Age Ain’t Nothing But A Number: Sobre como las quinceañeras Aaliyah y Brandy redefinieron el pop contemporáneo hace 25 años.
Hace poco veía este documental sobre cómo Robyn, la ahora críticamente aclamada reina del pop alternativo fungió como el primer borrador de la figura que hoy conocemos como la princesa del pop, Britney Spears. Robyn debutó con un exitoso álbum a los 16 años en su natal Suecia y pronto los ejecutivos norteamericanos apresuraron el crossover a USA, donde Robyn alcanzó el Top 10 con los sencillos Show Me Love y Do You Know (What It Takes). Sin embargo, cuando llegó la hora de crear un álbum sucesor, la sueca decidió no ceder ante la industria y luchó por no convertirse en una marioneta… entonces la misión fue abortada y Robyn fue remplazada por una mucho más sumisa y controlable cantante, la señorita Spears. Todo lo que vino después en el pop fue un intento de reproducir el inconmensurable éxito de Britney.
Si bien es más que evidente el papel de pionera que Robyn representa para el pop del último cuarto de siglo, la verdad es que su debut no era tan revolucionario como parece. En Robyn Is Here ya se estaba replicando una figura nacida poco tiempo atrás, un prototipo surgido de las innovaciones del R&B que estaban revitalizando el genero desde principios de la década; Esa figura era la de Aaliyah y Brandy.
Old School/I Dedicate: Los referentes
Como nos han explicado los libros de historia de la música, en este arte nada es nuevo, sino que todo es respuesta de lo que vino antes. En Age Ain´t Nothing But A Number, lanzado el 24 de mayo del 94 y Brandy, publicado el 27 de septiembre del mismo año, cuando ambas tenían apenas 15 años, se conjugaban en mayor o menor medida las revoluciones de la música urbana que aparecían en los años anteriores, combinadas con un nuevo estereotipo de artista que se convertiría en el estándar en los años venideros, el de “la chica de al lado”. Si buscamos establecer sus antecedentes inmediatos las elecciones son obvias: En Vogue, TLC, Janet Jackson (abanderadas del New Jack Swing) y Mary J Blige (la primera exponente del Hip Hop Soul), quienes recientemente habían lanzado sus álbumes seminales Funky Divas, Ooooooohhh… On the TLC Tip, Janet. y What’s the 411?, respectivamente.
Young Nation: El Sonido
Los álbumes representaron el inicio del New School R&B, que bebía muchísimo del Hip Hop, y que evolucionó hasta dar algunas de las producciones más fascinantes de los últimos tiempos (algunas de ellas, como veremos más adelante, lanzadas por las mismas Aaliyah y Brandy).
Sin embargo, por emparentados que parezcan ahora, los trabajos tenían entre si bastantes diferencias. Age Ain’t Nothing But A Number seguía la doctrina de Janet Jackson al ser un álbum más urbano, sensual y provocativo, con apenas unos cuantos tiempos lentos en su minutaje. Por su parte, Brandy se anclaba en la inocencia de la juventud y se influenciaba más de Whitney Houston (quien eventualmente se convertiría en su mentora), al presentar gran cantidad de baladas con la finalidad de mostrar la apabullante habilidad vocal de Nordwood.
A fin de cuentas, la intersección de ambas personalidades daría vida a este nuevo personaje y/o estereotipo, una joven de apariencia inocente e infantil, pero con una sensualidad y sexualidad desbordante, que se convertiría en el molde para la gran mayoría de las novatas del pop a partir de ese momento.
I Wanna Be Down: El Éxito
El triunfo de Age Ain’t Nothing But A Number y Brandy fue inmediato, ambas lograron vender millones de copias tan solo en Estados Unidos y colocaron algunos de sus sencillos dentro del top 10 del Billboard Hot 100. Las críticas también fueron bastante positivas, destacandolas como prematuras renovadoras del R&B.
Inmediato también fue el impacto en la industria: Tan pronto como 1995 ya estaban surgiendo los intentos por duplicar su fórmula: En América, Monica y su Miss Thang, en Europa Robyn y su Robyn Is Here. En ese mismo año, Aaliyah ya estaba siendo sampleada por Madonna en Bedtime Stories y en 1996, Baby de Brandy se duplicaba descaradamente en el primer número uno de Toni Braxton, You’re Making Me High. Para 1997 ya estaban influyendo en la génesis de nuevos géneros como el neo soul, inspirando obras capitales de la talla de Baduizm de Erykah Badu.
Movin’ On: El Legado
Tan importantes como fueron los debuts de ambas, solo eran el inicio de las carreras de dos de las intérpretes más influyentes de la música popular contemporánea (es excepcional cómo su desarrollo fue prácticamente paralelo).
Con sus trabajos sucesores, ambas sentaron las bases de la producción musical del nuevo milenio. En One In A Million de 1996, Aaliyah introdujo al mainstream a dos de las figuras más importantes de los tiempos recientes, por un lado a la rapera Missy Elliott y por el otro al productor Timbaland, quien en el futuro trabajaría con los más grandes exponentes de la música pop. Aaliyah elaboraría junto a él en su sencillo más críticamente aclamado, Are You That Somebody (considerado uno de los pináculos de la manufactura musical moderna) y en su único No.1 norteamericano,Try Again. Timbaland también estaría tras la consola de otros importantísimos álbumes de la década de los dosmiles como Loose de Nelly Furtado y FutureSex/LoveSounds de Justin Timberlake.
Con Never Say Never, Brandy cimentaría su estatus de superestrella al alcanzar el no.1 con los sencillos The Boy Is Mine (dueto con Monica) y Have You Ever, siendo el primero el sencillo más exitoso de 1998. Gran parte de este éxito se dio gracias a la inventiva y futurista producción del jovencísimo Rodney Jerkins, conocido como Darkchild. Jerkins representaría un parteaguas en la creación musical de las últimas décadas. Suyos son clásicos elogiados por la crítica y el público como It’s Not Right But Is Ok de Whitney Houston, Say My Name de Destiny’s Child y Telephone de Lady Gaga junto a Beyoncé.
El inicio del milenio vio el cenit de las carreras de Aaliyah y Brandy. Con su álbum homónimo de 2001, Aaliyah, la artista se ganó un lugar en el canon del R&B al llevar el género a su más compleja y moderna expresión. Por otro lado Full Moon de Brandy publicado en 2002 se ha convertido en objeto de estudio para los vocalistas de R&B, llegando a ser conocido como “la bilblia vocal” gracias a la perfección técnica e interpretativa de las ejecuciones vocales servidas por la cantante en todas y cada una de las futuristas producciones de Darkchild.
Desafortunadamente, el comienzo del nuevo siglo también trajo consigo la caída de las carreras de ambas cantantes. Escándalos personales y falta de apoyo por parte de su disquera llevaron a Brandy a perder popularidad con cada lanzamiento. De forma más lamentable, la trayectoria de Aaliyah fue abruptamente frustrada debido a su fallecimiento en un accidente aéreo en agosto del 2001.
No obstante, para entonces su trabajo ya estaba hecho: En los siete años posteriores a su debut definieron las características de la estrella pop por excelencia, catapultaron a los productores más importantes de la industria y elaboraron obras capitales que quedarán por siempre posadas sobre los pedestales de la excelencia pop.
A 25 años de su aparición en la industria los rastros de su legado son más que evidentes; Desde Cardi B embarazada en su mítico debut en Coachella recreando el look de Aaliyah hasta el prominente sampleo de I Wanna Be Down en Ballin Flossin de Chance The Rapper con Shawn Mendes.
[Cardi B homenageando a Aaliyah en el festival Coachella del 2018]
A un cuarto de siglo de Age Ain’t Nothing But A Number y Brandy, podemos afirmar que Britney no sería Britney sin Aaliyah y Brandy; Drake no sería Drake sin Aaliyah y Brandy; Frank Ocean no sería Frank Ocean sin Aaliyah y Brandy; Arca no sería Arca sin Aaliyah y Brandy; Lizzo no sería Lizzo sin Aaliyah y Brandy… finalmente, la música popular no sería como la conocemos sin Aaliyah y Brandy.













