Aquella voz solo significaba una cosa: salvación. Se sentía mil veces más relajada cuando Eleanor estaba con ella, era como su… pequeño tesoro personal. Sonrió al recibir aquella figura conocida a su lado, le hizo un gesto para que tomara asiento justo al lado contrario al que estaría su hermana. “No, ahora mismo viene. Sus tacones no le dejan huir muy lejos” encogió sus hombros ante la pregunta continua, dedicándole una afable sonrisa. “De hecho no estoy sola, acabo de llegar, estoy b…” un silencio repentino fruto de la reciente voz que atrajo su atención. Bianca acababa de llegar, tan bonita y despampanante como siempre, sentándose junto a ella. “Como si tú te encendieras rápidamente, Bianca”. No fue incómodo para ella escuchar el nombre del portugués ni de su acompañante, pero tampoco tenía ganas de sacar el tema a flote. De nuevo otra persona decidió honrarles con su presencia. Le dedicó una sonrisa a modo de saludo, la cual se magnificó en una especie de estrategia para fingir que lo que pronunciaba no le afectaba; solía hacer eso en los momentos oportunos. “Es mi amigo, al igual que tú, por mucho que te cueste admitirlo, Ville” y pronto encontraría una manera de rebatir sus palabras el ex presidente. “Pero mira, aquí tienes a mi hermana, ¿no que querías verla?” Y después de lanzar la piedra, escondió la mano. Un par de presencias nuevas aventuraron su presencia en la mesa, tomando asiento en las últimas sillas libres. Ante todo, Lavinia no perdía la educación ni el buen concepto de amabilidad de la que ricamente podía verse beneficiada, así que con un movimiento de cabeza y una sinuosa sonrisa, respondió al saludo del portugués, tomando más tarde su copa de vino y apartando la mirada de él, no queriendo darle más importancia de la que probablemente los presentes le darían. Y llegó Brielle. Aquella joven de la que tanto había oído hablar pero no tuvo oportunidad de conocer. Tras limpiar sus labios con la servilleta, posicionó su mirada en el rostro femenino. Era muy bonita y parecía agradable. “El placer es mío Brielle, he oído hablar mucho de ti. Me alegra conocerte por fin” la sinceridad estaba intacta, más allá de los rumores o habladurías. Llevó su mano disimuladamente a la pierna de Eleanor y le dio un pequeño apretón para que no tuviera ni por un instante la intención de pronunciar nada, pues también había visualizado el gesto cariñoso por parte de los últimos presentes, pero no iba a darle la importancia que no convenía.
En cuanto las demás personas de la mesa comenzaron a llegar, su conversación con la italiana quedó estancada y la dejó sin tener una respuesta concreta de lo que le ocurría. Sin embargo, hasta ella misma se vio distraída de ello por la llegada de Ville, quien insistía en que no quería aburrirla “No se por qué sigue diciendo eso, ha sido una muy buena compañía” Comentó a su amiga omitiendo el hecho de que recién se habían encontrado, mientras Aitor llegaba al lugar seguido por…Brielle. No. No podía ser. Se mantuvo en silencio mientras se presentaban, pues a diferencia de algunos de ellos, ella si había hablado al menos una vez con todos los integrantes de su mesa. En el intertanto su mente comenzó a trabajar de manera rápida analizando la situación. Ville se había referido al problema de Lavinia y Aitor como un beso que había desatado una tormenta, Lavinia había ido con Bianca y sentía que aquello tenía relación con el incidente de los regalos de San Valentin, y Aitor había asistido con Brielle. En ese momento, abrió su boca levemente en forma de sorpresa e inmediatamente miró a Lavinia. No. No. No. ¿Por qué Brielle? ¿Por qué de todas las mujeres del campus tenía que ser Brielle? No era justo. A Eleanor le agradaba Brielle, era muy dulce y simpática. No podía actuar protegiendo a su amiga si se trataba de esta otra chica. Odiaba no haberse equivocado cuando le dijo a Ville un rato atrás que no habría como aburrise en la mesa. En cuanto sintió el apretón por debajo de la mesa, supo que debía ser más discreta porque hasta el momento no estaba haciendo un buen trabajo “Entonces Aitor…” La última conversación que lograba recordar con el susodicho era cuando le había pedido que estuviera atento a su hermana, pero ya no vivía con ellas por lo que su relación con él se había reducido a prácticamente inexistente. “Hace mucho que no nos vemos ¿qué tal va todo?” Esperando que su mejor amiga no sospechara nada, la neoyorquina estaba dispuesta a analizar al joven si era necesario para obtener las respuestas que necesitaba.
Era un evento cuya invitación parecía haber caído en las manos equivocadas, una mesa que se sentía más ajena que propia y un grupo de personas que entre miradas parecían delatar sensaciones que no representaban. Preguntar no fue buena idea, cuando el nombre de su hermana acabó enredado en una respuesta que no comprendía, mirada fija en los zafiros de la menor de los Donati. No necesitaba preguntar, porque Lavinia dejaba siempre que su cuerpo respondiera por ella —. Eres terrible presentando a las personas, si la pareja estuviera aquí y decidiera golpearte por tus palabras. No los culparía — ah, agradecida estaba de tener entre sus dedos una copa de agua. Lo suficientemente convincente era el evadir fijar su atención en la dupla recién llegada, el clima en el ambiente parecía tensarse sin que ninguna de las partes dijera un comentario en absoluto. La curva de sus labios fue imprudente, revelando la diversión que podría estar prohibida e ignorando todo el escenario dramático que podría conformarse a su alrededor —. Espero que tus planes no hayan sido querer verme sólo para decirme que hay alguien que te cae peor — canturreó, sin prestar demasiada atención a aquella acusación que su hermana lanzaba y dejando que finalmente toda su atención se volcara en los nuevos integrantes que comenzaban a ocupar la mesa —. Aitor… — pronunció fijándose en las claras esmeraldas masculinas y avanzando de la misma manera a las ennegrecidas orbes que portaba la fémina —. Brielle… me agrada lo mucho que se complementan sus vestuarios. ¿Los eligieron en conjunto o por separado? — ah, no sabía si sentía verdadera curiosidad, pero parecía que tocar cualquier otro tema sería terreno peligroso después de las recientes confesiones.
“¿Amigos? Bueno, todos los días se aprende algo nuevo” rodó sus ojos, un comentario que cualquier consideraría amargo, pero que el canadiense se encargó de adornar con una sonrisa efímera. Las acciones que prosiguieron a ello no pasaron desapercibidas para el expresidente, la obvia molestia del portugués, quien usualmente se hubiera carcajeado con el comentario, la exagerada presión de la italiana sobre su pareja de san Valentín, el comentario de la misma hacia su mejor amigo; como si de pronto todos hubieran desaparecido de la mesa común. “En realidad ya la vi hace un rato, creo que fue suficiente si me lo preguntas. Aunque estoy seguro que pronto voy a invitarla a beber algo” añadió con un gesto tenso, su mirada entonces estuvo fija en la morena que menos le agradaba: a pesar de ello, no iba a permitir que la acompañante del europeo se incomodara por el par de muchachas situadas a su costado. “Bueno…” carraspeó, paseando su mirada por cada integrante que componía ese grupo tan extraño. “¿No creen que ya están todos un poco grandes como para seguir con esta tensión? Es decir, no es por nada, ni siquiera es de mi incumbencia, pero tengo que comer con ustedes y la verdad es que comer con este ambiente como que no, me quita el apetito” suspiró, ahora apoyando los brazos cruzados sobre la mesa. “Eleanor, creo que Lavinia puede defenderse sola de las malvadas garras de Aitor, y digo malvadas porque estoy seguro de que algo más que un beso tuvo que haber hecho. Estas escenas son dignas de una infidelidad o divorcio, pero vamos… Es hora revisar sus identificaciones: ¿del noventa y cuánto son?” rodó sus ojos con ligereza, esta vez desviando su atención de las féminas para dirigirse al otro hombre que ahí estaba. “Y tú no mires con esa cara de sapo” sonrió, entretenido. “Es tú culpa andar rompiendo corazones en una secundaria.” bromeó, colocando la servilleta de tela sobre su regazo. “Y ya, den vuelta la página, ¿quieren? Ya pasó, fue un beso sin importancia, Dios. Si yo me comprometiera con todas las personas que beso, mi fama sería asquerosa, casi peor que la de Aitor” otra vez comentó sin cuidado, la confianza era suficiente como para tratar las cosas por su nombre. “Lavinia, Brielle, son de la federación ustedes dos, no conviertan esta universidad en Gossip Girl, por favor” bastante cómodo con el efímero discurso, se enfocó en la única rubia ubicada frente a él. “¿Me alcanzas la botella de vino, Bianca?”
La pequeña caricia de la australiana no pasó desapercibida para el europeo, quién dejó que la comisura de su labio ascendiese en una pequeña sonrisa cuando los labios de Brielle impactaron contra su mejilla. La morena lo conocía hace años, incluso podría adivinar que lo conocía tanto como su mejor amigo y solo un poco menos que su hermana, así que evidente era que buscase maneras de romper con aquella tensión en sus músculos para que pudiese deshacer los puños que había formado con sus manos. Un guiño apenas visible de uno de sus ojos fue regalado a la morena antes de dirigir la mirada al canadiense que hasta hace unas semanas, se proclamaba como la figura más influyente de la universidad, un título que ahora era otorgado a la señorita que únicamente le entregaba miradas fugaces, algo difíciles de interpretar. Tampoco es como si quisiese hacerlo; no tenía la paciencia y menos el humor de ser parte de una disputa en base a cuestiones que pudiesen rozar la trivialidad. Dejó que su mirada cayese por un momento en los oscuros orbes femeninos de la neoyorquina, esbozando una sonrisa ante tamaña interrogante. No había que ser un completo genio para saber a dónde sus palabras iban dirigidas, especialmente si la muchacha se traducía en la mejor amiga de la italiana. “Todo anda perfectamente bien, Eleanor. ¿Qué me dices de ti?” Se atrevió a preguntar, mas su mirada no pareció concentrarse por mucho tiempo en la figura femenina, sino que viajó hacia las delicadas facciones de una rubia que hasta ese entonces, no conocía. Agradeció en silencio la discreción de la desconocida y negó suavemente con su cabeza, dando a entender que sus atuendos no habían sido del todo coordinados. “La verdad es que tuvimos suerte, supongo. No nos organizamos antes.” Mencionó tranquilo, como si no hubiese sido una temática relevante a relucir, mas teniendo en cuenta lo tenso del ambiente, agradeció la inocente intervención de la rubia. Claros ocelos se enfocaron por un momento en la copa que tenía frente a él y justo cuando dio un sorbo, pareció atragantarse cuando escuchó las palabras de su mejor amigo. Inoportuno como siempre, el canadiense era poseedor de una lengua afilada que conocía muy bien, mas le jodía a ratos. Sin embargo, en esta oportunidad, dejó que una curvatura cómplice se apropiase de sus labios, sin atreverse a mencionar palabra alguna. Escuchó todo lo que dijo, lanzando fugaces miradas a su acompañante antes de tomar su mano sobre la mesa con la intención única de que se quedase. No quería que Brielle se incomodase por culpa de terceros. “La verdad, Ville, siempre has tenido peor reputación que yo.” Comentó con cierto aire gracioso, ignorando por completo la presencia de las dos amigas que habían terminado por colmar la poca paciencia de la cual el portugués era poseedor. Palmó su hombro una vez más, haciendo una mueca con sus labios para indicarle que ya era suficiente. “Me da igual si hay gente que quiere hacer de esta una secundaria, con tal que no me incluyan en sus dramas de niños del jardín de infantes, por mí está bien.” Se encogió suavemente de hombros, mordiendo el interior de su mejilla con cuidado. “¿Alguien sabe cuándo comienzan a servir la comida?”