no era fácil encontrar a quien pudiera seguir con intenciones, aquellas que mantiene bajo llave y a salvo, a menos que requiera de dejarlas salir a la superficie. no obstante, la presencia de contrario ha logrado picar interés, desenvolver una curiosidad que pocas veces demuestra y reordenado su lista de prioridades, al menos por el día. ¿acaso no merecía divertirse un poco? por supuesto que sí. su disposición se mantiene despierta, sus deseos de aceptar un desafío siendo obvios, regodeándose en la manera en que cerbero parece seguir con aquel juego que no podía jugar solo. "oh, lo descubriré. ¿valdrá la pena?” suave desdén tiñe sus palabras, apenas perceptible, lo suficiente como para añadir peso a aquel reto que flota entre ambos, en un vaivén que le mantiene pendiente de cada una de las reacciones del más joven. como si en verdad no deseara descubrirlo por sí mismo, encontrar recompensa en espera y en aquellos piques, como si no pudiera ya casi sentirla contra las yemas de sus dedos. su cuerpo, consciente o no, tampoco se encuentra del todo enfrentando pantalla, sino ladeado apenas hacia donde el contrario toma asiento, suficientemente cerca como para permitirle aquello que ahora inunda psique. el contacto contra su rostro es ansiado, detonando anticipación corriendo por sus venas, mientras sus facciones hacen poco por demostrar aquella emoción. era bueno escondiendo lo mucho que deseaba aquello, jugar a la indiferencia siempre le había ido bien. con todo, su mirada no abandona la tez opuesta, incluso, permite que su rostro se ladee ligeramente, exponiendo más de la delicada piel de su cuello. “quiero verlo,” suena a una exigencia, esos deseos de ver qué tan cierta era aquella ausencia de límites, hasta dónde estaba dispuesto a llegar. aunque tacto se rompe de parte opuesta, deja que su mano caiga desde el control del videojuego hasta posarse cerca del interior del muslo contrario, deslizándola con intencionada lentitud hacia arriba. “¿tan fácil es distraerte? lo tendré en cuenta…” responde, dejando abiertas ambas posibilidades, como si realmente continuar con los videojuegos fuera una prioridad y no algo que había olvidado ya. termina por voltear su cuerpo por completo, dejando que mano libre se apoye sobre el sillón, a un lado de cerbero, tomando apoyo cuando se incorpora a medias, encerrándole contra el mueble y su propio cuerpo, sus rostros a apenas unos centímetros de distancia. “no quieres jugar,” ni siquiera lo pone en duda, certeza apoderándose de sus palabras, haciendo que curve apenas gruesos carmines. pausa es necesaria mientras deja que su mirada descienda hacia los rosáceos del más joven. “sé lo que quieres…” asegura, elevando sus dígitos desde su pierna hasta dejar que el medio delinee con lentitud el labio inferior. “pero me gusta cuando me piden las cosas…”
tararea contemplativo, inclinando rostro al costado. cuestión que plantea en sí no requiere tanta seriedad, sin embargo, la sorpresa se entremezcla fácil con la entretención, pues descubre con cierto gusto que contrario sabe cuáles teclas precisas tocar. ¿valdría la pena? esa era una buena pregunta. se encoge de hombros con suavidad, restando importancia con un desinterés que no es real, y lo sabe, (y él debe saberlo, también), porque a fin de cuentas quiere la respuesta. “supongo que ya lo averiguaremos.” no se trata de una pregunta, tampoco una suposición; lo estima como un futuro más cercano que lejano, considerando reacciones visibles a su acercamiento, lo que consigue con breve roce y la forma en que, de pronto, se encuentra justo donde quiere estar. cuerpo contrario bloquea cualquier línea de visión al televisor, lo cuál no es una molestia. no mantenía ninguna clase de atención a la propuesta original, pues sobre él se desenvuelve una propuesta que atrae más que el juego. así, se acomoda bajo su cuerpo, recostando cabeza sobre respaldar de sillón para servirse de apoyo y observarle más cómodamente. si dante quiere verlo y él quiere mostrarlo, se antoja innecesario desviarse por tangentes. “no quiero jugar.” confirma la obviedad, apenas bajando mentón hasta que labios consiguen rodear dígito que previamente les rozaba. mantiene contacto visual, enganchando dedos en pretina de su pantalón con la clara intención de mantenerle cerca, y los falanges de zurda, por el contrario, envuelven muñeca contraria, yemas en pulso sobre piel. punta de lengua roza dígito corazón en encuentro breve antes de abandonarlo. “lo que quieres es escucharme rogar.” añade, no como pregunta. es una observación clara. presiona labios en besos puntuales hasta llegar a palma, deteniéndose en el espacio en donde antebrazo se vuelve mano. “y puedo hacerlo.” admite, sin inhibiciones, ahora con los dígitos hallando posición cómoda en la parte frontal de su camisa, índice en cuello para tironear hacia sí mismo. “pero tienes que darme razones primero.” bien podría quedarse así, a la expectativa de algún movimiento de su parte, pero cerbero jamás ha contado con demasiada paciencia ni fuerza de voluntad. si sabe qué es lo que quiere, y hay un permiso implícito en el silencio entre ambos, entonces próximas acciones no deben resultar una sorpresa. dígitos abandonan pretina y se reencuentran en el nacimiento de su cabello, como también lo hacen labios que le buscan en un beso que se tiñe de todos los piques previamente disfrutados, de todas las provocaciones que le empujan hacia él y el deseo que compromete interés hasta que entorno e invitación inicial pierden prioridad y se vuelven un pensamiento tardío.