Quiero que en este post te descargues, que le escribas a esa persona que extrañas siempre pero mucho más en las fiestas. Quiero que te saques un poco de ese dolorsito. Intentalo, aliviate un poco. Dale ese regalo a tu alma.
Lya
Feliz navidad.
Te lo digo con el mismo tono en que te felicito por tu cumpleaños: Lo importante no es este dĂa, sino que has sobrevivido otro dĂa.
Espero que en este punto la vida haya dejado de ser para ti supervivencia y se haya convertido en goce. Pero como hace tiempo que ya no puedo saber esas cosas de ti, me alegro de tu supervivencia: Felicidades porque estás vivo, eso es suficiente para aportarme felicidad.
Felicidades en tu rincĂłn de mundo, sea donde sea.
Últimamente todo lo que te digo suena a despedida, y dado que me niego a verdaderamente decir “Adiós” de frente, eso me da pie a una despedida enormemente larga.
Ya sabes que te quiero, y planeo quererte siempre.
¡Sé feliz!
O sé miserable, si eso te hace feliz.
Feliz año nuevo.
Pienso en Viveros y en la forma en que abrazarte y mirar hacia los árboles como si fueran el infinito se siente como el punto de no retorno. Y me gustarĂa susurrarte que, por favor, te alejes.
Es verdad que no te deseo nada bueno, pero tampoco te deseo nada malo. La verdad es que me heriste. Esa es la Ăşnica verdad sin restricciones que tengo: A secas, me heriste. O me heriste a secas.
Me gustarĂa decir que me aportaste cualquier medida de felicidad que compensara la sensaciĂłn de un cuchillo frĂo atravesándome, pero no fue asĂ.
Simplemente, no fue asĂ.
Sé lo que quieras ser, pero en la otra punta del universo. Honestamente, ya pensé en tus sentimientos demasiado. Es suficiente.




















