El hombre que siempre estuvo.
PapĂĄ,
te escribo desde un lugar donde ya no existe el orgullo ni el silencio,
solo la verdad.
No para pedirte nada,
no para reprocharte nada,
sino para decirte lo que mi corazĂłn ha sabido desde siempre:
te amo sin condiciones.
Te amo en tus dĂas de luz
y tambiĂ©n en los dĂas en que el mundo te pesa.
Te amo cuando sonrĂes
y cuando guardas lo que duele para no preocuparme.
Porque mi amor por ti
no nace de lo que haces,
nace de quien eres.
CrecĂ viendo cĂłmo ponĂas tu vida en pausa
para que la mĂa pudiera avanzar.
Vi tus manos gastarse,
tus noches alargarse,
tus sueños hacerse pequeños
para que los mĂos fueran posibles.
Y aunque muchas veces no supe decir gracias,
todo eso vive hoy en mĂ.
Nunca me exigiste ser perfecto.
Me enseñaste a levantarme cuando caĂa,
a no huir cuando algo dolĂa,
a quedarme cuando era mĂĄs fĂĄcil rendirse.
De ti aprendĂ que amar
no es prometer cosas grandes,
sino estar incluso cuando nadie mira.
PapĂĄ,
si hoy sé amar sin miedo
es porque primero me amaste tĂș.
Si hoy puedo creer en mĂ,
es porque tĂș creĂste
cuando yo todavĂa no sabĂa hacerlo.
No importa cuåntos años pasen,
cuĂĄntas distancias aparezcan
o cuĂĄntas veces la vida nos cambie:
yo siempre volveré a ti
como se vuelve a casa
despuĂ©s de un dĂa difĂcil.
Mi amor por ti no pide,
no exige,
no se gasta.
Es un amor que permanece
porque sĂ,
porque eres tĂș.
Y mientras yo exista,
llevaré tu nombre
en cada parte de mĂ
que sabe resistir,
amar
y seguir adelante.
Con todo mi amor,
mi viejito <3














