueno, artes liberales. Y mi trabajo es verme bonita y saber combinar el maquillaje, así que supongo que sé un poco sobre colores.” Miyeon recuerda haber tenido clases de pintura alguna vez, cuando era más pequeña y todavía vivía con sus padres. Recuerda el montón de crayones tirados sobre la alfombra y ella también, con su cabello oscuro sujeto en dos coletas y sus manitas trazando círculos sin parar en un intento de crear un jardín. “… pero no soy nada buena para dibujar. Así que tal vez puedas darme un par de clases, Kanao sensei.” Excusa, tal vez, para frecuentar a la contraria. No es que la necesitara, prueba de eso era su presencia en aquella habitación en esos precisos momentos, pero también está implicando algo más con aquello, justo como la menor con su comentario de la comida. Porque ninguna de las dos es sutil, pero Mimi ha intentado mantener la compostura porque a veces se tiene que ir en orden en este tipo de situaciones. Y, aunque le encantaría probar otra cosa (los labios de la más alta, por ejemplo), su estómago gruñe un poquito, llamándole la atención. Ríe en silencio por la obra en la mesa y procede a acomodar el contenido de la bolsa encima: pollo y cerdo agridulce, arroz salteado con verduras, dumplins… “En realidad vine a visitarte porque quiero que hagas algo para mí.” … dos tacitas desechables y una botella con té verde. “Claro que no tiene que ser hoy, pero me gustaría que lo pensaras.” La mesa está lista y Miyeon no dice nada más; sostiene un par de palillos y sonríe, repentinamente emocionada. “Todo listo ¿comemos?”