Un día de esos chingones que Alaíde le regala a veces a Alaíde. Me desperté, me bañé, estuve lista, esperando... Mi dupla me canceló, le tuvo miedo al sol, le tuvo miedo al cansancio, quién sabe, pero no me achicopalé, bueno, sí me achicopalé pero dije: Sácate adelante, Alaíde, en este juego vas sola. Y fui sola.
A los primeros veinte minutos ya me había perseguido un gato, y eso me mataba de risa, ¡un gato! A lo mejor había crecido con perros. A lo mejor sabía cosas que yo no. Pero me persiguió, y era un tuxedo, y le dije: Señor, ¿qué hace usted trabajando en domingo? Y me dejó tranquila.
Luego le gané a un tren que quería colapsarme la mañana.
Luego me encontré a mi amigo Craig, que siempre es bueno verlo, aunque no sabría decir por qué.
Luego vi una paloma güera entre un monton de palomas grises, vi una rata bebé, una ardilla atarantada, un conejo, todos los árboles floreados de Houston, una isla de garzas, dos bluejays coqueteando, un homeless con bandera de odio, dos ciclistas que me provocaron envidia porque pensé que eran dupla y a mí la mía me había plantado pero que luego vi que no, que eran dos morras solas, dos de las mías, si eso tiene sentido.
Me senté a leer en el parque de siempre. Nadie ha regresado las bancas a su lugar, están como yo las dejé la semana pasada. Vi a la misma señora que pasea un perrote, leí un libro distinto del que había leído siete días atrás...
En el pasaje de una abuela con demencia se me apareció la mía, así como viene ella, como catarina, a las que Julieta llama vaquita de San Antonio.
Luego vi una fiesta nacionalista (me regalaron agua, mejor dicho la pedí), vi que en el librerito de esa zona siguen ahí puestos los que yo he donado, vi una brujería en una reja, un parque de patinetos, un montón de grafitis que no registro por miedo. También vi los despojos de la pirotecnia de ayer, pala madre, se quemó pólvora como para instaurar el calderonato, cajas y cajas y cartuchos y cartuchos, todo botado junto a latas de cerveza y balas de una 38.
Y total que regresé contentísima, pasé por tamales, me comí todos mis lunches... y en la noche perdió México.
(Pero había ganado Torito).