Dicen, que cuando encuentras al amor de tu vida, lo sabes. SĂłlo necesitas verte reflejada en sus ojos para comprender la forma en la que cada decisiĂłn, cada error que cometiste en tu vida tuvo sentido si te llevĂł hacia Ă©l, hasta el preciso momento en el le viste sonreĂr y deseaste con todas tus ganas construirte un refugio en su sonrisa.
Y ya no hay dudas. SĂłlo certezas.
Sabes a ciencia cierta que podrĂas pasarte la vida viĂ©ndole dormir, estudiando la manera en la que sus ojos se abren cuando bromea, aprendiendo a deletrear todos tus rincones favoritos de su cuerpo y es que jamĂĄs te has sentido mĂĄs feliz y a salvo que entre sus brazos.
Y tĂș, que te sientes mĂĄs capaz que nunca de conquistar el mundo si estĂĄs a su lado, a ti quien el amor te ha vuelto loca y valiente, eres incapaz de imaginar un final diferente al esperado. No puedes entender como algo que te expande el corazĂłn, que surge de lo mĂĄs profundo de tu interior y te ilumina por dentro, pueda ir mal. Hasta que Ă©l te mira y entonces lo comprendes. No siente lo mismo.
Y entonces llegan los llantos, el vacĂo en el estĂłmago, como si alguien se hubiera dedicado a arrancarle las alas a todas y cada una de las mariposas que tanto te gustaba coleccionar. Te sientes frĂĄgil, quebrada, rota.
Y eres consciente por primera vez de lo complejo de las relaciones, de lo difĂcil y especial que es que alguien te corresponda. ÂżPor quĂ© no valoramos lo casi milagroso que es que la persona a la que tĂș amas, te ame a ti tambiĂ©n?
Y sabes que te mereces algo mås. Alguien que esté completamente contigo, alguien que no esté sólo de vacaciones en tu vida. Te mereces ser feliz, pero que triste es serlo sin él.
Porque no es justo que tĂș te entregues al cien por cien, que sepas sin dudar un instante que lo darĂas todo por Ă©l y sin embargo sĂłlo obtengas respuestas vacĂas a cambio. Y te sientes mĂĄs insegura que nunca, porque el miedo a perderlo te paraliza por dentro, sabes que no estĂĄ bien y que no quieres sentirte asĂ, pero aĂșn asĂ, no estĂĄs preparada para dejarlo ir.
Y por mĂĄs que te esfuerces, nunca parece suficiente. Piensas, ingenua de ti, que llegarĂĄ el dĂa en el que Ă©l te corresponda, que sĂłlo necesita un poco mĂĄs de tiempo. Pero en el fondo sabes que no es asĂ, que sĂłlo te estĂĄs engañando a ti misma, posponiendo lo inevitable. Que esto no es una peli de amor en el que el chico se da cuenta que estĂĄ enamorado de la chica y corre a buscarla mientras nieva sobre Nueva York y le dice los mil y un motivos por los que no puede vivir sin ella.
Ăl no vendrĂĄ a buscarte, porque ya cree tenerte. Y lo Ășnico que recibirĂĄs son excusas vagas. Verdades a medias. Y sabes que el amor no deberĂa ser asĂ.
Puede que duela, que sientas que se te licuan todos los huesos de tu cuerpo, pero te aseguro que a la larga duelen mĂĄs sus âno sĂ© si te quieroâ, su falta de compromiso, de implicaciĂłn emocional.
Asà que vete, porque te mereces que te quiera sin dudas, sin excusas, sin arrepentimientos. Que te haga sentir en casa cada vez vuestra piel se busque. Que te cambie las ilusiones por realidades, que te apoye y te cuide, que sea tu compañero de viaje, que respete que eres libre y decida volar contigo, porque piense que no hay nada mås bonito que disfrutar juntos de las vistas.