No quería verse necesitado o especialmente vulnerable, pero cada simple gesto del alemán lograba que la cordura desapareciera y a duras penas se veía capaz de mantener la seriedad y conseguir que las cosas no pasaran a más. Odiaría sentir que le devolvía el beso por pena, porque eso era lo que creía que daba. Había metido muchas veces la pata y por una vez quería hacer las cosas bien, sentir que no se estaba equivocando a la hora de tomar una decisión. Sabía que él tenía algo que simplemente le volvía loco, pero contaba con poder mantenerse quieto el tiempo suficiente para estar seguro de que nada de aquello estaba influenciado por lo que el otro ya sabía sobre él.
—Que ambos tenemos trabajos que cumplir y no podemos pasar los días tirados aquí, por mucho que me gustase —sentenció, sin penas antes de finalmente ponerse en pie.
Sintió frío cuando su cuerpo se apartó del ajeno, de pensar en deshacerse del jersey ahora se veía obligado a bajar las arremangadas mangas con tal de no sentir que el aire frío le dominaba. En un par de zancadas ya estaba al lado del piano, pero el otro tomó asiento antes de que pudiese decir nada, le dedicó una ligera sonrisa y simplemente tomó asiento a su lado. Para la canción que debía tocar estaba bastante bien colocado, solo tendría que ser cuidadoso en algunos momentos para no golpear sin querer al otro europeo.
—Esto será una pequeña muestra, te daría un concierto, pero no quiero estar dos horas sin ver esos ojitos tuyos —sentenció antes de alargar la mano a detrás de las carpetas, donde descansaba una funda de gafas, las cuales sacó y se terminó por poner antes de empezar a tocar.
Movió un poco los dedos en el aire y entonces los dejó sobre las teclas, empezando a tocar de forma que sus manos parecían simplemente deslizarse sin ejercer presión. Aunque por el sonido estaba claro que estaba pulsando las teclas. Mientras tocaba estaba concentrado en ello, poniendo un par de muecas al hacerlo o incluso mordiéndose el labio mientras se aseguraba de dar las notas correctas, cuidando en todo momento que ningún mal movimiento le hiciese molestar al más joven.
De momento, el detalle de los empleos le parece algo nimio y sin importancia, una prueba más de que debería de controlarse un poco más. Necesita el dinero, necesita el trabajo, sin importar lo mucho que le gustaría pasar todo el día en compañía del mayor. —Ah, por eso... Es un detalle fácil de olvidar,— comenta con un tono jocoso, en una pequeña broma que escapa con facilidad de sus labios, producto de lo tranquilo que se encuentra, relajado en la presencia del mayor. Basta ver la postura que tiene, de por sí relajada, que se encuentra con las guardias bajas, sin ninguna clase de muro que pueda construir a su alrededor. De alguna forma, sabe que Drake no le haría daño, y espera no estar equivocado al respecto.
Termina acomodándose ligeramente, con su cuerpo ladeado hacia el músico, buscando no perder ningún detalle, ni de las facciones contrarias ni de las habilidosas manos que prometen producir aquellos maravillosos sonidos. No puede evitar sonreír ligeramente, halago que recibe de buena gana y acepta. —Quizá cuando te hartes de verlos podré escuchar un concierto, entonces,— sugiere la posibilidad, una que arranca la sonrisa de sus labios, inevitablemente en aumento cuando le observa colocarse los lentes. La lengua le pica por decir algo, posiblemente algo que incluya un comentario acerca de lo sensual que luce, madurez que aumenta y sienta de maravilla en las masculinas facciones. —¿Te han dicho lo bien que te quedan esos?— termina por soltar, voz ligeramente ronca mientras clava su mirada en los ojos contrarios.
Sin más deseos de interrumpir la interpretación, se mantiene atento a la expresión ajena, sus cejas enarcándose ligeramente con asombro al escuchar la mejor versión que ha escuchado de aquella canción, respiración que contiene y suelta poco a poco en lo que, a todas luces, es maravilla. Puede sentir el sonido viajar por todo su cuerpo, despertando sensaciones en sus terminaciones nerviosas, empujándole a reaccionar. Tal vez no debería, pero no puede evitar que su mano se deslice por la espalda contraria, con la emoción musical despertando la necesidad de mantener contacto, mientras intenta, de todas formas, no irrumpir el movimiento del brazo que tiene más cerca.