Una vez un monstruo abrió las puertas de su casa y yo le abrí mi corazón, no me persiguió, fui yo quien fue detrás de él sin saber quién era. Realmente se veía como un ángel. Hablaba como un ángel prometía como un ángel, pero mientras lo abrazaba, me despellejaba el alma en silencio. Si, amé a un monstruo, de esos que con besos te arrancan la identidad, que con caricias te roban la autoestima y sin que te des cuenta se llevan tus ganas de vivir, te dejan vacía sin sueños, sin ilusiones, te dejan prisionera del recuerdo ahogada en lo que pudo ser y nunca fue. Amar a ese monstruo, casi me cuesta la vida, pero escucha esto… no me arrepiento de haber amado así porque amar con esa intensidad no era debilidad, era pureza y cuando entendí quién era él… también entendí quién era yo. Ya no me asustan mis moustros ya no me dominan, ya no pueden convertirme en una versión rota de mí misma, porque nadie puede transformarte en oscuridad cuando ya lo viviste . Si tú decides sanar tu luz, los monstruos no son poderosos. Son personas heridas que aprendieron a herir si tú también amas a uno y casi te pierdes en el proceso este mensaje es para ti… no naciste para sobrevivir, naciste para amar y que te amen. El dolor nació para sanar y volver a ti… vuelve a ser tu





















