Si le preguntabas al chico él no cambiaría aquello, no cambiaría aquel momento, aquella cercanía, aquellos labios y su dulce e hipnótico sabor por absolutamente nada del mundo, adoraba aquella sensación, aquella parte de él que decía que por un instante ella era de él y se pertenecían mutuamente, podría sonar tonto, tal vez antiguo pero no había nada que le reconfortara más que el sentimiento de ser correspondido, podía pensar en que esa situación pudiera haber pasado hace mucho más, él le pudiera haber dicho aquello, podía haberla besado pero, de alguna manera el tiempo se las acomoda solas y todo encaja, como un perfecto vestido de la talla perfecta para una persona, entra y sale con delicadeza, con un calce increíble, como si se complementara con quien lo usa. Apenas puso mirar aquellos profundos y preciosos ojos una pequeña y tierna sonrisa surcó su rostro, era jodidamente bella y él era jodidamente afortunado por conseguir la respuesta de una chica tan perfecta como ella, al menos a sus ojos era perfecta y para su persona eso era lo único que importaba. Se encontraba perdido en el nuevo beso, hipnotizado por el suave ritmo de estos y el dulce sabor, los labios de ella eran suaves y tiernos, agradables y completamente apetecibles, de eso no había duda. Tardó un par de segundos en abrir sus ojos nuevamente y ver a la chica nuevamente, recordaba haberla conocido con aquel rubio y largo cabello, precioso que cuando caían en una especie de rizos hacían que la chica se viera esplendorosa, preciosa, hermosa en todos los sentidos habidos y por haber en la palabra. Mordió su labio como una especie de instinto provocado por las palabras ajenas, era bastante obvio y era gracioso que ambos lo admitieran de aquella manera, cuando ya se sabía que era así, pero lo importante era decirlo, o al menos eso suponía —Siempre es bueno recalcar lo obvio— Respondió con aquella picardía típica de él, mirando fijamente aquellos ojos, la respuesta había salido con un delicado tono de susurro que usualmente utilizaba con ella. Ladeó un poco la cabeza, mirando a la joven y sonriendo, como si se tratara de algo automático, era una sonrisa un tanto tonta pero inevitable. Sonrió de manera más amplia al sentir aquel nuevo beso y aunque deseaba atrapar los labios de la muchacha y profundizar un beso se contuvo, pues está estaba hablando; siguió con su mirada el camino que ella marcaba con la yema de sus dedos, sintiendo los vellos de sus brazos erizarse por el tenue y suave contacto que había llegado a ser muy esperado. Acarició con delicadeza la cintura de la chica al tiempo que se preparaba para responder —Pues estaba en mi habitación sólo y no sabía que una chica tan preciosa me iba a venir a visitar— Soló con una sonrisa ladina, mirándola fijamente sin dejar las caricias —Pero si quieres me puedo poner una camisa— Agregó elevando ambas cejas, incluso cuando ella había dicho que no le molestaba.