El libro que solo yo puedo escribir.
¡Hola!
Llevaba escrito un post largo, algo deprimente sobre mis partes oscuras. La oscuridad que me acompaña a veces, y se me descargó el computador, se apagó y cuando encendió nuevamente decidió no funcionar, así que siguió apagarlo y perder lo que llevaba escrito, lo que considero una señal que noe stoy en el punto ni en el momento de concentrarme a escribir y describir mis partes oscuras, seguirme fijando en las inseguridades, diciendo que me cuesta quererme en determinadas ocasiones (iba escribiendo en la de cuando estoy un poco más gorda o de cuando me siento más tímida y que no me salen las palabras). Así que... entenderán, y entiendo yo, que sí era un post bonito, pero algo triste. Lo lindo era que reconocía que mi misión era reconocer mi luz e iluminarme a mi misma, a mi camino, a creerlo y a crearlo. Así que aquí va, mi camino. Lo que es de mi camino, de mis días, lo que quiero, será y es para mi vida.
Me llamo Sara. Me gusta mi nombre. Tengo 25 años. Me gusta la música, bailar, cantar. Le temo a dibujar porque siento que no lo hago bien (aún sabiendo que en ello no hay un bien o un mal), dejemos más bien en que no me parece bonito los resultados y hace tiempo deje de hacerlo. Le temo a engordar (los conceptos de belleza, lo sé), hago deporte: voy cambiando, de funcional a boxeo y ya corro, este último lo disfruto mucho. Me gusta montar en bicicleta, me gusta por el viento, quisiera cerrar los ojos pero me asusta que me caiga, nunca aprendí a soltarme de ambas manos, incluso pierdo el equilibrio si suelto una. He tocado la guitarra y la viola, he estado en un coro. Los tres lo dejé. He entrenado patinaje, natación y múltiples deportes en los que no me considero buena. Los balones y yo... como que no vamos. Así que por ese lado ¡Bye! Me quedo con correr. Quiero seguir corriendo, quiero seguir haciendo deporte, no por como me veo, sino por como se siente mi cuerpo. Quiero practicar mi disciplina y ser disciplinada con el yoga. Aprender a pararme de manos y en la cabeza, confiar, confiar en que tengo la fuerza y la capacidad de hacerlo, confiar en mi y en mi cuerpo. Meditar. Respirar. Saber pausar en el día, saber hacer que mi mente pause, ganarle a la voz interna que me espanta y me hace renunciar antes de intentarlo.
Quiero no decir tanto pero. Quiero hacer las cosas sin preguntar opiniones, decidir y estar segura de lo que decido. Por mi.
Quiero decir sin miedo lo que quiero hacer. Mis ideas. Creerme que son buenas. Creer en las ideas de otros. Respetar lo que sienten y piensan, lo que son. Hablar en voz alta con seguridad.
Soy arquitecta. Quiero creermelo, adueñarme de eso. Volver a decir que lo que me gusta es lo social en la arquitectura, la forma de ayudar a otras personas a través de la arquitectura, de lo que creamos, de la idea que tenemos. Abandonar la idea del arquitecto salvador. Creer en la capacidad de las personas de crear sus espacios, e ideas, lo que necesitan. Quiero seguir estudiando el urbanismo participativo y llevarlo a cabado. Ciudades pensadas para las mujeres, seguras. Quiero trabajar en el sector público porque siento que allí es donde puedo hacer un cambio en la forma de planear y pensar las ciudad y sembrar estas ideas. Más que quedarme en la academía de estudiar.. y estudiar... eso es lo que quiero hacer: hacer. Mejorar. Ayudar a las comunidades a que crean en sus ideas. Me doy cuenta que mi idea de ejecución de mi carrera es mi mismo camino: creer en mis ideas.
Además, quiero tener mi propio proyecto. Crear algo mío. Inspirado y con base en aquello que mis papás han construido para mi, para mi hermana, pero poner mi rama, que crezca mi brazo, casi que como un árbol. Con mi interés urbano, investigativo y de planeación como arquitecta; yo pensaba que debía no pensar en diseñar o sentir que no disfrutaba el diseño. Últimamente me he dado cuenta que sí lo disfruto, que hasta lo extraño. Extraño crear. Extraño mirar algo y decir ¡juemadre, está brutal! no extraño la duda, claro. Pero sí lo extraño. Extraño sentirme orgullosa de lo que cree con mis manos, con mis ideas. Así que eso quiero, seguir creando. Seguir teniendo ideas. Seguir poniendo puntos de colores que resalten. Quiero tener una silla amarilla en mi sala cuando tenga mi propia casa junto a una lámpara bonita de esas que ves y solo sabes que las personas que viven allí, viven del arte y con arte en su vida, eso tiene el amarillo.
Continuando entonces, esta idea ya tiene nombre o al menos su concepto: El patio. Entre patios. Patio es quizá mi palabra favorita en el lenguaje arquitectónico, uno de los profesores lo definia como un espacio exterior contenido. Así que... patios es el tema central. Agua, tierra, aire. Por mucho que haya dicho que disfrute el diseño, lo mío no está en diseñar casa tras casa, menos en construirlas. (True.) Entonces es pensar sitios exteriores, patios de lujo, con los elementos de la naturaleza, con la vida dentro de la casa, dentro de la célula, del espacio cercano, nuestro, donde somos. ¡Que bien haría un espacio así por estos días, ¿no?! Quizá es cierto, no es algo muy común. Por lo mismo, es una experiencia singular. No sería el mismo volumen de cliente que hacer casa tras casa, pero si un volumen excepcional. Donde el que sea... ese es. Y es un cliente especial. Un sitio especial. Bueno, bueno, quizá sí diseñar la casa, quizá si construirlas, pues el negocio crece. ¡O qué! Y crece el árbol completo. No me quiero desconectar, sobre todo en esta parte de lo que tenemos de legado de mis papás, de lo que ellos construyeron, así que también tener mi participación allí. ¡Extensión de marca! Creo que sería la expresión de mercadeo para mi misión.
Siempre he pensado que mi vida cuando sea adulta (cosa que me doy cuenta cada vez más que ya soy) será y es próspera. Y también social. Estoy entendiendo que las dos cosas pueden ir de la mano... que el que tiene dinero no necesariamente es porque lo ha guardado y ahorrado para sí y el que no porque lo ha regalado todo. Creo que puede haber el equilibrio, cuando se comparte desde el alma, desde y con amor. Creo que también me gustaría tener un proyecto con este enfoque, además de la planeación participativa para grupos marginales, enseñar sobre planificación, empoderar a los grupo a construir la ciudad y hacer parte de ella... proponer espacios para crecer y aprender desde adentro. Desde el camino. Espacios. Espacios de aprendizaje, como ese de las Musas, desde lo femenino, desde nuestro poder creador, desde la sexualidad, desde el arte, la cultura... desde la vida. Desde las cosas que nos hace sentir vivos, salir de la rutina.
Otro proyecto que había pensando hace año con una amiga y ya quiere volver a activar, luego de que se lo dije hace unos años, era relacionado con diseñar la ciudad, pensar en el patrimonio. Ya no me mueve diseñar y dibujar yo en la ciudad. Me gusta el espacio público, la opción de escribirlo. Sin embargo, ya pienso más en el trasfondo. En el libro de Jan Gehl de Ciudades para la Gente. Y en el que trabajo ahora que es ciudades de la gente. Pero me sigue gustando el patrimonio. Rehabilitar y volver a los orígenes, aprender y conocer de la historia de la ciudad. Encontrar ese punto donde mis ideas se conecten es lo que quiero buscar. O quizá puedo ser los proyectos aislados. Eso también lo he estado aprendiendo ultimamente, que y pensaba que uno tenía que ser o crear una sola cosa y resulta que tenemos matices, oportunidades, momentos, somos la combinación de todo. Y mi camino es encontrar el mío. Mi combinación. Mi creación. Mi oficina con muebles que disfrute, como el escritorio y su silla en mi habitación. Que seguro, será mi primer (y único) mueble cuando me vaya a un lugar fuera de la casa de los papás.
Creo que puedo volver al punto donde me encuentro con Luisa, donde el gusto por el patrimonio y la historia se torna con mi gusto personal por la planeación de la ciudad, por la gente, por el exterior, por la naturaleza, por el viento, por compartir.
Entonces, sabemos que cuando me independicé de mis papás tengo: mi escritorio, la silla del escritorio, una silla amarilla en la sala y una lámpara linda, probablemente dorada o bronce. Mi libro de Pocket Wisdom de Coco Channel, el libro de Pensar como un Artista, como decoración y lecturas frecuentes en la mesa lateral de la sala. ¡Ah! Y cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, para cuando necesite inspiración en otras mujeres. Ya entiendo y he aprendido más del feminismo. Lo aplico en mi vida. No soy del concepto más actual de casa que desiste del comedor: No. Disfruto del ritual de comer, de sentarme y el espacio de alimentación, así que va también un comedor. Si bien no es prioridad uno, y puede tardar un tiempo. El baño principal tiene dos lavamanos (es un gusto particular, pero cierto). Una pared de ladrillo desnudo. ¡Me encanta! O pintado en blanco, me encanta más. Puede ser un apartamento de una construcción más viejita, los disfruto. Una librería linda con plantas. Con mis libros de mujeres, de diseño, el de Mujeres, Casas y Ciudades. Las cosas favoritas. De Meditación. Una cocina linda, con una isla, obvio. Porque cocinaré mejor y más segura. Pasaré de hacer brownies y galletas a cosas ultra saludables. Porque esos son los matices y la vida fat con la fit, y soy yo básicamente. Y así no cocine, una cocina linda está más que bien para todos. Un closet lindo ara zapatos y mi ropa, un tocador para maquillarme. Y un espejo redondo para decoración.
Quiero conocer y aceptar mis matices. Poder hacerlo yo. Reconocerme. Y aceptar la luz, el resplandor y las sombras que éste provoca. Algo que me ha extrañado de cuando me veo en mi vida en algunos años, es que me veo con alguien, aún cuando he tenido sembrada en mí la idea de que me quiere asustar o sea inestable (idea que me acosaba y no lo hace más). Me gusta la idea de tener una familia, con una o dos pequeñas. jajaja. Me encanta el nombre de Helena. Me encanta Amelia, obvio por la película del diario de la princesa. Me gusta Olivia, aunque ya es demasiado parecido al sobrino. Más extraño aún es que nombres de niños no he pensado o no sé cuáles me gustan, hay un cliente que se llama Juan Emilio y me encanta como suena.
Quiero dejar de tenerle miedo a dibujar, dejar de tener la mano rígida. No comparar. No pensar de más, no esperar siempre ser la mejor o resaltar o minimizar en mi mente el trabajo de los demás para que el mío resalte. Eso ha sido parte de mis lecciones con correr: no hay que ser le mejor, ni el primero... solo ser y llegar. Y por eso me gusta. Seguir bailando en casa. Tomar las copas de vino por la noche cuando llegue cansada a casa. Tener los jueves o noches con las amigas, de conversar y tomar un poco. Y la vida tranquila. De que la vivo bien, como quiero, sin sentirme asfixiada.
Quiero ir más al planetario, volver a conciertos de música clásica, volver a un concierto de La Sinfonía del Nuevo Mundo. Ver las estrellas.
¡Y entonces! La pregunta sería al final de todo esto es:
¿Qué estoy haciendo hoy a mis 25 años para construir todo esto?
Estoy creyendo más en mi. Ya le estoy dando valor a mis ideas y a mi inteligencia.
Me gradué hace ya 2 años de arquitectura, he tenido o desarrollado pocas ideas desde entonces, en lo que trabajaba era en mejorar la empresa y oficina de mis papás, allí siempre la respuesta a una idea es No. o hay que ir a preguntar y a pedir permiso. Llevo esos dos años trabajando allá de tiempo completo, diciendome que tengo el beneficio de los permisos para la maestría o cuando lo necesite: pero en verdad con los permisos vienen regaños, vienen culpabilidades, vienen sermones de ser conchuda o mala empleada y vienen en la casa, a la hora del almuerzo un fin de semana, o un viernes en la noche, no en horarios de trabajo. Los regaños de trabajo se vuelven regaños personales, de que no me concentro, de que en dónde vivo, qué hago, dónde mantengo la cabeza si no cumplo con mi trabajo, etc, etc.
Sé que debo encontrarme otro lugar. Antes de la pandemia, aplique a un trabajo y lo conseguí: medio tiempo, con la universidad donde estudio, y el mismo pago que recibo por mi trabajo de tiempo completo, en su empresa.
Así que, este es un primer paso. Me voy de allí. Gracias a la pandemia está detenido, obvio, pero me sigo yendo... de a pocos. El 4 de mayo inicia mi semestre 3 de maestría, luego de que pensé que no podría con el anterior, soy de las pocas que tomara esté y aceptará el reto de que sea virtual: allí es donde estudio la planeación desde la gente y para la gente. Le dedicaré más tiempo, mientras este con mis papás, a partir del 1 de mayo (el viernes) será solo medio tiempo. Afecta mis ingresos, pero... ¡mi vida primero! ¡mi gusto primero! Al final, el universo siempre provee y todo está allí, en su infinita abundancia y prosperidad para mi. Quizá sea tiempo también de pensar en mis otros proyectos, en buscar ingresos adicionales por allí, empezar a ahorrar (en serio) y no solo para comprar otro iPhone u alguna otra cosa material.
Estoy aprendiendo y entendiendo, profundizando y ejecutando... que mi tiempo empieza. Y ya es hora de ser yo. De hacer, trabajar y construir aquello que he soñado y que en el universo está para mi. Porque yo lo decido y porque yo lo quiero. Así le rompa el corazón a papá... necesito irme, necesito respirar, necesito no sentirme juzgada todo el tiempo o cortada. O quizá quien se auto juzga o se limita soy yo: con más razón lo necesito. Necesito no vivir así más. Necesito no cortarme, no limitarme. Repetir más SOY SUFICIENTE. Profundizarlo, porque lo soy. En verdad que lo soy. Soy todo lo que necesito y más. Mi vida es la que necesito, mi inteligencia, mi entrega, mi capacidad de expresarme, mis palabras, mis colores, mis matices, las lloradas, las sonrisas, las carcajadas, el cariño, el amor, los cuidados a otras personas, la empatía. ¡La vida! Mi vida. Mi libro.