Es necesario entender y actuar a conciencia de esto: la mente es todo lo que tenemos. Es lo único que hemos tenido siempre y es lo único que podemos ofrecer a los demás. Esto puede que resulte difícil de aceptar, sobre todo cuando pensamos que otros aspectos de nuestra vida deben mejorar (por ejemplo: cuando notamos que no cumplimos las metas que nos proponemos, cuando sentimos que aún no hemos encontrado una carrera prometedora o cuando nos sentamos detrás de una copa de vino tras una ruptura amorosa y pensamos que hay cosas que cambiar en nuestras relaciones personales). Te diré una gran verdad ahora mismo, todas las experiencias que hayamos tenido alguna vez han sido modeladas por nuestra mente. Todas las experiencias habrán sido buenas o malas en la medida en que la mente haya intervenido en ellas. Cuando alguien está constantemente enojado por el pasado, deprimido por lo que cree del futuro, confuso por algún evento en su vida o falto de seguridad en sí mismo o cuando simplemente está concentrado en algo lejos del presente, por muchos éxitos que haya tenido en la vida… no los disfrutará.
Dejame abordarlo desde otra perspectiva. Para la mayoría de nosotros sería fácil escribir una lista con los objetivos que nos hemos propuesto para este año o con los problemas personales que esperamos resolver pronto. Pero ¿Cuál es la verdadera importancia de cada uno de esos elementos de la lista? Todo eso que queremos conseguir, pintar la casa, aprender otro idioma, encontrar un trabajo mejor, entre otras tantas cosas, parecen tener una misma raíz fundamental: son como una promesa, nos promete que, si lo conseguimos, por fin podremos relajarnos y disfrutar de la vida en el presente. Y quisiera decir que, por lo general, esta es una falsa esperanza. No estoy negando la importancia de lograr los objetivos que nos proponemos, conservar nuestra salud o vestir y alimentar a nuestros hijos. Simplemente estoy diciendo que nos pasamos la vida buscando la felicidad y la seguridad sin reconocer el verdadero propósito que se esconde detrás de esa búsqueda: cada uno de nosotros busca un camino que nos devuelva al presente: tratamos de encontrar razones que basten para estar satisfechos y sentirnos plenos “ahora”.
Reconocer que esta es la estructura del juego que todos estamos jugando nos permite jugarlo de un modo distinto y, quizás, más eficiente. Nuestra forma de prestar atención al momento presente determina en gran medida el carácter de nuestra experiencia y, por lo tanto, la calidad de nuestra vida.













