🌌 🧑💻 ♂️ @asearrochile | No se puede asegurar que somos libres sin antes garantizar oportunidades🔭 Los extractos acá dejados pueden o no reflejarse en futuros tomos, pues, vienen de escenas oníricas, de sueños y no siempre hay coherencia entre estos.
Los números son exactos. 18 años dura un ciclo nodal. La promesa celestial rota de hace 18 años, por fin cumplió su fin.
O eso pensaba Pankaray, después de cortar el hilo, entendió que Lari nunca pudo sostener el Yanantin prometido cuando aún eran niños:
El sol de Pankaray iluminando el camino a Lari para llegar mas lejos y la luna de Lari permitiendo a Pankaray mayor profundidad. Ese vínculo sagrado de nodos cruzados, que una vez pareció un destino sellado por las estrellas, se convirtió en una carga que solo uno de ellos estaba dispuesto a honrar ... a eso hoy le dice adiós.
La duda se convierte, ¿Quién sería ella ahora en adelante? ¿Quién querrá ser ahora que ya no carga con el destino de Lari en sus espaldas?
A veces se tienta en mirar el pasado, la vida le puso una sombra a Lari para evaluar su integridad, mientas que a Pankaray fue evaluada su auto valoración.
Ambos iban en picada, Lari prefirió a Ukhu Pacha mientras que Pankaray permitía esa nueva realidad sin declarar el término. Aparecieron enfermedades, desgastes, problemas y más problemas. Parecía que no iba a acabar nunca.
Pankaray despertó primero. Pankaray se ajustó la bolsa en su espalda, un gorro para el sol y salió para abandonar la geometría triangular de su vida.
«Abandono el cobro de cualquier deuda, me doy por pagada con esta enseñanza».
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¡Comunidad AseArro en Chile: Démosle fecha al segundo encuentro presencial del año!
Elege la fecha en:
http://tiny.cc/asearropresencial
Puedes modificar tus respuestas hasta este lunes 27 de julio.
¡Volvamos a reunirnos en Santiago de Chile, ya que la primera junta fue muy entretenida!
Responde la encuesta y cuéntanos tus intereses y necesidades para coordinar el próximo encuentro durante la primera o segunda semana de agosto 2026.
🥰 Por favor, responde esta encuesta para que organicemos una experiencia amigable para todes.
🔒 Tu respuesta es confidencial.
🗓️ Esta encuesta se cerrará el Lunes 27 de julio, 2026, para comunicar los resultados el Martes 28.
💚Nota: Esta junta cae en el mes del "Día de la Visibilidad del Espectro Arromántico" #ASVD por su sigla en inglés. Más información sobre esa fecha con @aromanticspectrumday y en https ://aromanticspectrumday.net/en/home-english/
Lindas palabras salen en mi calma que endulzan y sirven como un suspiro de vida a quienes llegan con angustia envueltos en hilo curado. No todos, pero cuando llegan, mis manos ya han aprendido a tomar con cuidado.
Sutiles movimientos que desenredan lo que parece ser para cortar y sin embargo, solo requería un poco de paciencia y descansar.
Es la incoherencia de dar para otras personas lo que para mí intentan dar y sin embargo, no lo siento de verdad. No porque crea que me están mintiendo, bueno, algunas personas sí, contadas con los dedos... Pero porque sus acciones y palabras son incoherentes con el relato que sostuvieron cinco minutos atrás.
Y bueno, cuando escribo sobre el sentimiento de mentira, es algo más de adentro, como si tuviera un equivalente de armadillo a mi lado que además de soltar palabras intrusivas, me ha sacado el corazón para no volver a caer nunca más en alguna extraña estrategia de Catán para ganar territorio.
Yo sé que por fin estoy fuera de las ligas para ser reducido a un mero objetivo de conquista eterno inalcanzable que después desechan porque nunca dí el paso siguiente... Pero es como si no me lo terminase de creer que sí he logrado relaciones de verdad... Porque luego aparece quien te hace sentir especial a través de una promesa de familia, también se suma un hacker al que no le pediste la información y sin embargo, decide hablar porque estás a punto de convertirte en el equivalente de Ariel pero en masculino dando tu voz a cambio de pisar tierra mientras miles de agujas tocan las plantas de tus pies.
Gracias a eso último, cuando descubrí la traición, supe que debía cortar todo. Con dolor, pero lo hice.
Este mes se cumple un año desde que le dije adiós posiblemente a la primera persona con quién establecí un vínculo sexoafectivo sincero sin desarrollar una dependencia o que más bien... No aplicó una extraña estrategia de consumir todo mi tiempo hasta el punto de aislanos. Logramos acompañarnos en nuestros proyectos mutuos, como también acompañarnos por separado, compartimos el amor por los gatos y la naturaleza en general, disfrutamos leer sobre neurociencias, sistemas de mejoras y luego estábamos ambos echados en la playa comiendo pancitos chinos hechos al vapor rellenos con atún y mayo mientras deleitamos el robo a pico armado de las gaviotas. No compartíamos el mismo idioma en tantas cosas que mas de una vez me sentí solo dentro de la relación y así, me reconfortaba ver un futuro de a dos con la eventual descendencia.
Nadie tiene la obligación de acompañarme en esta reflexión porque además mis amistades estaban chatos de verme permitir situaciones que no correspondía por milésima vez. Pero tampoco se los voy a echar en cara ni volver con un tema que debiera estar cerrado. Yo soy un eterno agradecido de que mis amistades reaccionaron. Y ante eso me fue más fácil reaccionar para cortar de raíz.
Las personas prefieren ponerse unas vendas en los ojos antes que verbalizar las señales que les causa ruido de la relación, y no les culpo, muches reaccionan a la defensiva ante un consejo no solicitado como también existe la política de no dar estos mensajes a menos que te lo pidan... ¿Pero por algo puedes preguntar si alguien acepta comentarios o consejos, no? Por eso siento tanto agradecimiento a las personas que hoy me rodean de cerca, mi lealtad es con ellos antes que con cualquier otra persona que he conocido en el camino.
Y yo sé que Álex era inevitable, lo sé, pero tal vez todo podría haber sido menos trágico y traumante para la existencia de esta persona que está escribiendo y sin los coletazos a la familia que solo me querían ver feliz.
No puedo extrañar a las personas tibias que insistieron hasta el último momento en un nombre que ya está muerto. Dicho castillo construido en las nubes no tenía como soportar más la base de ideales incoherentes con los recuerdos, o sea, sí, la genialidad estuvo en torcer las emociones de una manera increíblemente elegante. Es triste, porque al final la primera persona que hizo luz de gas, fue si mismo.
Y cada persona que se quedó en esos 18 años, solo profundizaron dicha disonancia entre lo que se siente y como se decide actuar.
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Dejando de evadir el tema central:
Yo no sé si la persona que ha desaparecido hoy seguirá en mi vida mañana, pero un día sin ella es una soledad epistémica que no se cómo afrontar después de un año conversando todos los días, casi todo el día durante muchos días, un poco menos otras veces... Construimos una rutina.
No hace falta que sea una relación sexo afectiva como mi última relación formal con el contacto físico y proyección de familia, solo me basta con saber que ella y yo somos dos compañeros de un viaje ocurriendo en paralelo, y no contra el mundo... Es con el mundo, a través del mundo, en coherencia... A través de la suma sin restarnos cosas del mundo del otro... Pero no está.
La extraño mucho, no sé que pasará mañana, pero ojalá poder recibirla como se lo ofrezco siempre y acompañarnos mucho tiempo más.
O tendré que volver a empezar, y estoy cansado de regresar a la casilla de inicio.
Si en 32 años solo he conocido a dos personas con quienes sentí esto, entonces, no puedo pretender encontrar una tercera oportunidad hasta quizás otros 18 años más.
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Había una vez un niño llamado Zeta que se encontró con el príncipe de las Zancadillas.
Más de una vez, en realidad.
La primera vez se lastimó una rodilla. La segunda fue la otra. Después vinieron los codos, las manos, alguna que otra costilla y partes del cuerpo que Zeta ni siquiera sabía que podían doler hasta que tocaron el suelo.
Con el tiempo aprendió a caer.
No porque quisiera, al más estilo Sylvester Stallone o cualquiera de aquellos actores subiendo eternas escaleras en las películas de los 80s.
Es que más bien, uno aprende esas cosas cuando sabe que probablemente volverán a ponerle la zancadilla.
A apoyar primero las manos. A girar un poco el cuerpo. A proteger la cabeza. A reconocer la sombra de las piernas largas antes de que aparecieran en la esquina.
Siempre intentando que el siguiente golpe contra el suelo doliera un poquito menos.
Y, como todas las heridas, algunas cerraban bien.
En otras, quedaba la cicatriz.
Zeta las miraba de vez en cuando, pero tampoco tenía demasiado tiempo para hacerlo. Cuando uno está ocupado tratando de no caerse otra vez, contar cicatrices parece una actividad bastante poco urgente.
Hasta que un día, muchos años después, Zeta consiguió los medios para irse.
Se mudó lejos del príncipe de las Zancadillas.
Consiguió el trabajo que alguna vez había imaginado. Conoció personas. Escribió historias. Investigó cosas rarísimas a las tres de la mañana porque necesitaba entender cómo funcionaban. Encontró injusticias y, en vez de hacerse el leso, hizo ruido. A veces demasiado ruido.
Y lo más extraño fue que, por fin, nadie le estaba poniendo la zancadilla.
Qué alivio.
Solo había un pequeño problema.
Ahora las cicatrices picaban.
Zeta no entendía nada.
—Pero si ahora estoy bien —decía, rascándose una rodilla.
Las cicatrices picaban igual.
—Pero si el príncipe está a kilómetros.
Una punzada en el codo.
—Pero si ya no me estoy cayendo.
Y cuando intentaba caminar más rápido se daba cuenta de que cojeaba.
Era curioso. Había pasado tantos años preocupado de sobrevivir a la próxima caída que recién ahora, cuando ya no estaba cayendo, podía sentir cuánto le dolían todas las anteriores.
Mientras lavaba la loza, le gustaba pensar como habría sido su vida sin este problema.
Pensaba que quizás existía en alguna línea temporal algún Zeta que nunca hubiera conocido al príncipe de las Zancadillas y que, si lograba encontrarlo, podría preguntarle cómo se suponía que tenía que haber sido su vida.
Ahí fue que ocurrió algo extraordinario.
Zeta descubrió que si movía la esponja en dirección contraria a las agujas del reloj podía viajar por el tiempo.
No preguntaremos por qué.
Así funcionan estas cosas.
Zeta quedó pa' dentro.
Era perfecto.
Ahora sí.
Volvería atrás.
Encontraría al pequeño Zeta antes de llegar al mercado.
—¡Por acá no! —le diría—. Anda por la otra calle.
Y así lo hizo.
Lavó un plato hacia la izquierda.
Volvió atrás.
Salvó una rodilla.
Regresó al presente.
Miró su pierna.
La cicatriz seguía ahí.
Así que tomó otro plato.
Otra vuelta.
Otra calle.
Otra zancadilla evitada.
Volvió.
La cicatriz seguía ahí.
Entonces empezó a lavar la loza como un desquiciado.
Un plato.
Una taza.
Una olla particularmente difícil.
Una línea temporal tras otra.
En una, Zeta nunca conoció al príncipe.
En otra, alguien apareció a tiempo para defenderlo.
En otra, el príncipe recibió su propia zancadilla y decidió que quizás andar tirando niños al suelo era una pésima forma de pasar la tarde.
Zeta salvó a un montón de Zetas.
Pero cada vez que regresaba a su cocina, con las manos todavía mojadas y la loza cada vez más limpia, seguía siendo él.
Las mismas cicatrices.
La misma pierna.
La misma forma extraña de caminar.
Y entonces algo dentro de Zeta se rompió un poquito.
Porque en una de esas líneas temporales encontró al Zeta que había estado buscando.
Al que nunca se cayó tantas veces.
Lo vio caminar sin cojear.
Quizás tenía algunas de esas cosas que nuestro Zeta había imaginado que tendría a esta edad. Una familia construida. Una vida distinta. Menos tiempo dedicado a preguntarse cómo habría sido todo si hubiese doblado por la otra calle.
Nuestro Zeta lo miró y sintió una punzada horrible.
Esta era la persona que yo tenía que haber sido.
Y por un momento quiso desaparecer de su propia línea temporal.
Pero el otro Zeta lo miró, primero a los ojos, y luego su bolso con hojas colgando y manchas de tinta.
—Oye.
Nuestro Zeta levantó la cabeza.
—Qué.
—¿Tú escribiste todas esas historias?
Zeta se quedó callado.
—Supongo.
—¿Y eres tú el Zeta que se queda investigando cosas hasta entenderlas?
—Sí.
—¿Y tú fuiste el Zeta que hizo ruido cuando viste que algo era injusto?
—Bueno, sí, pero—
—Pucha —dijo el otro Zeta—. Ojalá yo hubiera hecho algunas de esas cosas.
Nuestro Zeta frunció el ceño.
—Pero tú tienes todo esto.
—Sí.
El otro Zeta miró alrededor.
Y sonrió.
Porque lo tenía.
No había ninguna trampa.
No era secretamente miserable.
No necesitaba serlo para que la vida de nuestro Zeta tuviera valor.
Simplemente eran dos vidas distintas.
Dos Zetas.
Dos caminos.
—Igual —dijo el otro—, yo no habría querido que te pasara todo eso.
Nuestro Zeta bajó la mirada hacia sus rodillas.
—Yo tampoco.
—Y nada de lo que hiciste después hace que haya estado bien.
—Lo sé.
—Pero lo hiciste tú.
Zeta levantó la cabeza.
—¿Qué cosa?
—Levantarte.
Silencio.
El otro Zeta se acercó.
—No fue el príncipe de las Zancadillas el que escribió tus historias. No fue él quien investigó todas esas cosas. No fue él quien decidió alzar la voz.
Le señaló el pecho.
—Fuiste tú.
Nuestro Zeta comenzó a llorar.
Porque había pasado tanto tiempo viajando hacia atrás intentando salvar a todos los Zetas que alguna vez había sido, que jamás se le había ocurrido que todavía quedaba uno.
El del presente.
El que lavaba la loza.
El que cojeaba.
El que estaba cansado.
El único Zeta al que no podía encontrar viajando hacia el pasado, porque era precisamente el Zeta que hacía todos esos viajes.
El otro extendió los brazos.
Y nuestro Zeta aceptó el abrazo.
Ojalá el príncipe de las Zancadillas nunca hubiera existido.
Ojalá Zeta no tuviera ninguna de esas cicatrices.
Ojalá pudiera caminar sin dolor.
Todo eso seguía siendo verdad.
Pero las cicatrices estaban ahí.
Eran suyas.
No como un premio.
Ni como una deuda.
Mucho menos como algo que agradecerle al príncipe.
Eran simplemente las marcas de los lugares donde alguna vez cayó y, aunque algunas todavía picaran, aunque alguna pierna jamás volviera a caminar igual, también eran parte del cuerpo que había conseguido levantarse una y otra vez.
Quizás Zeta nunca tendría la vida que imaginó cuando era pequeño.
Pero tenía esta.
Con historias.
Rodeado de personas que lo querían.
Gente cuyo corazón, de alguna manera, había conseguido llenar mientras intentaba entender el suyo.
Y por primera vez en mucho tiempo, Zeta dejó la loza quieta.
Ya había viajado suficiente por hoy.
Miró sus piernas.
Todavía cojeaba.
Mañana probablemente también.
Pero esa noche decidió quedarse.
Un día más.
Y, pensándolo bien…
quizás un buen tiempo más.
Así, cojo y todo.
Con las cicatrices y todo.
Porque después de pasar tanto tiempo intentando salvar a la persona que habría sido sin ellas, Zeta finalmente entendió que también podía intentar cuidar a la persona que llegó hasta aquí.
Misión cumplida, logramos mantenernos despiertos mientras llegaba el auto, por fin de regreso a mi ciudad elegida para envejecer
De regreso con un abanico más abierto y cada opción con una responsabilidad por detrás... ¿Qué tipo de cadena será la mejor para mí? Lo importante, es que sean mis cadenas y no las de alguien más sin informar.
Y es que para mí, incluso no aceptar cadena alguna es auto imponerse una trampa en el pie para no avanzar.
Cada decisión es un compromiso para desarrollar hasta el final.
Eso bien lo supe cuando, en un viaje con frío matutino al colegio durante mis 14 años, le dije a mi mami que estudiaría ingeniería en informática en Santiago.
Le dije a todo el mundo que era por un tema de perspectiva, visión y contactos, pero en verdad era por una promesa de mierda con alguien que no iba a estar.
Desde los 10 años weviando con envejecer en Antofagasta y derrepente a medio camino cambié de opinión para hacer mi carrera en Santiago de Chile
Pero cuando vuelvo a decretar con 20 que ahora sí regresaría, se me cruza a mitad de camino quien me pide acompañarle a Málaga —que por suerte no se dió pero la manera de salir de ahí me costó años recuperar estabilidad— y así volvieron a pasar 10 años más para recién, ahora sí que sí, con todo en contra, regresar.
Y una vez más apareció alguien que me sacaba en cara abandonarla por no quedarme en la capital. No mija, esa historia ya me la sé. Me mantuve firme y en 2024 logré mi meta de vida.
Muy bien quienes deciden quedarse a donde la marea les lleva pero la vida me ha enseñado a golpes que eso solo empuja tus límites y lo que alguna vez fue agua, ahora son cadenas que día a día parecen absorber tus buenos recuerdos como dementores.
Cerrar la etapa universitaria, cambiar la TNE y lanzar esa chapa de «Nani?!» lejos de mí, son actos para recordarme que no hay motivo para volver a dejar que me lleve la marea pero también es un recordatorio de que la vida es un constante morir y renacer antes que otras personas lo hagan por ti.
Siempre en los términos propios dialogados con el entorno, pero uno primero, nunca más a costa mío y de mi bienestar.
Y desde que soy leal conmigo primero, la vida me sorprende con más y más suerte.
Nadie merece recibir las ansiedades y preocupaciones ajenas, es frustrante para las demás personas tener que lidiar con el temblor de las manos que es solo son responsabilidad de quien evade la visita con quien corresponda. Ya sé lo que tengo que hacer, y sin embargo, estoy paralizado entre la opción de pedir prestado o un adelanto mientras lidio con el poco o nulo tiempo para resolver los demás deberes urgentes.
Me puse las responsabilidades necesarias en mis hombros para atarme a la tierra cuando solo quería desaparecer de la pena pero es la situación actual lo que me está empujando a querer tomar vacaciones de todo por un tiempo indeterminado otra vez.
Me tiritan los ojos, quiero hablar con alguien sin atosigar y no quiero molestar a la vez. Un adulto de 32 años funcional a momentos.
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Un apretón al medio de las dos hileras de costillas. Duele al inspirar y también al exhalar. Ojalá no hacerlo más, sin embargo, no hacerlo, es un daño mayor que afrontar.
Escribo al aire estas palabras con la contradicción de ver cómo una parte mía espera ser leído mientras otra solo quiere lidiar con esta situación sin avergonzarme de dar cara porque sé que no es nada y solo pasará otra vez.
Un abrazo a una persona que ni siquiera es de la familia y sin embargo, le doy la confianza de abrazarme como si fuera. Pero en casa el abrazo es corto, lo suficiente para no preocupar demás.
Por eso abrí [REDACTED], porque no puedo hablar y expresar lo que deseo, siempre he sido asi, inclusive con [APODO], el [REDACTED], he tenido que usar mi [REDACTED] y escribir notas mientras [REDACTED] me hablaba oralmente, solo a veces logro expresarme… pero a veces como susurros…
Como me gustaría decirte abiertamente Te Q[REDACTED] o lo que pienso…siempre pienso, es imposible no analizar lo que me rodea, no puedo olvidarme del mundo y de lo que me rodea, quizás tú sí, pero yo no.
La razón de porque siempre me decían que poseía síndrome de asperger, incapaz de sentir, siendo visible como un demonio o una cosa era porque bloquie mis sentimientos y perdí mi lado del cerebro E…pero….[REDACTED] tenía que aparecer, como me hubiese gustado que hubieses sido tú, pero quizás hubiesemos terminado como lo que sucedió con [REDACTED]…o quizás… terminaríamos como un par de [REDACTED].
Cuando me dices que soy lo único bueno que apareció en tu vida, como me hubiese gustado decirte «para mi igual», pero solo puedo dignarme a decir que… bueno… Si bien en mi historia escribia que [REDACTED] voltea y me vuelve a ver, corre a darme una mano, y me salva de lo que es un gran precipio, quizás en realidad esa nueva persona eres tú. Bueno, [REDACTED] cayó al precipicio, pero [REDACTED] al igual que [PERSONAJE DE FANTASIA] tomó en brazos de lo que ahora es [APODO] antes que siguisiese cayendo en lo que se veía profundo y oscuro.
[APODO] fue creada por [REDACTED] para [REDACTED], pero ahora que ha heredado el corazón que a [REDACTED] le dieron, eso no puede ser, [REDACTED] ha logrado llegar muy profundo, [REDACTED] es entonces quien podrá decir «Eres lo único valioso que he conocido en esta vida!!» con un beso y un abrazo como te lo mereces, soy timi[REDACTED] y me cuesta dar caricias… Lo sé… en cambio, me gusta tratar de hacerte sentir que soy [REDACTED] y que nadie mas puede acercarse como tú lo haces. Jamás había disfrutado tantas caricias, siempre me daban, o intentaban dar pero nunca lograba disfrutarlos, es más, siempre aceptaba de mi [REDACTED] pero sin disfrutarlos, era una especie de temor, que quizás tu notes mediante mis manos…. Eso me pone aun mas nervios[REDACTED] y a la vez avergonzad[REDACTED]….
Me han preguntado como te quiero, y si terminaremos siendo pareja o no, cuando yo imagino que estaremos los dos juntos frente a esta respuesta, me imagino que ambos respondemos que no lo sabemos y que no nos interesa, solo nos importa estar juntos y querernos.
Puede que te mencionen que eres un reemplazo de lo que fue [REDACTED] para mí, pero después de lo ocurrido con [REDACTED], no tengo intenciones claras de hacerte mi pareja, tampoco tengo intenciones de hacerte mi [REDACTED]… Quizás simplemente mis intenciones es estar contigo porque… no lo se, aunque para mi se me hacen mas largos y siento que cuando estamos abrazados será para siempre …
«Y si el ser humano vive tantos años, yo me pregunto, ¿por qué? ¿Para qué? ¿Qué más tiene que hacer una para que Dios le otorgue el descanso eterno? Si mi mami ya fue hija, ya fue madre, ya fue abuela y ahora tatarabuela… ¿qué le debe a quién, que todavía la tiene amarrada a la tierra»
Yo estaba frente a la ventana, o al menos eso hacía mi cuerpo. Mis manos ordenaban cables sobre la mesa, uno encima del otro, lento, con una calma absurda, como si desenredar plástico sirviera para no tocar la pregunta.
En el vidrio vi mi reflejo.
No uno. Eran varios.
Una personita de diez años parada a mi lado. Otra de once. Otra de diecisiete. Otra de veinte. Todas con la misma duda metida en la garganta, todas preguntando qué más había que hacer para merecer descanso, pero ninguna se atrevía a decirlo en voz alta porque esas cosas, cuando salen de una boca joven, asustan más de lo que acompañan.
Y ahora la pregunta venía de alguien que me duplicaba la edad.
No sonaba igual.
O quizás sí. Quizás lo que cambia no es la pregunta, sino la culpa de escucharla en otro cuerpo.
Mi pecho se apretó antes de que pudiera pensar una respuesta. La lengua se me quedó quieta. Seguí juntando los cables, alineándolos como si alguien me hubiera pedido ordenar el mundo en silencio.
¿Cómo se le dice a una persona mayor, cansada, creyente, que la pregunta también ha merodeado alrededor de este sujeto a su lado desde más peque?
¿Cómo se le responde a alguien que todavía imagina a Dios como una presencia capaz de mirar un cuerpo y decidir, con misericordia propia, cuándo soltarlo?
A mí me gusta estudiar religiones como me gusta estudiar cualquier cosa que intente explicar por qué seguimos aquí. Me conmueve la fe, incluso cuando no puedo entrar del todo en ella. Pero también sé —o creo saber, no sé— que la vida no se apaga solo porque alguien cumplió suficientes papeles, porque fue hija, madre, abuela, tatarabuela, porque ya amó, ya sostuvo, ya perdió, ya rezó.
El cuerpo humano no funciona como un trámite cerrado.
«El cuerpo humano está hecho para funcionar hasta que se desgasta no más...»
Eso fue lo único que pude decir.
Me escuché cortante. Más cortante de lo que quería. Como si hubiera dicho una verdad útil y, al mismo tiempo, una crueldad.
Después agregué algo sobre la eutanasia. Sobre elegir cuándo morir. Sobre lo injusto que es obligar a alguien a quedarse solo porque quienes miran desde afuera necesitan sentirse tranquilos.
Pero incluso mientras lo decía, algo en mí se contradecía.
Porque sé que yo no lo tomaría así de fácil. Porque sé el daño que deja una muerte elegida cuando quienes quedan no tienen dónde poner la culpa. Porque una cosa es defender el derecho al descanso, y otra muy distinta es mirar a los ojos a quienes te aman y entregarles una ausencia con instrucciones imposibles.
Entonces ella volvió a hablar.
—Claro, pero imagínate… por último que estuviera bien. ¿Qué sentido tiene todo esto?
No respondí.
Solo negué con la cabeza.
Y recordé que a veces una pregunta solo busca que alguien se quede ahí, al lado, sin convertir el dolor en doctrina, sin ponerse inteligente, sin arreglar nada.
Así que yo me quedé.
Con los cables ordenados.
Con la ventana devolviéndome demasiadas edades.
Con una persona mayor preguntándole a Dios por qué no suelta.
Y un par de niños adentro mío, todavía esperando que alguien explique por qué vivir también puede sentirse como una deuda.
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Este sábado 27 de junio nos encontramos para marchar juntes en Santiago de Chile por nuestros derechos, nuestra memoria y una vida libre de violencias. Invitamos a personas, colectivas y organizaciones LGBTIQA+ de todo Chile a sumarse a este espacio de encuentro, visibilidad y reivindicación.
🕐 13:15 horas
📍 Plaza Baquedano, Santiago.
Encuéntranos entre los camiones de Amanda Jofre y de Mums.
¿Tu organización quiere marchar junto a nosotres? Escríbenos por DM para coordinar, o a las otras organizaciones que invitan.
✨ Súmate, comparte y hagamos comunidad en las calles. #OrgulloEsComunidad
Invitan: Acción diversa, AseArro Chile Asexuales & Arromántiques Chile, Chile Necesita ESI, Disidencias en Red, Diversidad Vocal, Escuela Amaranta, FEDI Federación para el Entrenamiento Desarrollo e Inclusión de las Disidencias, Féminas Latinas, Fundación Mecenas, Fundación Todo Mejora, Intersexuales Chile, MUMS Movimiento por la Diversidad Sexual, OTD Organizando Trans Diversidades, Fundación Poderes, Secretaría de las diversidades CUT, Sindicato Amanda Jofré, Trans Formando Futuro, TRANSED Servicios Transdiciplinarios.