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el caos es solamente un orden que no comprendes
los más profundos pensamientos,
los más incorrectos sentimientos
¿cuál de todos tus miedos fue el que me dejó ir?
el de pensar que primero te irÃas tú
en el libro "la náusea" de Sartre página 170 existe esta frase
«tú sabes, para ponerse a amar a alguien hay que emprender una carrera. hay que tener una energÃa, una generosidad, un cegamiento... hay incluso un momento, al principio, en el que hay que saltar por encima de un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. sé que yo ya no saltaré nunca más».
esa vaina me define

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La encontré caminando por la plaza, si soy sincero era la primera vez que la veÃa sola, casi siempre estaba con alguien, asà que está vez tenÃa que aprovechar un poco.
-Hola, ¿cómo estás?-, le dije sin acercarme mucho.
Me miró como se mira algo que se reconoce pero que al mismo tiempo crees que nunca habÃas visto.
-Bien, bien-, dijo mientras ponÃa sus manos libres para abrazarme. Ha pasado mucho tiempo, ¿cómo estás tú? ¿Qué haz hecho?
-¡Caray!-, le dije sonriendo, he hecho mucho, he cambiado, sabes, estoy mejor de lo que he estado en muchos años, sin embargo contarlo me tomarÃa mucho tiempo.
Entre el abrazo y lo que dije intercambiamos varias miradas buscando reconocernos. No es tarea fácil.
Ahora trabajo y hace unos años que soy padre, la verdad la vida me cambio mucho. Uno vive la vida como puede no como quiere, no obstante jamás me habÃa sentido tan bien como me siento hoy (me encargue que no notará que está felicidad estaba por este instante, por ella). Creo que entendà lo que era ser un hombre e intentar ser también un ser humano, mantenerme humano, que mis problemas sean un punto de partida, no un lastre que me hunda en la mierda que hice.
-Hablas como si antes hubieras sido un mal hombre-, me dijo mientras encendÃa su cigarro número dos-, y no me gusta, al menos a mà no me lo pareces.
Agradecà que pensara eso, pero en ese momento recordé que cada una de las mujeres que ame pensaron lo mismo en algún momento y un escalofrÃo me recorrió el cuerpo, no sé si fue el remordimiento o que en ese momento me tomo de las manos y sonrió. Jamás he creÃdo estar enamorado, de hecho normalmente devaluó el amor en el simple hecho de la atracción, pero ella, pienso en ella y sonrió.
-SÃ, puede ser que sea un poquito malo, aunque intento que cada dÃa sea menos-sonreÃ-. Tuve que entender a la mala que culparme de lo que hice no me hace mejor, ahora trato de entenderlo y no repetirlo. Creo firmemente que si puedo volver a intentarlo, debo agradecerlo y hacerlo mejor.
La noche empezaba a alcanzarnos, el frÃo y un poco de oscuridad nos hacÃan compañÃa y aunque estábamos en un lugar lleno, sentÃa que solamente estábamos ella y yo. Y no me malentiendan no romantizo solamente soy sincero.
-Oye, ¿quieres un café? Yo no tomo café pero si quieres podemos ir- dije esto buscando alargar lo más posible estar cerca de ella.
-¡Cómo que no tomas café!- me dijo riéndose.
-Si, no me agrada mucho-conteste con pena.
Pensó uno rápido y me tomo de la mano, como guiandome, -conozco uno muy bueno, está cerca de aquÃ-, y empezó a andar. Recordé a Beneditti, en la calle codo a codo somos mucho más que dos.
-Pero sÃgueme contando, que te hizo cambiar tanto según tú-, sonrió y bajo la mirada.
-Todo-dije respirando hondo, el tiempo, la vida, las circunstancias.
-Entiendo, solamente te pido que seas más especÃfico.
La verdad no estoy muy acostumbrado a hablar de mÃ, y más si es algo particularmente mÃo, de algo que solamente yo sé; y aunque aquà en mis libretas parece que no me para la lengua, en la vida "fÃsica" normalmente abro la boca para nada, no obstante estar con ella y pensar que quizás no volverÃa a estarlo en mucho, mucho tiempo me animó.
-Mira cuando te deje de ver estaba completamente perdido, no tenÃa idea de que querÃa, ni hasta donde podrÃa estirar la paciencia y el amor de quienes me rodeaban. Poco a poco mi familia se estaba empezando a cansar de mÃ, de lo que era, sin embargo eso no me influÃa en lo más mÃnimo, no me causaba nada. Cada dÃa parecÃa que me adentraba más en la destrucción de lo que era, o sea que lo que era buscaba irremediablemente dejar de ser. Conocà los vicios, y uno que particularmente me atrapó, las mujeres, hice de todo por ellas, cosas de las que no me siento muy orgulloso.
-Pero- me apretó el brazo y me dijo-, antes de entrar en ese tema, que aunque lo dudes conozco bien, dime a qué te refieres con tratar de destruir lo que eras, no me queda claro.
Me quedé pensando un momento y le dije:
-Mmm, un hombre tan sucio como yo, un hombre que de hombre ha tenido muy poco, un ser que se desprecio y busco reducirse a nada por no querer enfrentar sus problemas. Un hombre que de hombre nunca demostró nada, que cuando tuvo miedo corrió y cuando se siento inmortal dejo que todo lo tocará y no todo es necesario. Un poco de todo y nada de lo que necesitaba. Un don nadie que creyó que la felicidad dependÃa de cuando lo conocÃan. Un hombre que era todo lo que mamá te pidió que no fueras y nada de lo que papá buscaba. El problema de la familia y la solución de quienes lo dejaron solo. Los insomnios de aquellas que me quisieron, sus lágrimas y su rencor, la vÃctima del amor que no existe. El dolor de quien quiso mitigarlo, la herida de quien quiso curarme. Un hombre tan roto que solamente juntaba los pedazos para volverlos a romper. Si puedo definir esa etapa de mi vida lo harÃa asÃ, como puedes notar es muy obvia mi tendencia a destruir y tarde entendà que lo que destruyes, al final te destruye a ti.
Se detuvo y me miró, me miró largo rato, quizás buscando una respuesta diferente en mis ojos, no lo sé bien.
-Pues mira, si que es una definición muy acertada de querer destruir algo.
-Lo sé, le dije y comencé a andar.
Unos cuantos pasos más y llegamos.
-Es aquÃ- abrió la puerta-.
Me quedé mirando, era una cafeterÃa de lo más bonita, antigua y con algunos libreros; se escuchaba "Strollin" de Baker, me sentÃa muy bien.
-Sigue, por favor- me animo-, las mujeres y tú.
-SÃ, claro- le dije y me senté frente a ella-. Cómo te decÃa hice muchas cosas y me hicieron otras tantas, pero sin duda la más interesante resultó ser la mamá de mi hijo, una mujer preciosa, más grande que yo, pelo negro, ojos de un café muy claro, alta, ebria y apasionada por lo que no tiene remedio. Nos conocimos muy rápido y en menos de tres meses quedó en cinta. Todo se complicó mucho porque precisamente en esos dÃas el encanto que me causó se habÃa esfumado, ya no me interesaba y lo nuestro era una causa perdida, supongo que por eso se aferró y cuando le pedà que no tuviera al bebé me dijo que estaba loco y no la vi por unos ocho dÃas, hasta que una amiga en común me dijo donde estaba y di con ella, hablamos y decidimos intentarlo. Fueron dos años de relación en donde la única constante fueron mi ausencia y su constante amenace de irse y dejarme a mi hijo, para que "viera lo que se siente", decÃa. Al final cumplió, se fue un tres de marzo y desde ese dÃa no sé nada de ella, mi hijo se quedó conmigo y bueno, te dirÃa que eso me hizo cambiar pero mentirÃa.
Llegó el camarero y pedimos, yo un té y ella un café y un panque de moras.
-Mi familia, como siempre se hizo cargo, ahora no sólo de mà también de mà hijo- dije y baje la mirada-. Quiero que entiendas que nada de lo que ahora te digo me enorgullece o quisiera contarlo, sin embargo creo que quieres saberlo.
No dijo nada, solamente movió la cabeza asintiendo y yo seguÃ.
-Seguà en lo mÃo, en la calle, fumando, bebiendo, aparentando que no tenÃa miedo. Y de un momento a otro era un adicto. PodÃa parar pero no querÃa y eso era horrible.
-Pero, ¿cómo pudo pasar eso?-me interrumpió-, tu familia siempre estaba detrás de ti, tu padre te imponÃa tanto, como pudiste hacerle eso.
-Pues crecÃ-, dije sonriendo.
Y es verdad, cuando uno crece para un padre es estresante recordarle algo que ya se habló, que dÃa a dÃa sea la misma plática, el mismo problema, todo, todos tenemos un lÃmite.
-Sus bebidas- dijo el camarero.
Hubo un silencio, yo aproveche y la mire, sus ojos, sus dientes, sus manos, su pelo, todo era lo mismo y al mismo tiempo era completamente diferente. Cada uno de los menos que yo pase con ella se agolparon en mi memoria, recordé el dolor que experimente cuando ya no supe más de ella, la felicidad de oÃrla por el teléfono, las veces que quiso decirle lo que sentÃa por ella pero no sé atrevió.
-Mi papá se alejo- continúe-, tuvo que hacerlo, no fue nada sencilla esa etapa, los gastos de mi hijo y su propio hijo sumido en la nada que tanto le atraÃa. Era necio y obviamente creÃa que tenÃa la razón. Mi mamá también se canso y se resigno a verme deshecho. Asà seguà hasta que un dÃa, sin tener noción clara de lo que es perder algo mi papá se fue. En ese momento todo se deshizo, ya nada, ni mi nada, tuvo sentido. Ver llorar a mi hijo, no poder consolar a mi madre, me volvà loco al ver lo poco hombre que era.
-Creo que eres muy duro contigo mismo, todos nos equivocamos, todos tenemos derecho a ello- se acomodo el cabello-. Creo que eso te ayudo demasiado.
-Quizás- le dije-, pero en ese momento no puede verlo asÃ. Me destruà tanto que destruà lo que amaba de verdad.
Me quedé callado, aún hoy es complicado hablar de mi papá, repase la última vez que lo vi en mi mente y sonreÃ, porque por más que quiera cambiarlo no puedo.
Ella estaba quiera, me veÃa y esperaba que siguiera, aunque creo que entendÃa que tal vez no lo hiciera. Tomé la iniciativa y le pregunté por su vida.
-Ahora cuéntame tú, llevamos casi dos horas y nada más he hablado de mÃ.
-Tienes razón-, me dijo y comenzó a reÃrse-, pues no ha sido sencillo, ahora estoy separada, deje al papá de mi bebé porque intento golpearme.
Cuando dije eso, sentà que me hervÃa la sangre, sin mirar derrame mi vaso, ella llamo al encargado y se puso a limpiar y yo seguÃa sin entender lo que me dijo.
En verdad no esperaba escuchar eso, siempre pienso que los problemas solamente me ocurren a mà y por ende todo con todos está bien.
-Pero, ¿cómo? No entiendo, ¿golpes?- le dije con un poco de temor.
-SÃ, golpes. Mira, tú sabes que con el papá de mi primer bebé también sufrà de malos tratos.
Me quedé mirando y no supe qué contestar, la verdad no recordaba nada de eso, no sé si me contó a mà o quizás era algo que me decÃa por primera vez sin ella darse cuenta.
-No recordaba eso- le dije.
-Estoy segura de haberte contado, sin embargo no lo recuerdas. Quiero fumar, vamos a afuera.
Se levantó y pedà la cuenta, pagué y salimos. Continuo contando, cada vivencia me dejaba pensando mucho en qué tipo de amor estamos dispuestos a creer que hay en una relación en donde faltar al respeto es algo común. Supuse que quizás por eso siempre estuve solo, porque era un imbécil que demostraba amor insultando o era un imbécil que no sabÃa demostrarlo.
-A veces pienso que no estoy hecha para que me amen, o sea, que tengo que sufrir para pagar algo que hice. Todas mis relaciones me llevan a eso, siempre terminan mal, no lo entiendo. ¿En qué podrÃa mejorar?
Como dije hace un momento, no suelo hablar mucho, sin embargo quise pensar que en ese momento hablar, decir lo que ella despertaba en mà era estrictamente necesario.
Mira- la mire-, para mà tú eres increible, y no solamente porque haya estado enamorado de ti o porque me parezca que eres hermosa como ser humano y linda, muy linda, en verdad lo creo, eres capaz de soportar grandes tempestades y seguir, y eso no siempre agrada, porque ¿Para qué podrÃas necesitar a alguien? Todo lo que quieres tú misma lo obtienes y como dije, eso no siempre agrada, como hombres buscamos proteger, cuidar, proveer y tú quitas todo eso, quizás por eso, no estoy seguro que por eso no quieren acercarse.
-Lo peor es que se acercan- interrumpio y exhalo el humo de su cuarto cigarro-, sin embargo no me atrae pensar que lo único que buscan es sexo, es una muñequita con la cual jugar, peinsan que durar mucho o que una grite como loca es suficiente...
Y que decÃa yo ahÃ, parecÃa que ella misma conocÃa las respuestas a lo que preguntaba, ella misma entendÃa lo valiosa que era y lo valioso que es el tiempo que se otorga a alguien.
...No entiendo casi nada de nada, pero me aferro a pensar que puede pasar, que puede suceder, que un dÃa alguien aparecerá y me amará tal y cual yo lo necesito.
Su mirada se clavó en mÃ, querÃa abrazarla o besarla, hacer algo que cambiara un poco lo que ella sentÃa, no obstante habÃa poco que yo pudiera hacer, no era diferente a lo que ella huÃa, mis relaciones siempre se basaron en mujeres y no en un buen sentido, senos, vaginas, nalgas, quiero pensar que entendÃa un poco a las mujeres con las que estuve pero siendo sincero creo que no sabÃa lo que hacÃa.
Guardó silencio. El frÃo se hizo intenso y una luna hermosa se asomó.
Trato de entender un poquito lo que sientes- le dije mientras me ponÃa el abrigo-, sin embargo si puedo ser sincero, nunca he experimentado lo que tú y jamás he necesitado a alguien para ser feliz, aunque mucho en mi vida está basado en mi familia. No estás incompleta, quiero pensar que solamente estás distraÃda, te cuesta ver todo lo que tienes y miras, aunque ya muy de lejos, aquello que perdiste o que te perdió.
-SÃ, lo entiendo amigo, probablemente no necesite nada.
-No es que no lo necesites, es que no te hace falta, pero mira que te puede decir un hombre que se volvió adicto a algo que lo estaba matando.
-Puedes y has dicho mucho, creeme que todo me lo quedo, lo guardo y lo atesoro. Solamente entiende que todos tenemos un proceso y no para todos es rápido.
-Eso lo entiendo, créeme, sólo quisiera ayudarte más, que no se quedará en mà perspectiva, poder ayudar en serio.
-¿Por qué crees que no ayudas?
-Porque, bueno porque... uhm, en realidad no sé porque, simplemente quisiera tener eso que te falta y poder dartelo.
Siempre he querido, pero nunca pude, recuerdo cuando me dijo que salÃa con el papá de su primer hija, quise decirle que yo era mejor, pero me calle, recuerdo cuando me dijo que estaba esperando; recordé las canciones que me hacÃan pensar en ella, los lugares, los dÃas. Recuerdo cada uno de los momentos en los que tuve que tragarme lo que sentÃa y sonreÃr, hacerla reÃr y olvidarla.
-No es tu responsabilidad, de hecho, hoy, este dÃa, que me escuches ya han hecho suficiente por mÃ.
-Gracias, yo, yo te quiero mucho, lo sabes, mucho.
-Lo sé, lo dices siempre y me lo demuestras.
Nos quedamos mirando y supongo que entre los dos surgió un poco la pregunta, ¿qué hubiera pasado si? No obstante, nadie dijo nada de eso. Seguimos platicando, empezamos a reÃr y el tiempo pasó más rápido de lo normal, como siempre que estoy con ella.
No hacÃa nada más que leer, caminar, fumar y leer de nuevo; en verdad, dejé de comer. No salÃa con nadie ni hablaba con nadie: mi vida eran los libros, la música y la soledad. Todo se resumÃa en eso.
​Fue un proceso extraño, pues vivÃa rodeado de mi familia pero buscaba alejarme de ellos. A decir verdad, creo que tomé decisiones incorrectas. En fin, no se puede vivir asÃ; o al menos, yo no pude vivir asÃ. Fue complicado: mi familia se hartó y yo, quizás por miedo, simplemente callaba. TenÃa trabajos horribles donde destinaba todo el sueldo a evitar que me corrieran de casa, aunque tampoco era mucho dinero.
​Comencé a leer gracias a mi padre y a Diana. Con mi padre leÃa el periódico, revistas y algún libro que tuviera a la mano; lo hacÃa para no aburrirme, para distraerme. Fue mi forma de escapar. Sin embargo, con Diana la experiencia fue distinta. Ella es sumamente inteligente, asà que sus pláticas incluÃan a Sartre, Cortázar o Paz. Hablaba de bibliotecas, museos y de una música de la cual yo no sabÃa nada.
​Me invitaba —al principio de forma amistosa— a conocer ese mundo, y caà redondito. Me sumergà en el "boom latinoamericano" y en los poetas malditos. Lo que empezó como una forma de conectar con ella se convirtió en mi estilo de vida. De un momento a otro, ya solo leÃa. Empecé a escribir; cambié mi forma de vestir, de andar y de pensar. Me volvà un poco lo que ella buscaba y mucho de lo que siempre quise ser.
​De esto puede dar fe mi madre. Ella sabe que siempre fui terriblemente sentimental y que deseaba escribirlo todo. PodrÃa decir que, a partir de ese momento, me volvà un adicto al arte: vivÃa, comÃa, veÃa y escuchaba arte. Pero, hay un pequeño "pero": también era un "bueno para nada". CreÃa, tontamente, que yo era el nuevo escritor que latinoamericana esperaba y debÃa concentrar todo mi ser en eso, mala idea.
En fin, ​todo esto me lleva a lo que querÃa contar. Hoy puedo presumir que tengo libros propios, comprados por mÃ, que he leÃdo a conciencia. Pero antes, en los tiempos en que "vivÃa del arte", todo lo que leÃa era gracias a las bibliotecas públicas. Todo lo que conocà de Nietzsche, Camus, Bukowski, Orwell o Blake fue gracias a los benditos préstamos a domicilio.
​Hoy recuerdo con nostalgia esos dÃas en los que devoraba libros y soñaba con ser... Recuerdo, a la señora de la biblioteca regalándome los ejemplares que iban a desechar, y aquel tiempo en el que yo era un "bueno para nada" y la nada y yo nos llevábamos muy bien.
"Estaba pensando en ti; en cómo avanzó el tiempo. ¿Qué somos hoy, Gerardo? Bueno, lo intento.
Camino por calles que, muy seguramente, tú también anduviste. Siento cosas que, muy probablemente, tú también sentiste.
​¿Qué es el dolor? Creo que es eso que aparece entre las lágrimas y el suspiro.
Me resigno y me respondo. Me quedo mirando lo que fue; la suerte que tuvo ese malagradecido (yo) de tenerte cerca. Me cuestiono, padre: ¿qué hice para que mi castigo fuera no volver a abrazarte? Despertar a las 4:00 a. m. y desear que no te hubieras ido nunca. Recuerdo los primeros dÃas sin ti: nuestra esperanza de escucharte llegar a casa y que todo fuera solo una pesadilla, un chiste de mal gusto que nadie debió contar, pero no, mierda, no. Sin embargo, Gerardo, no hemos perdido la esperanza, aunque quizás ahora sea más la de que un dÃa nosotros te debamos encontrar y entonces, nosotros tocaremos la puerta del lugar donde ahora estés. Hay fe.
​¿Qué pensarás de mà hoy? ¿Estarás orgulloso? Yo lo intento, pa, te lo juro: con ganas, con hambre, con todo eso que muy seguramente heredé de mamá y de ti; eso de no rendirse, por más que a veces uno sienta que ya no la está pasando bien.
​Quiero contarte algo. Un dÃa salà de casa —esa casa que, con amor, tu esposa y tú nos hicieron llamar hogar— y nunca pude regresar. Mis errores me alcanzaron y tuve que aprender lo que tú, con amor y palabras, quisiste enseñarme; aquello que tanto negué y que tanto alejé de mÃ. Bueno, la vida, el mundo y la realidad me lo enseñaron: sin amor y, con mayormente, golpes.
​¿Sabes? Pienso mucho y después hablo con mamá. Le digo que tú veÃas en mà algo tan grande y único que, cuando miraste bien y viste lo poco que yo daba de mÃ, te maté un poquito. Mamá dice que todas esas veces que me gritaste, después llorabas y preguntabas qué habÃas hecho mal. Mira qué vida tan rara: cuando más sentà que me odiabas, más amor tenÃas por mÃ. Es una lástima eso de entender tarde lo que es la realidad frente a lo que uno cree que es.
Hoy recordé la vez que fuimos a jugar; lo feliz que fui, mi padre, el tiempo contigo. No habÃa soledad si yo tenÃa tu amor. No habÃa temor alguno si tú y yo caminábamos juntos. Nada malo me podrÃa pasar porque mi papá estaba ahÃ.
Recuerdo que, tontamente —como un pendejo, mejor dicho—, cuando buscaba matarme con adicciones o lo que fuera, mi consuelo era que mi papá iba a estar ahÃ, y que todo lo que pasara después, lo iba a solucionar él.
​Sin embargo, Gerardo, la vida es asÃ.
Hoy trato de ser la mitad del hombre que fuiste tú. Creo que con eso seré un buen padre, un buen hijo y un ser humano querido y decente. Porque aquà todos te quieren y te recuerdan con amor; eres un recuerdo de cariño y resistencia.
Espero que estés orgulloso de mÃ, como yo lo estoy de ti.
​Te quiero, papá. Te amo, te extraño, te siento, te añoro, te rezo. Te busco, te pierdo, te olvido, te pido perdón y te honro."
hay tanto ruido en mi cabeza
pero yo sigo escuchando tu voz
Es mi culpa por esperar algo de ti.
se te aviso desde el principio.

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hay que descubrir librerÃas en la CDMX y luego pasamos por un café
*enviar*
el dolor es la culminación del amor
siento que te recuerdo, pero al mismo tiempo nos alejamos, tu recuerdo parece ser un hecho tangible y al mismo tiempo algo inimaginable, que hijo de la chingada soy que ya no te puedo recordar sin pensar que quizás no sucediste. el dolor de no tenerte, el dolor de recordarte asà me hace aferrarme a valorar este presente que es hoy, porque no sé si mañana lo pueda recordar igual.
¡ho, ho, ho!

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¡feliz navidad para mÃ!
no creo.