–No está la pelota de la gordi...–le dije, sosteniendola firme de la mano y guiandola por el patio, con la intención de distraerla del hecho de que sus xadres no venían todavía a buscarla.
–Capaz el viento quiso llevarla para que juegue Zoe–, me contestó. Y sentí que tenía razón. Que fue exactamente eso lo que pasó.
Dudo haber escuchado antes palabras tan genuinas como las que salen de ella. O de haber recibido antes señales tan claras como las que me presenta. No sé si lo sabe. Yo creo que sí. No concibo que no. Creo que Zoe está su lado y a veces la reta y otras veces es ella la que la impulsa. Por eso no se queda quieta.
No estoy segura de que alguien que no nos conozca pueda entenderlo. Estoy segura de que mis tixs lo saben y por eso han seguido adelante todo este tiempo. Así como también estoy convencida de que todxs en la familia lo sabemos. Zoe está con nosotrxs.
Me cuestiono mil veces por qué tiene que ser de esta forma. No quiero creerme que yo esté viviendo, nada más y nada menos. La existencia, como tantas veces me escribí, es jodidamente extraña. Me aterra perderla, me aterra que de tanto querer vivirla la pierda, me aterra que la quiera tanto que no pueda vivirla o que no sepa. O que no la merezca. Como si no fuera mía en primer lugar. Como si debiera haber sido de otres antes.
Me duele mi familia y no muchas veces sé por qué y otras lo tengo clarísimo. Mi mente asocia y disocia a veces más rápido de lo que puedo seguirla. Pero siempre vuelvo. Vuelvo a mí, o me encuentro, yo que sé. Pero sigo dando vueltas.
Sané, pero tampoco estar curada es lineal. Nada lo es. Y qué me cuesta asimilar el caos. También me cuesta asimilar que en todo hay un yo. Yo no asimilo, yo no creo esto o aquello. O yo sano. Es el primer pronombre el que sueña extraño a la vez que familiar.
Estoy acostumbrada a vivir mi vida en el modo meta. En todos los sentidos en lo que pueda interpretar eso último. O beta. Pero no hay alfas en mi mantra. Y la historia se me repite para que yo aprenda y coño que es difícil.
Nada me conforma. Nada es lo suficientemente bueno cuando yo no soy lo suficientemente buena. Pero, sí lo pienso, no hay nada suficientemente bueno. Ni tan siquiera bueno. Si al final cada quien interpreta las palabras a su modo, ¿no serán estás más significantes para el lector que para el escritor? ¿Y qué son para el actor?
El viento se llevó una pelota amarilla en una corriente hacia el cielo. Para que Zoe juegue. O porque Zoe quería jugar. Quizás ella mandó al viento a buscarla. Como Gia me manda a mí a que juegue. Como nunca jugué con ella.
Sea lo que sea, sea como sea: no necesito una segunda o tercera oportunidad. El tercer condicional es totalmente hipotético. Mi oportunidad es presente y plural. También es constante y totalmente personal. Seremos hasta donde podamos. Pero seremos. Pero soy.
Soy.
Yo soy.













