silasvernon:
airavernon:
elijxhvrn:
“Me lo dejó a mí porque claramente sirvo más que ustedes, lo que pasa es que no saben valorar el puto esfuerzo que hago aquí” contradice, griterío ajeno que lo impulsa a arrojar herramienta que posee en diestra al suelo. “Malditos mocosos” suelta en murmuro, hastiado, y se da la vuelta por un momento, dando pasos en dirección contraria, porque enfrentar a su hermana solo incrementa la furia que guarda dentro. Densa palabrería que retumba en su cabeza; ya la ha escuchado decir eso antes, más aprieta los dientes y cierra los puños como si se tratase de algo nuevo para hacerlo rabiar. “A buena hora papá nos dejó, para no tener que seguir aguantándolos.”
sabía que no eran la familia perfecta, que más bien no podían estar más lejos de serlo, pero a aira le gustaba saber que tenía un lugar al que pertenecer. a pesar de las deudas, las peleas y todos los problemas, el saber que tenía a sus hermanos le reconfortaba. detestaba cuando los demás peleaban, detestaba cuando ella peleaba, aunque no era muy recurrente ésto último. había escuchado al par desde su lugar, tratando de llamar la menor atención posible. sí, comprendía el por qué tea estaba enojada, ella también lo estaba, pero siempre que la mayor se enojaba las cosas pasaban a más—. basta los dos —dijo, elevando la voz mucho más de lo normal—. tea, tienes razón en todo lo que has dicho, pero podrías haber sido más dulce al decirlo —y sabía mientras lo decía que sus palabras eran absurdas, dulce y tea no iban de la mano—. y elijah, ¿estás bromeando? lo único que haces es lamentarte por lo mala que es la vida y gastarte todo el dinero que hacemos entre tea, silas y yo —soltó, recordándose una y otra vez que no podía llorar. ni siquiera en situaciones así, cuando su cabeza le gritaba que era lo que necesitaba—. ¿para no tener que seguir aguantándonos? ¿sabes lo que estás diciendo? espero que no haya sido más que un comentario inoportuno… —las palabras del muchacho le habían dado justo en una herida que nunca había terminado de sanar, haciendo el daño más profundo.
Silas estaba en el fondo de la casa escuchando la radio en la estación de siempre, que pasa éxitos de rock de antaño pero ahora hace sonar un tema de Marley y los Wailers. Lo entonaba bajito entre los animales. El pájaro que rescató hace ya años y que nunca más volverá a volar, porque le quedaron jodidas las alas después de la caída, muy a pesar de haber puesto todo de sí, para que mejorará estaba durmiendo, y algunos de los gatos lo miraban con ojos de hambre. Un perro echado al lado suyo y otro felino se restregaba contra el pantalón cuando empezó a escuchar voces adentro. No una sola, y todas familiares. Eso, sabe, es sólo desastre.
No quería, pero dejó las cosas, apagó la radio, se levantó y se puso a caminar con un suspiro, percibiendo las frases más comprensibles mientras se acercaba por el pasillo. Cerró la puerta porque por supuesto que todos los animales quisieron seguirlo, tuvo que poner el pie contra el marco para evitarlo, y siguió andando. Adentro la situación está escalando en su potencia y alcanza oír a ir Aira tratando de poner un poco de mediación. Es un caso perdido, o al menos lo aparenta, pero el segundo de los hermanos siempre, al igual que la menor, busca hacer lo mismo, dar una vuelta a todo. Sin embargo, le cuesta muchísimo más. Elijah sabe sacarlo de sus casillas, muy a pesar de sus intentos porque no sea así, y desde la muerte del padre las cosas están en declive más que intenso, y Tea, que es de lo más dura a veces, tampoco saca mucha ventaja con sus respuestas… ¿pero acaso alguien lo hace?
—Ey, ey —empieza. A la maldición que quiere soltar se la traga. —, ¿qué comentario inoportuno? —Y vuelve la vista al mayor, frunciendo el ceño, luego a Tea. — ¿Ahora qué pasó?
el estruendo que provoca accionar del mayor no le mueve ni un nervio, son más bien sus palabras las que encienden aún más su rabia. “¡por favor, elijah! ¿en qué jodido universo --” pero corta la oración, porque larga una risa amarga e irónica, como si su sorpresa fuera tanta como para terminar de articular palabras. inaudito. no puede creer que el más irresponsable de todos tuviese el descaro de proyectarse como si fuese mejor que ella, o aira, o silas. en ocasiones quería sacarle las llaves y no dejarlo volver a dormir; o echarlo a patadas de ahí, pero sabe que de escalar aún más sus discusiones, podría terminar muy mal entre ellos dos. se tiene que morder la lengua para no mandar a callar a su hermana menor. siempre ha sido cuidadosa con su trato respecto a ella, temiendo herirla con su brusquedad.
se gira para mirar a su hermano que recién llega —se marea en el proceso, pues la cabeza comienza a sentirse tensa y por consecuente, adolorida, pero se guarda cualquier expresión o queja— “pues que este idiota no tiene un gramo de responsabilidad” insiste. “nosotros nos tenemos que quebrar la espalda para que el hombre de la casa se pueda ir a emborrachar y pagarse unas putas— porque ninguna mujer en su sano juicio se metería con esta escoria” señalando al ojiazul, dispara veneno sin filtro alguno. ella no era perfecta tampoco, pero la furia la estaba llevando a ese extremo donde ya no puede detenerse. da un par de pasos en dirección al mayor, incapaz de controlar sus impulsos, y con el deseo de que la encare. “y luego tiene el descaro de culparnos por lo de papá” otra risa ácida cae de sus labios, su tono comienza a decaer pero no deja de ser amargo. oh, está muy lejos de aplacarse. va a necesitar de mucho más que un par de palabras por parte de silas y aira. “que te den, imbécil. la próxima vez que vengas borracho o no te presentes en el taller, voy a cambiar la puta cerradura de este chiquero”
















