17/diciembre/2022
Soñé que habíamos ido a un campo y ahí se encontraba una cabaña, ella me decía que la habíamos construido en el 2018. Estaba abandonada, era de un techo con caída por en medio, triangular. A un lado habían unas personas que caminaban y se fueron a una palapita a la izquierda de la casa, estaba cubierta la palapa por un gran árbol. Era de mañana. Verde mucho follaje.
Luego estábamos en el segundo piso de una casa, nos preocupaba que la gente entrara sin más permiso que el que se dieran. Para entrar era por el lado, había una abertura en el piso rectangular larga. Los colores de las paredes y cosas eran entre verdes y azules, se sentía que era de mañana, algo opaco, pero había luz.
Estaba en la recámara grande de Playas con ella a un lado, estaba la puerta abierta y la cerré sin seguro. Quería desnudarla. Luego abrieron la puerta y era el Jonathan de joven, me dejó una pieza de plástico pequeña y deforme color marrón en el escritorio que está a un lado de la puerta y se fue sin decir más. Creo que logré quitarle la ropa, pero ella se escapó. Traté de buscarla y al abrir el closet ella me asustó.
Fui corriendo tras ella por un campo abierto con mucho pasto recién cortado, era como un parque rodeado de grandes y oscuros árboles que se veían a lo lejos, bajo la luz casi cegadora de una luz inocua de medio día. Habían unos tipos altos y flacos, camisa marrón que tal vez nos escuchaban. Le decía que por qué se quería ir. Me dijo que se quería ir.
Acompañaba al capitán de una nave espacial y estábamos por llegar a la tierra, podía ver cómo se abría la vista del planeta como si se tratara de un mapamundi frente a mí, con los territorios secos de color café claro delimitado por las aguas azules. Realmente no sé en dónde estaba el capitán, solo escuchaba su voz raspisa atravesó de un radio comunicador de baja calidad, quizá era la voz de una mujer. Me decía que teníamos que aterrizar. Miraba los continentes y me di cuenta de que estaban raros, miré que la península de Yucatán y Centro América eran muy anchos, demasiado, el territorio norte era más ancho también, quizá se veía más abajo de lo que debería. Le dije que no podíamos bajar porque llegamos a la Tierra de otra dimensión. La voz insistió y descendimos. Cuando llegamos a un hangar con varillas cafés por la herrumbre, una pared oscura del lado izquierdo, y un techo alto que no alcancé a ver, bajé por unos pocos escalones que formaban parte de la plataforma y dejé a alguien,parecía como un helicóptero. Me metí por una calle muy ancha que no alcanzaba a ver su final. Algunos eficios eran verde limón, con partes blancas, solo ví los de la izquierda, por dónde giré y en la esquina de enfrente miré la creatura más extraña; tenía forma de silla victoriana de madera clara y con detalles verdes pastel y beige, caminaba con las cuatro patas y los descansos para los brazos eran unas extremidades que terminaban con un ojo. Me veía, tal vez me examinaba tanto como yo la examinaba también, podía ver sus extremidades que se mecian cómo unos tentáculos. La creatura iba a cruzar la calle.

















