Capullo
Son dĂas asĂ, justo como el dĂa de hoy, pesados, llenos de indiferencia y falta de motivaciĂłn ante las cosas que se me presentan. La presiĂłn de sien a sien, la temperatura en las orejas aumenta, viene la incomodidad en las articulaciones, el ritmo cardiaco cambia al igual que la respiraciĂłn, las manos tiemblan, los dedos pierden fuerza, cuesta sostener un vaso, cuesta coordinar los movimientos para escribir esto.
El clima es insoportable, el ambiente poco tolerable, poco interesante, y si me permito ser honesto, no me llama la atenciĂłn.
Estoy incómodo, es más, no estoy como tal presente, espero a que se me diga o pase algo que capte mis sentidos y estimule lo suficiente como para hacerme salir de este estado.
No estoy siendo receptivo, solo oigo (no escucho) las diferentes combinaciones de los ruidos que me rodean, de las palabras que salen de personas presentes, del lugar donde me encuentro, no me dicen nada.
Tal vez tenga que ver con qué soy necio, renuente, terco a las ideas que se me presentan o simplemente no me gusta, todo me parece muy pesado, muy cuadrado, muy básico, todo lo que se dice “es” y asà tiene que “ser”, y no, eso no me va, va en contra de las cosas que pienso, del estilo y ritmo de vida que llevo.
Me considero una persona que sabe adaptarse muy bien, pero no aquĂ, no logro hacerlo.
Me leo y puedo descubrir tres variables, no puedo, no logro y no quiero hacerlo, esta Ăşltima habla más de un capricho mĂo más que de cualquier otra cosa ya que me permite justificarme de forma tonta y absurda (por no decir pendeja) para alimentar mi ego dándome la razĂłn al estar asĂ.
La dinámica de este grupo es aburrida, tanto que ahora nencosnidero aburrido, un sujeto más, aburrido en pun lugar en donde no quiero estar.
Me abruman las cosas que dicen, sus bromas, sus discursos, sus actitudes, sus indirectas, sus directas.
AquĂ, justo en este momento soy intolerante, me siento atrapado, incapacitado para moverme, para hablar, ver o pensar en algo que no me presione a querer retraerme o que me anime a querer retirarme.
Y no, nada de esto es personal, al menos nos de mĂ hacia a alguien en especĂfico. Es el momento.
Afortunadamente para mà suerte me encuentro sentado al lado de la puerta, tengo el poder para abrir y cerrarla, es por esto que la mantengo ligeramente abierta para que por lo menos una pequeña brisa entre y me refresque, este pequeño detalle me permite no sofocarme y sentir que en cualquier momento puedo salir, puedo ser yo a en todos mis aspectos y no solo en el que me encuentro reprimido . . .














