Se levantó de la cama, furiosa.— No tienes que quedarte aquí tampoco, ¿Por qué no te haz ido aún? Ahí está la puerta.— Se acercó a el para indicarle la salida.— Solamente tienes que caminar hasta ahí e irte a buscar a nadie en otro lugar.— Sonrió sarcásticamente.
Entrecerró los ojos, mirándola. No se inmutó mientras la oía exclamar de ésa manera y se encogió de hombros antes de rodar los ojos.— Éso hacía. —murmuró entre dientes mientras se daba media vuelta.— Muchas personas en ésta casa y vine a toparme con la más voluble de todas —murmuró más para sí mientras enfilaba hacia el pasillo.















