Los Apodos
Cuando estaba en la secundaria mis amigos me llamaban "Centavito", empezó como un manera de hacer mofa de mi aspecto, el apodo al principio no me gustaba, pero poco después lo acepté y se volvió parte de mi identidad al menos durante mi estancia en la Técnica 5. En el salon obviamente teníamos sobrenombres para casi todos los del grupo "I" de electrónica. El Huevo, El Perro, El Gringo, El Florecita, El pitayo. Los apodos estaban diseñados para hacer burla de alguna característica física, infantilizar, afeminar o en general hacer sentir mal al portador.
Sin embargo, aunque los apodos puedan parecer tontos y superficiales son una manera fascinante de interacción casi exclusivamente entre hombres. De entrada los apodos sirven para diferenciar a los que son miembros de un grupo y a los que están fuera. Ayudan a crear un lenguaje especial y a formar una identidad exclusiva entre sus miembros. Al recibir un apodo te vuelves parte de la "familia". Una de las reglas no escritas de los sobrenombres es que solo los miembros del grupo pueden llamar a los otros usando su apodo. Un extraño, Incluso si conoce el apelativo de alguien, no se atrevería a usarlo sin causarle ofensa, puede obtener desde una mirada fría, un "Que traes tú?" o de plano recibir un puñetazo; ese es un privilegio reservado solo para los cuates.
Lo interesante de los sobrenombres es que son dados cuando el nuevo miembro se comienza a acercar al grupo, los otros aun no saben que pueden esperar de él y le ponen un apodo para tantear al nuevo miembro, si este acepta el mote insultante de buena gana, esto indica que se puede confiar en él. El nuevo miembro debe entender que no hay mala intención detrás del sobrenombre que en otro contexto seria un insulto, si el miembro es capaz de aceptarlo, se integrará mas con el grupo, es como una especie de prueba, por eso los apodos entre grupos de amigos, a pesar de parecer insultos, son en realidad títulos honoríficos que demuestran que el hombre ha sido aceptado por los otros. Si al contrario, alguien no acepta su apodo y dice -"Me llamo Joaquin, no me digan "El Repollo"- muestra que no confía en los demás y por lo tanto no se puede integrar completamente al grupo.
Más adelante, la preparatoria también fue una época rica en nuevos apodos entre los recién llegados al CBTis 65, Ahí recibí inicialmente el mote de "Bahia" haciendo referencia a un jugador de futbol de la época de cabellera china y sin forma, muy similar a la que yo usaba en ese tiempo. En la mayoría los casos los apodos de esta época se basaban en características físicas, particularmente las poco agraciadas, de esa etapa salieron apodos como Ardilla (por los protuberantes dientes incisivos), Moco (por lo ojos verdes o por constantemente limpiarse la nariz, ¿Quién puede estar seguro?), Tafirul (por el prominente trasero), Chori (mexicanización de Shorty, chaparro) y una multitud más, muchos de ellos originalmente otorgados por un maestro de inglés de infame memoria al que apodábamos, si claro, "El Naco".
Los sobrenombres basados en las características físicas tienen la función de fomentar la camaradería al evocar un risa por el contraste con formas mas formales de dirigirse a alguien, y por que muchas veces pueden ser muy graciosos. Además el uso de partes del cuerpo poco agraciadas para apodos indica el indiscutible carácter masculino del grupo, es difícil imaginar un grupo de mujeres llamándose "Narizona", "Nalgotas" "La Aspirina" etc., sin que se sintieran ofendidas. Pero las partes del cuerpo no son el único origen de los apodos, las fuentes de inspiración son infinitas, como "La chingadera", "El Checillo", "El Kisifur", y muchas veces inescrutables, por qué a una amigo de la secundaria lo apodábamos "La Garnacha", nunca lo sabré.
En cierta ocasión junto con algunos amigos de la preparatoria fuimos a la playa, donde decidimos asolearnos después de un rato de estar nadando en el mar. Usaba yo un traje de baño con los colores de la bandera brasileña tal vez un poco mas ajustado de lo debido y un trio de turista americanas que pasaban por ahi quedaron gratamente impresionadas por lo que vieron, lo que causó que mis compañeros me otorgaran el mote de Viril que sustituyó al de Bahia inicialmente otorgado, en parte también por que empecé a usar el cabello corto.
Una vez que se ha establecido un apodo, sirve para probar continuamente y reforzar los lazos entre los miembros del grupo. Todos hemos usado o visto a otros usar un lenguaje derogatorio para saludar a algún amigo - ¿Que onda, Puto?-. Lo que puede parecer a otros una manera paradójica de demostrar amistad, es en realidad una manera entre hombres de probar su cercanía. Un hombre saludará con un insulto solo a sus mejores amigos, si por ejemplo en el caso anterior un saludo de -¿Que onda, puto?, generara una respuesta negativa, como - ¿A quien le dices puto, pendejo?-, esto es un indicio de que algo anda mal en esa relación. De la misma manera los sobrenombres son una constante prueba de que los lazos entre un grupo de amigos siguen intactos. Es precisamente por esta función que los apodos no pueden ser puestos por uno mismo, los sobrenombres deben ser otorgados por los compañeros, intentar inventarse un alias para uno mismo es visto como un intento de obtener un privilegio sin habérselo ganado.
Una vez que llegué a la universidad recibí mi último apodo, justamente dentro del grupo de los que escribíamos el periódico escolar "Criterio", pero solo de parte de un miembro, El Choche es la única persona en el mundo que me llama "Gnomo". A partir de ahí para las personas que conocí después fui: Carlos, Carlitos y Charlie para uno que otro mamila. Ahora en el mundo profesional a veces me dicen Doctor, Doc, Ingeniero y hasta a veces tienen el descaro de llamarme Licenciado, pero esos ya son formas generales de dirigirse a alguien que no apodos.
Uno puede tener un apodo publico que le dure para siempre, ir cambiando de mote en mote conforme va cursando las diferentes etapas de la vida o incluso tener un sobrenombre que solo los mas cercanos o a veces solo una persona conoce. Lo cierto es que conforme uno va creciendo y va formando cada vez menos parte de grupos cercanos y unidos, los apodos también van desapareciendo y cada vez es más difícil convertirse en un Centavito o en un Virilillo.













