La competencia entre mujeres
Si sos mujer, levantá un dedo si alguna vez te pasó o hiciste alguna de estas cosas:
Pelearte con una amiga por alguien que a ambas les gustaba. Competiste / te competían sin siquiera conocer a la otra chica. Te comparaste / te comparaban con otra(s) chica(s). Tu suegra te odia / vos odiás a tu suegra y pelean por la atención de su hijo. Peleaste con tu(s) hermana(s) por alguien que les gustaba. Peleaste con tu(s) hermana(s) por quién de lxs mapadres prefiere a quién. Odiabas que tu(s) amiga(s) se vistieran igual que vos, o que se compraran lo mismo que vos, o que escucharan lo mismo que vos. Tenés o tuviste una relación amor/odio con una o más amigas. Le tuviste bronca a alguna(s) amiguita(s) de tu novio.
Muy heteronormados todos los ejemplos, lo sé. Tienen un porqué, lo juro. Algo es seguro: si sos mujer, te pasaron al menos tres de estas situaciones.
Hagamos el siguiente ejercicio: pensemos el listado desde los hombres, repasando ítem por ítem. ¿Es algo que pasa tan comúnmente? No por nada hoy escuchamos términos como Tatiana(1), la roba maridos, la amiguita de mi novio y tantos otros ejemplos que tienen que ver con una característica de la mujer que atenta contra un vínculo con un otro, usualmente hombre (por no decir siempre). Porque sí, me animo a decir que esto se da mucho más en el mundo heterosexual.
La pregunta que yo me hago es: ¿por qué pasa tanto esto entre las mujeres? ¿Por qué no es algo común para los hombres también?
Desarrollo con otra pregunta: ¿conocen el concepto de camaradería peneana? La palabra camaradería refiere a “amistad, compañerismo, fraternidad, afecto, apego, convivialidad”, y la palabra peneana al miembro que todos los hombres cis comparten. Podemos entender, entonces, que esta palabra compuesta se refiere a la complicidad entre hombres cis (y heteros, me animaría a decir; hombres gays, confirmen) por el mero hecho de ser hombres.
Malena Pichot habló sobre los hombres que piensan diferente pero que se terminan llevando bien porque, al fin y al cabo, tienen pene. Es muy real. También es real que se pueden herir sentimentalmente dentro de una cancha de fútbol y, cuando salen de ella, se dan abrazos más fuertes que a su propia familia.
No sé ustedes, pero yo conozco muchos hombres que se sentirían amenazados, por ejemplo, por otro hombre que quisiera conquistar a su chica, pero que si ese mismo hombre les viniera a hablar de las minas, de repente serían amigotes. En el mundo de las mujeres eso jamás pasaría.
Infinitos ejemplos más me hacen preguntarme si necesariamente eso es algo malo. Por supuesto, me repele y me causa enorme rechazo ver a dos hombres que se amigan solo para hablar de culos y tetas: más simio, imposible. Muchas veces los une ser unos pajeros, en simples palabras. Los une hablar de cuántas se cogieron como si se tratara de caramelos que se comieron; los une reírse de la gorda, de la ex gorda (spoiler: a todas se las cogerían).
Chicas, ¿cuántas veces pasaron caminando cerca de un grupo de hombres y como mínimo les hicieron un escaneo exprés? Para luego hablar de todo lo que le harían a la minita, por supuesto. Nunca nadie dijo después de eso: “No, muchachos, no intimidemos a la chica”, porque si no sos un puto. Y nada peor para un hombre cis en grupo que ser un puto.
Sin embargo, me cruzo mucho en X con hombres que nunca dirían nada sobre Antonella porque es la novia de Messi. Porque es la novia de él. Es decir, respeto primero a él para ver qué hago con ella. (Al final, los tipos heteros son más gays que los gays).
Rescato lo que dijo una socióloga abiertamente antifeminista que me crucé en un TikTok (Camaradería peneana: el nuevo concepto del feminismo radical), y es que esas diferencias ideológicas no tienen por qué ponerte del otro lado del puente y convertirte en “el enemigo”, como lo describe Malena Pichot.
Pienso que considerar enemigo a quien piensa distinto nos aleja de todo debate enriquecedor y hace que, si lo hay, solo se trate de ganar o perder la discusión. Los hombres juegan y compiten; los hombres llegan a estar bien con sus diferencias ideológicas (y me parece algo positivo, siempre y cuando esto no implique que el punto de unión sea hablar de cogerse a un par de putas), pero en definitiva puede haber una unión.
Esa unión no significa estar de acuerdo; significa: “todo esto no va y te lo digo, pero al final del día te respeto y hasta nos podemos ir a tomar unas birras”. Las mujeres no somos así. ¿Está mal o está bien?
No existe un concepto como el de la camaradería peneana para las mujeres. ¿Se pusieron a pensar por qué es eso? Hablemos del gran elefante en la sala: las mujeres competimos. Hermana, no te alarmes. Una vez más, el patriarcado lo hizo.
Hay ciertas cosas que generan un intento de acercamiento a la camaradería peneana, como cuando un grupo de mujeres se pone a decir que los hombres son todos inservibles. Acá propongo algo: no seamos tan básicas. No creamos que es del todo positivo que esa camaradería sea solamente peneana, tal como relaté en ejemplos anteriores, ya que pienso que podemos hacer algo mejor que ponernos a cosificar el cuerpo del otro género y que esa sea nuestra única unión.
Ojo, tampoco soy tan ingenua como para pensar que el mundo se puede curar solo por no tener a las mujeres compitiendo. Pero ojalá a alguien más le alarme ver a dos amigas distanciadas por un hombre; ojalá a alguien más le alarme la no complicidad entre mujeres solo porque compiten por ver quién es mejor que la otra; ojalá a alguien más le esté alarmando que todo eso y más (quizás) nos esté poniendo en un lugar de comodidad cada vez más funcional a un patriarcado resentido que nada quiere saber de una unión entre mujeres.
Pensemos en 2018, la última ola feminista. Si sos de Argentina, como yo, seguramente lo tuviste más de cerca. Fue muy emocionante. Las discusiones que dábamos, todo el ruido que hacíamos, la cantidad inmensa que éramos…
Hay muchas más variables que solamente la competencia entre mujeres que explican por qué hoy muchas sentimos una especie de “efecto rebote”, en el cual se volvió a hablar de cuerpos ajenos mucho más libremente que antes; el foco de la víctima de violencia se desvió nuevamente; incluso llegué a cruzarme con TikToks de chicas a las que les gusta que les “griten” en la calle (acoso callejero se llama).
Históricamente, cuando las mujeres hacemos ruido, conlleva un impacto cultural. Que el sistema nos prefiera calladas (y compitiendo) no es solo una frase armada por la izquierda.
Compitiendo somos funcionales a un patriarcado que busca que nos quedemos en un molde y que todo esté en orden para quienes tienen poder. No molestamos, no cortamos calles, no perturbamos la paz en un grupo de hombres, no reclamamos derechos para que esos poderosos se pongan a laburar.
Calladita sos más bonita. Y compitiendo con otra mujer, más aún.
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(1) Término acuñado por Martin Cirio, youtuber y streamer, refiriéndose a las mujeres (mayormente) que sólo sienten atracción sexual por los novios de sus amigas.
















