su semblante se mantiene impoluto, intenta mantener ánimo constante y propio optimismo resulta de ayuda para siluetas que se apróximan a la zona de cocina, con lo que pueden crean realidades; quizás, un poco de consuelo durante la tragedia. su mirada desciende, se posa sobre rodilla que es tocada por mano impropia, entonces, rompe distancias con la contraria ofreciendo propia anatomia como soporte. ‘ ¿fuiste a que te vieran eso? ’ ignora cual fuese la respuesta, sería incapaz de abandonar escena sin saber que la contraria no se había alimentado. se preocupaba, sí, y aun más que en rostro impropio se erigiera el cansancio por sobre la sonrisa y carcajada que compartieron; ¿apenas el día anterior? se sentía tan lejos. ‘ no me hagas tomar el papel de militar enojado, boah, o peor aún — ’ baja su mirada para posarse sobre la contraria, justo buscando su mirada. ‘ tratarte como una niña que no quiere comerse su comida, necesitamos que tengas energía ’ advierte, él mismo ( extrañamente ) tuvo que obligarse a tomar bocados vacíos, siendo ahora su tarea aquella; llevarle a quienes le importan un poco de alimento, siendo la contraria parte de su lista. ‘ y tú risueña ’ observa, volviendo su sonrisa tenúe, mano libre se eleva para tomar muñeca impropia, bajando mano hasta su codo, en un intento por ayudarla a mantenerse de pie. ‘ estoy bien, y sí comí, ¿con qué cara acosaría a quienes aún no lo hacen de no haberlo hecho? ’ mueve los misiles constantemente en dirección a terceros, siendo incapaz de enfrentar real naturaleza de emociones que lo mueven. no hay real nobleza en quien pinta todo de colores, tonalidades vivas se vuelven oscuras cuando es la remembranza de su determinancia la que cae en su mente, y lo mantiene cuerdo; es demostrar, castigar de alguna forma a quien hirió a persona más importante en su vida. ‘ oh, él es milki — ’ y su mirada baja hasta el bolsillo de la contraria, era imposible que fuese tan dulce. ‘ ¿cómo se llama? ¿luna? ’ curioso, vuelve ahora a posar sus profundidades oscuras sobre su compañía. ‘ tengo una idea, ¿qué te parece si te sientas, comes un poco y yo te veo tu rodilla? tengo una poción que me dio un maestro, quizás te sirva para calmar el dolor ’ ofrece, preocuparse por terceros y no por él mismo, irónico. ‘ prometo premiarte si comes aunque sea un bocado, milki trae mi botín de estudio en su bolsito ’ le guiña un ojo, recuerdos e historias, es aquel lugar encantado un camino a casa en momentos donde la nostalgia ataca.
“¡Eh! Nadie me ha tratado como una niña pequeña, nunca, y hoy no será el primer día,” señala, ignorando la pregunta interior y pensando en la tía, que nunca fue buena con los niños y por tanto no trató a una Boah pequeña como tal. Ella era una adulta de cuatro años, tremendamente inmadura pero obediente, que hacía lo que su tía le pidiera que hiciese, con educación y sin cuestionamientos. “No tengo hambre, cualquier cosa que me meta ahora... la devolveré,” aquello último casi lo balbucea, posando un puño en su boca que no permite que las palabras salgan claras como las pudo decir. El permanente nudo en su garganta la hace tragar múltiples veces, en lo que ella trata de deshacerse del mismo; resulta una tarea imposible. Mira en otra dirección, y se aleja un poco más, en busca de una raíz más sobresaliente en la que sentarse. No puede sentarse en el suelo, el dolor de la rodilla no se lo permitiría, pero no admite aquello en voz alta. “Luna es la gata,” señala a la felina, que ha alzado la cabeza al sentir el aroma del pescado. Seguro a ella le apetecería mucho más el almuerzo que a su nueva madre. “Este amiguito... su nombre es Roquefort. ¿Crees que se lleve bien con Milki?” estira los labios, aunque el gesto no puede considerarse una sonrisa. Se frota un ojo, y exhala un suspiro. La nueva mención de la rodilla le hace resignarse a que no puede ocultarlo más. Ya se ha dado cuenta. “Bueno, dejaré que me veas la rodilla. Pero no creo que tengas nada para seducirme a comer un bocado, Subin. De verdad, de verdad que no tengo hambre.” Insiste, mirando a su contrario, el rostro un poco tenso mas su expresión es de resignación, o algo similar a ello. “Sólo pensarlo...” se lleva una mano al vientre, y niega, desviando la mirada hacia otro lado. No deseaba mirarlo con el asco que sentía, las náuseas invadiéndola. “Pero... en fin. ¿Qué le harás a mi rodilla, exactamente?”