Hace cientos de años las mujeres venimos luchando por nuestros derechos. Hemos gastado fuerzas, ganas y energía tratando de hacerle entender a la humanidad que somos igual de capaces que los hombres de realizar distintas actividades que se supone “no son para mujeres”. Nos hemos convertido en determinado momento de nuestras vidas en la Frida Khalo, la Juana de Arco, la Marilyn Monroe, la Sally Ride, la Rosa Parks, la Marie Curie, o hasta la Alex Morgan de nuestra propia realidad. Pero ya nos hemos metido tanto en ese papel feminista que el grito que más se escucha es ‘no a la violencia contra las mujeres‘. Es cierto, existe cualquier cantidad de personas que atenta contra la fémina física o psicológicamente, hasta nosotras mismas lo hacemos. Y las razones radican en que nos hemos dejado llenar de ideas vacías de la sociedad: de que somos el sexo débil, de que sólo servimos para las labores de la casa, de que debemos crear una familia y servirle a ésta, de que tenemos que usar tal o cual tipo de ropa para no parecer prostitutas. ¡Tonterías, sí! Pero le damos mucha importancia a eso. Tanto así, que hemos creado el feminismo y nos hemos olvidado que así como no somos menos, tampoco somos más. Si no es bueno que haya machismo, ¿por qué es bueno que haya feminismo?. Hay hombres que realizan labores de hogar, que son padre y madre al tiempo porque también hay mujeres que abandonan a sus hijos. Y del mismo modo, hay quienes son rebajados, humillados, maltratados por su pareja o algún otro individuo, asesinados, violados, denigrados, agredidos física y moralmente, obligados a realizar cosas que no quieren hacer, amenazados, entre muchas cosas más. Y así como estos hombres también hay niños, ancianos, discapacitados, de otra raza, de otra religión, de otros gustos sexuales, de otra cultura, de otro país, o hasta de, tan solo, otro barrio, animales y más seres que pasan por esas situaciones. No sólo nosotras estamos en peligro de sufrir algún tipo de violencia. Toda persona, sea quien sea, puede atravesar por un círculo de agresión de cualquier tipo. Hombres y mujeres de toda edad y bajo cualquier condición valen lo mismo, y animales también. No pongamos en duda nuestra capacidad de ser igual que el género masculino. No queramos ocupar el lugar que una vez ocuparon los hombres sobre nosotras, eso sí sería caer bajo. ¿Por qué seguimos pidiendo que no se violente contra la mujer? Cuando podemos pedir que no se cometan actos de violencia contra ningún ser vivo en la tierra.
















