Dicen que ella fotografiaba el cielo buscando el amor que se llevĂł el altĂsimo.
Cada vez que alcanzaba la hora del crepĂşsculo encontraba esa mirada que ya jamĂĄs verĂa.
O si en su vagar la atrapaba el despuntar del alba, creĂa ver esas manos que nunca volverĂa a tocar reflejadas en las nubes.
Cuentan que un dĂa, entre los canales de una antigua ciudad, viĂł un atardecer que le dijo a su corazĂłn "no llores mĂĄs, que te amo y estĂĄ todo bien"...
Ese dĂa las lĂĄgrimas no fueron de pena sino que de alegrĂa de encontrar el lugar favorito y la hora favorita.


















