Mi historia de amor en patas suaves
(por Camila, mamá de Edna, Helga y Regina)
Hasta hace apenas dos años, nunca había tenido mascotas. Siempre trabajaba muchas horas y no me sentía lista. Y para ser honesta… ni siquiera me gustaban mucho los gatos. Hasta que conocí la historia de una gatita rescatada, y algo en mí cambió.
Así llegó Edna, mi primera hija de cuatro patas. Fue rescatada de un criadero clandestino. Estaba ciega y con muchos problemas de salud. Estuvo poquito tiempo conmigo, pero fue suficiente para que me rompa el corazón y me lo llene al mismo tiempo. Le di todo lo que pude, y aunque se fue pronto, me dejó con la certeza de que ese amor valía cada lágrima.
Después llegó Helga, del mismo refugio. Una presencia fuerte, dulce y necesaria. Compartimos todo. Hasta atravesamos una separación difícil juntas. Mi ex quiso comprar un gato, y aunque no estoy de acuerdo con eso, acepté. Le puse Negan, por mi fanatismo con The Walking Dead. Cuando la relación terminó, Helga vino conmigo. Porque ella era mi compañera real. Mi reina.
Volví a trabajar full time y la noté triste, más solita. Entonces tomé una decisión con el corazón: adoptar otra gatita. Así llegó Regina, también del refugio. Negra, mágica, con historia dura. Había sido rescatada de la calle, pero vivía encerrada en un baño porque la persona que la tenía no podía integrarla con otras mascotas territoriales. Conmigo, encontró libertad, mimo y una hermana. Hoy corre por el living, pide mimos, y hasta se pelea por la cama como buena diva felina.
Ellas son parte de mi vida, de mi casa, de mi historia. Cada una trajo algo distinto y hermoso. Edna me abrió el corazón. Helga me acompañó en mis transformaciones. Regina me enseñó sobre segundas oportunidades.
Y así, sin buscarlo, me convertí en una mamá gatuna con estilo, garra y un ejército de amor suave que ronronea.
Abajo fotos de mis reinas 💖










