honeywallace:
Genial, estupendo, maravilloso. Se tenía que encontrar con uno de los médicos del hospital ahora que estaba así. ¿Por qué? ¿Por qué le tocaban esas cosas a ella? Cerró los ojos e intentó relajarse un poco antes de darse la vuelta. Cogió aire varias veces y fingió rascarse los ojos mientras giraba para secarse las lágrimas. —No, no. Pero… me puse nerviosa con una inyección y me dijeron que me fuera a casa —y no pensaba irse. Quedaban un par de horas para irse y se quedaría.
La rubia no reflejaba, en esos instantes, mucha tranquilidad. El vaivén tan precipitado que dio tras salir y esas pequeñas gotas delatadoras, lágrimas rápidas. Pero aquello era normal en los becarios. Lejos estaba él de querer volver a andar en prácticas. “Entiendo” farfulló, aún con el cigarro sin prender. Girándolo a la derecha, Rocco le lanzó una mirada imparcial, porque tampoco quería darle a entender que sentía lástima por ella, eran gafes del oficio. “Si te sirve de consuelo, la primera vacuna que tuve que poner fue en el trasero de un viejo bastante cascarrabias. Se presentó a los dos días de habérsela puesto, quejándose de que le provoqué un cardenal. Pero, ojo, él se movía más que una pez en el agua.” tras recordarlo, soltó una corta risa. “¿Te gustaría que hablase yo con ellos? ¿Fue Dickinson quién te mandó a casa?”
















