El cierre de la gargantilla que traía puesta parecía haber atrapado un par de hebras de su cabello, así que ante la incomodidad (y a razón de tener una de sus manos ocupadas) llamó la atención de la primera persona que vio. — Hey, disculpa. ¿Me puedes ayudar con esto?— pidió, levantando su melena para dejar al descubierto el causante de su molestia.
‘Siempre en apuros.’ el comentario escapó de manera cómica, girando en su asiento para así dar el frente a la de hebras oscuras y notorio problema, centro de la inesperada interacción que la vieja pareja de amantes estaba teniendo. ‘Ven, acércate.’ No se iba a negar a prestar algo de ayuda, sus dígitos rozando la piel morena para así deshacerse de los mechones rebeldes que se rehusaban a apartarse del camino, con cuidado resolviendo lo que tenía a Salomé en apuros. ‘Ya está, problema resuelto.’













