El castaño sonrió ampliamente al ver que a su pequeñaja le gustaba la idea tan espontánea que había tenido. -Entonces no hay tiempo que perder pequeñita, vámonos cuanto antes, a perdernos en la playa, espero no quemarme con las velas, soy un torpe.- Dijo riendo. -¡Ups! Las velas eran una sorpresa.- soltó el muchacho revolviendole el pelo ligeramente a su novia. La besó en la frente y tomó su mano. -¿Vamos?-
Sonrió ampliamente y escuchó las palabras de su novio. Rió levemente al escuchar lo que decía, era tan romántico y tan tierno siempre, la deshacía. Arrugó la nariz en forma de queja al sentir como le revolvía el pelo, pero no tardó en volver a mostrar la mayor de sus sonrisas al notar el beso que posó en su frente. -¡Vamos!-. Exclamó con alegría y entusiasmo. -¿Y que puedo hacer yo para compensar todo lo que haces por mi?-. Preguntó, pues desde que se conocían, el muchacho había hecho mil cosas por ella, pero no creía que ella hubiera hecho lo suficiente.















