Acquired Stardust
i don't do bad sauce passes
noise dept.
Keni
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
Mike Driver
almost home
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Monterey Bay Aquarium
Not today Justin

roma★
DEAR READER
Jules of Nature
todays bird

Show & Tell

cherry valley forever
seen from Malaysia

seen from United States

seen from Germany

seen from Mauritius

seen from Netherlands

seen from Philippines

seen from Germany
seen from United States

seen from Türkiye
seen from United States

seen from Germany

seen from United States

seen from United States

seen from Malaysia

seen from United Kingdom
seen from Germany

seen from United States

seen from United Kingdom
seen from Australia
seen from United States
@amiguiz

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Inteligentísima, esta inteligencia.
Ayer fue uno de esos días en los que aconteció de todo. Primero, amaneció lloviendo, lo que significa que amanecí con miedo de que se me cancelara mi rodada. Pero no. Empezamos a las siete. Lo que sí es que yo ya estaba medio cansada porque el viernes también había estado larga la rodada, y mi bici ya estaba medio cansada porque he estado posponiendo darle mantenimiento a los frenos, pero bueno... empezamos. A la hora de haber empezado me ponché. Y justo acababa de regalarle mi válvula a Gabi el día anterior. Y justo ella había pensado en traerla, pero no lo había hecho, y entonces no teníamos válvula y tampoco teníamos bomba y todo fue desolación. Pero apareció un muchacho y volvimos a creer en el patriarcado porque nos arregló la bici amablemente (mayoritariamente amablemente pero igualmente levemente condescendientemente), y pudimos continuar la rodada... Pero a los pocos metros me di cuenta de que le había colocado mal la llanta y entonces volví a detestar el patriarcado. En fin. Acabamos en el taller y en la tienda de deportes y luego llegué a mi casa y me dormí en la tina y en la noche fuimos a un partido de futbol que estuvo aburrido durante 90 minutos pero que al minuto 91 se puso buenísimo (¡¡¡¡buenísimo!!!!) y nuestro equipo anotó en la portería que teníamos justo enfrente. En fin, una gran noche. Ahora voy a rodar lo que no rodé ayer por dichos motivos, adiós.
Ire'ne dijo algunas cosas.
Dijo que un día se dio cuenta de que podía escribir en inglés como le habría gustado escribir en español.
Dijo que Toni Morrison y la white gaze. Dijo que no necesitamos diluirnos para que nos entiendan los gringos. No necesitamos escribir para ellos (si tenemos una tradición lectora entre nosotros).
Dijo que su taller se llama Forget Discipline. Que todas estas modalidades de la disciplina del escritor son occidentales y no necesariamente aplican a nosotras. Y yo pensé: Lo de escribir to-dos-los-dí-as... pero ¿y los días que paso cinco horas hablando con mi amiga? Esos días también escribo.
¡Ya no tengo pretextos para no escribir!
Ya no me estoy cuidando de nada, salvo de todo.
Estos días pienso mucho en mi abuelita. Vivo sola en un palomar, caliente en verano, frío en invierno (intuyo), medianamente ordenado, presumiblemente limpio. No hay cucarachas, pero hay arañas. Nadie me molesta, ni mi propio reflejo. Estoy a gusto. Escucho mis trovas, alzo las piernas, fijo la mirada en el ventilador del techo hasta sentir que los ojos se me pierden. Salgo a rodar y me pierdo yo, yo sola una sola locomoción, la fuerza de mis ochocientas piernas.
Los gringos dicen: Enjoy yourself.
A eso me dedico. A disfrutarme a mí misma.
Pienso en mi abuelita en su palomar de Convento 333. Imagino sus discos de vinilo, las mismas trovas, el mismo ventilador de techo, arañas, su reflejo.
Quisiera decirle que me he convertido en mí misma, en sí misma, que me la voy apropiando, que entiendo cómo se siente (¡de bien!) estar sola, vivir a la medida de la propia piel y sin nadie que te moleste.
A veces me mira con sus ojos de catarina, la saludo y ella sale volando, y sigo volando yo.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Me quejé a mí misma: en esta casa no hay animales. Extraño a la tropita de perros, extraño al gato Banano y a los pájaros del árbol. En eso llegaron las arañas. Animales hay, nomás no son los que a mí me gustaría. Metáfora de todo.
Estampas del valle, de Rolando Hinojosa
Otra cosa que aconteció es que ayer bordeé el lago Washington en bicicleta, todo el camino que se llama no sé cómo, luego todo el camino que se llama Shammashika o algo así, luego toda la 520 con sus subidas y maravillosas bajadas. Y cuando venía encima del agua, en el puente de concreto que es un sueño para todas las ciclistas, se me posó una catarina en el brazo y me acompañó algunos metros.
Le dije: nomás no me orines.
Le dije: ¿eres mi abuelita?
Y la catarina comenzó a caminar hacia arriba, y me vino a la mente un recuerdo en el que no había pensado en años: que mi abuelita me caminaba un dedo por el brazo hasta llegar a la axila, y me decía que era un conejito comiendo (pastito? hierbita?). Al final me hacía cosquillas.
Entonces le dije: ¡sí eres!
¡Abuelita, lo hicimos! ¡Lo logramos! Logramos el doctorado y bordear el lago Washington.
También le dije: gracias por los libros.
Luego en un tope salió volando.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Ya debería poder escribir. Veamos.
En el último vuelo que tomé a Seattle, me tocó junto a una señora mayor, amable, que me contó que se la vive, igual que yo, micha y micha. Tiene dos hijos, uno allá y el otro acá. En Seattle vive no sé dónde. En Houston vive en Magnolia, cerca de mí. Venía leyendo algo. Le costaba la movilidad pero seguía fuerte.
En el vuelo de antier, me tocó junto a un techbro hiperactivo, altísimo, que se metía pastillas a la boca como si se estuviera metiendo cocaína. De hecho, en algún momento se paró al baño y volvió más agitado que antes. Cocaína. Antes de despegar, le había mandado un mensaje a una muchacha con nombre étnico, musulmán o indio, no tuve tiempo de corroborar, y le había dicho: "If wifi doesn't work, I'll go insane". En el camino, vine leyendo el libro de Juania Sueños (qué tremendo, por cierto) y él vino platicando con una inteligencia (qué rara frase, "una inteligencia", pero así fue: una inteligencia artificial; entre los dos armaban un informe de seguridad de no sé qué vergas). El internet se le caía a ratos y se desesperaba. Fidgeteaba (no sé cómo decir "tamborileaba", le entraba la temblorina) y clavaba la mirada en mi libro. Malditos techbros, entitleados, ni siquiera disimulaba.
Los poemas de Juania tienen títulos como "dismorphia", "sex beast", "undocumented"... En algún momento el techbro me pregunta, sonrisa amplia, consciente de su perfección occidental:
Can I ask you a question? What is your book about?
Me río, porque en esa pregunta está confesando su metichismo, y le contesto, de buenas pero sin gran interés: Trauma. It's a poetry collection.
Trauma?
Yes. It's a hybrid text.
Le enseño las fotos, las erasures, los collages.
Childhood trauma, and more. She was undocumented.
No sé para qué le digo esto.
Me mira sin quitar su sonrisa y dice "Okaaay".
Me quedo pensando en el superpoder que adquirí el día que dejó de importarme la validación masculina. Me liberó, es cierto, como también me liberó volver a usar ropa grandota, como en la infancia, y ademanes masculinos, como en la infancia. Sin embargo, también perdí una cualidad performativa. Y, a lo lacaniano, el desinterés es recíproco. De alguna manera medio intuitiva, medio mágica, pienso, el techbro sabía que su mandíbula cuadrada no tenía el menor efecto en mi persona. No el que tiene sobre la población normada. Hay algo ahí que me resulta más dificultoso. Era inconveniente para mí, sí, claro, sobre todo a la larga, pero la verdad que a veces era más fácil navegar con putifalda... ¿me explico?
Le mostré esta foto a Ingrid y me dijo: Mira qué lindo, parece que tu mamá te está mirando.
Se alinean los astros, lo que es decir: se me alinean dos compradores y en cuestión de veinte minutos despacho dos artículos que tenía arrastrando desde hace dos mudanzas. Primero, las guayaberas que Codelo no se puso ni se pondrá. Hay que dejar de comprarle. Mejor dicho: ya dejé de comprarle. El grandote que las compró me contó que nunca había tenido una, pero que el sábado es cumpleaños de un tío que pidió que llevaran guayaberas. Me dijo que venía de lustrar sus botas allá por la pulga y aproveché para preguntarle si conocía un zapatero, porque tiene rato que Caro me anda preguntando por uno. Total que sí.
60 dólares y un buen contacto.
De inmediato viene otra compradora, interesada en las blusas huaves que vengo cargando desde hace cinco mudanzas, "las blusas del doctor", las llamo, porque fue un doctor el que me las dio. Y esa muchacha trabaja cortando el pelo, algo que necesito, y su novio es promotor de grupos de rock en español, algo que no necesito tanto, y trae actitud de querer hacer amigos, algo que siempre necesito.
80 dólares y una amiga peluquera.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
A lo mejor soy minimalista y, como prefiero el blanco por sobre los demás colores, no es miedo lo que le tengo a la página, sino respeto.
No sé por qué ya no puedo escribir. Dice Gaby que mi cerebro sigue puesto en el proyecto que tengo abierto, en la tesis que tengo que defender y en la novela que tengo que terminar; pero me parece increíble (aberrante, absurdo, ilógico, estúpido) que no sea capaz ni siquiera de narrar algunas impresiones que me cruzan por la cabeza.
Ni siquiera cuando en mi monólogo secreto me aviso: escribe esto, Ala, Alaíde, anótalo, Alaíde se te va a olvidar.
Tengo, por ejemplo, el pensamiento de que en Seattle todos parecen marineros. Todos parece que se acabaran de bajar de un barco. Medio hinchados, pero hinchados de sol y sal, hinchados no de adentro sino de afuera. Los suéteres. El caminar. La familiaridad con el pescado y el pan. Pueblo de marineros y prostitutas.
Increíble que no haya logrado escribir mi texto sobre Veracruz y que me halle, una vez más, reciclando, pasticheando de aquí y allá. Pero en estos textos el eje casi siempre es la propia voz, ¡y ya no quiero usar mi voz! Ay, qué desgracia.
Llegué al mismo tiempo que mi pollo del HEB.