Se encontraba totalmente aburrida en su habitación, viendo, supuestamente, la televisión, cuando en realidad sólo estaba pasando los canales y mirando todo menos la gran pantalla de aquel aparato. Su esposo se encontraba con algunos amigos hablando y riendo, ella había estado con ellos hasta cierto punto, pero al no tener ni mínima idea de que hablaban, terminó por disculparse diciendo que tenía sueño y luego subir a su habitación.
La verdad es que no tenía nada de sueño, ella sólo quería pasar tiempo con su esposo y su pequeña princesa, los tres; bueno, cuatro. Porque ahora ya no eran sólo tres en aquella hermosa familia, con el pequeño angelito que venía en camino, serían cuatro ya. Sonriendo al pensar en su pequeño bebé, decidió por ir a tomarse una ducha, no sin antes ver que su pequeña traviesa estuviese bien dormida y no fuese a hacer de las suyas y caerse luego de la cama, como ya había pasado una vez en aquella semana.
“Ya regreso, princesa.” —Pronunció en un suave murmullo, dejando después un pequeño beso en la frente de su bebé, para acto seguido dirigirse al armario y sacar de este algo cómodo para colocarse a la hora de dormir.
“Creo que Wu se demora un poco aún.” —Suspiró al decir tales palabras, despidiéndose a entrar a la ducha cuando su celular empezó a sonar, indicando una nueva llamada. Con el ceño fruncido se dio vuelta a mirar el pequeño reloj en su mesita de noche y vio la hora «00:54»
“¿Quién podrá ser a estas horas?” —Camino rápido hasta donde estaba el aparato sonando y lo tomó sin reparar en quién llamaba, ella sólo no quería que su hija se despertara tan tarde por la noche.
“¿Hola?” —Contestó la llamada y esperó a que hablaran del otro lado hasta que una muy conocida voz se hizo escuchar.
“¡Mocca, mi amor! ¿Cómo estás?” —Era su mejor amiga, Eider.
“¡Eider, mi vida! Estoy muy bien, ¿Tu cómo estás?” —Decidió preguntar ya que aquel día no había sabido gran cosa de su mejor amiga hasta ahora que la llamaba.
“Estoy muy bien, mi vida. Sólo llamaba para saber cómo estabas.” —Escucho decir a la menor, riendo ante la aclaración de la llamada por parte de la chica.
“Pues estoy muy bien, bebé. Algo con mareos y náuseas, ya sabes; el embarazo.” —A medida que pronunciaba tales palabras, fue caminando hasta la cama y se sentó en el borde de esta en lo que la llamada con su mejor amiga seguía. Continuaron hablando por varios minutos que, al darse cuenta, había sido una hora.
Cuando finalizó la llamada y regresaba a su rutina de baño, se dio cuenta de una gran figura apoyada en el marco de la puerta en la entrada a la habitación. Ahí, de pie, cruzado de brazos y con el ceño fuertemente fruncido, estaba nadie más que su esposo, mirándola con cara de pocos amigos.
“Mi amor, ¿Desde cuando estás ahí parado?” —Se acercó a su mayor con una creciente sonrisa en sus labios, no sabiendo el por qué su chico se encontraba de aquella forma.
“¿Con quién hablabas por celular?” —Aquello fue la única respuesta que obtuvo de su esposo. Al percatarse de que estaba así con ella, fruncio el ceño de igual forma y echo todo el peso de su cuerpo sobre una de sus piernas.
“Estaba hablando con Eider.” —Dijo sin más, para después soltar a su esposo, darse vuelta e ignorar al gigante idiota parado frente a ella e ir a por sus cosas de baño y luego adentrarse en la ducha sin voltear a verlo de nuevo; era obvio que estaba celoso y no iba a quedarse ahí e iniciar una tonta discusión por ello.
Se encontraba ya bajo el agua de la ducha, casi terminando de sacarse los restos de jabón que quedaban por su cuerpo, cuando sintió unos grandes y fuertes brazos abrazarle por la cintura desde atrás. —"¿Ya no estas enojado?“ —Preguntó a su mayor al tiempo que detenía todo movimiento y posaba sus manos sobre las ajenas que se encontraban alrededor de su cintura, y dejaba caer su cabeza hacía atrás, apoyandola en el pecho de su chico.
"Lo siento, cariño. No quería ser así, pero.” —Y antes que su mayor terminara de decir tonterías, se dio vuelta entre sus brazos, y luego de alzarse un poco en puntas de pies, le planto un suave beso sobre los labios.
“Se que estabas celoso, mi amor.” —Susurró sobre los labios de su mayor y, luego de dedicarle una hermosa sonrisa, terminaron por ducharse juntos y luego ir a la cama a hacerle compañía a la princesa de la casa.