con tanta strafottenza e orgoglio


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❣ Chile in a Photography ❣
Sweet Seals For You, Always
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he wasn't even looking at me and he found me

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PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH

shark vs the universe

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@alexandra-marcin
con tanta strafottenza e orgoglio

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Por qué soy feminista:
Soy feminista porque en la escuela nunca me enseñaron qué era el clítoris.
Soy feminista porque cuando hablábamos de masturbación hablábamos de estimular el pene.
Soy feminista porque hasta hace pocos meses me avergonzaba mi sangre menstrual,
soy feminista porque me enseñaron que la menstruación es algo sucio.
Soy feminista porque me parecía inaceptable que en una relación sexual yo terminara y él no.
Porque me sentí grosera cuando fui a misa con falda.
Porque cuando digo que no quiero hijxs me dicen que llegaré a la edad en que cambie de opinión.
Soy feminista porque él dejó de hablarme cuando lo invité a mi casa y no tuvimos sexo.
Soy feminista porque nací con una virginidad y la perdí cuando cuando me penetró un pene;
porque no sabía que podía penetrarme con mis dedos mucho antes que con un pene;
porque hay una virginidad qué perder.
Soy feminista porque mis senos son censurados y los de ellos no.
Soy feminista porque usé brasier por más de 10 años cuando no tenía motivo real para usarlo.
Soy feminista porque usar las palabras “joto” o “puto” como insulto no solo refieren a la homosexualidad sino también a lo femenino.
Soy feminista porque las mujeres se avergüenzan si eyaculan,
porque nadie sabe por qué las mujeres eyaculan,
porque la gente no sabe que hay mujeres que eyaculan.
Soy feminista porque las primeras personas feministas que conocí son bio-hombres.
Porque me avergoncé durante un tiempo de llamarme feminista.
Soy feminista porque cuando era más joven era un martirio usar traje de baño porque mi cuerpo no era lo suficientemente delgado y quedaban marcas de puntos negros en lugares donde no debería haber pelos.
Soy feminista porque todavía, mucha veces, sigue siendo un martirio usar traje de baño.
Soy feminista porque mi bisexualidad y mis relaciones poliamorosas son solo una fase hasta que me enamore del hombre correcto.
Soy feminista porque creo en la pluralidad de las masculinidades
Soy feminista porque me di cuenta que las mujeres pueden ser mis aliadas y mi ejemplo y no enemigas que me pueden bajar al novio o enemigas por ser más guapas que yo o enemigas por ser más inteligentes que yo.
Porque cuando publico sobre el vello corporal me llegan mensajes en privado diciéndome que lo que queremos es avanzar y no retroceder al siglo pasado.
Soy feminista porque la gente sigue desvalorizando el movimiento,
Soy feminista porque llamar a una mujer “gorda” sigue siendo un insulto.
Soy feminista porque a las mujeres nunca nos dicen que el coito no siempre es placentero;
porque todavía me da pena pedir sexo oral por miedo a que le dé asco;
porque la mitad de las mujeres que conozco no se masturban.
Soy feminista porque creo que la información sexual clara y sin prejuicios puede cambiar vidas.
Soy feminista porque creo que mi placer y el placer de todas las mujeres importa.
Soy feminista porque a veces me da miedo hablar del feminismo, porque me da miedo que me cuestionen y a veces me convencen que no lo necesito. Soy feminista porque al primer hombre que le compartí este texto me dijo: “muy buen texto (…) pero no te voy a mentir, yo prefiero las axilas depiladas”.
eres una chica espectacular, te he seguido desde ya hace tiempo y me encantas
pues muchas gracias por seguirme y creer que soy espectacular! todos lo somos de cierta forma! saludos
He quedado profundamente admirado por los textos... ¿Quien es exactamente Olivia Ismael?
Es la autora correspondiente al texto que te gusto! :) y gracias
Tu y yo juntos Por siempre (mientras dure)

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Pornomiseria! cine caleño,1978 agarrando pueblo!
The eyes of Vincent van Gogh:Self Portraits, 1886 - 1889.
Dices que ¿por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no encontrar siquiera una que se parezca a mi?.
Andrés Caicedo (via antisocial-pale-fairy)
“Llegó Patricia y todo se acabó. El amor salvaje de Patricia me trajo a una más cercana realidad, aunque también peligrosa. Ella me sedujo y me atrapó. Su amor fue como un viaje sin regreso por la selva más tenaz de todas, la del Chocó; fue como pasar hambre y darse después un festín y emborracharse con cerveza helada. Yo creo que ambos éramos unos niños al conocernos y juntamos nuestras malas crianzas y hacíamos el amor de una forma perfecta. Por varios meses yo fui su segundo hombre, hasta que las circunstancias me llevaron a ser el único, el primero. Ay no, todo esto está mal escrito. ”
Andrés Caicedo (via vtooto)
“Olvídate de que podrás alcanzar alguna vez lo que llaman “normalidad sexual”, ni esperes que el amor te traiga paz. El sexo es el acto de las tinieblas y el enamoramiento la reunión de los tormentos.” Andrés Caicedo.
(via lalo-ca)

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"Entonces decidí convertir aquella rabia en pura tristeza, y la única manera de aceptar con despojamiento mi destino, uno que pocos hombres tienen ya: el de romántico desgraciado"
Se mete uno por recovecos extraños cualquier noche, sin responsabilidad, y a la mañana siguiente o días después va descubriendo que lo que hizo fue comenzar a matar de una vez por todas su capacidad de emocionarse ante los hechos de las personas, y de allí en adelante, compañero, vía libre al infierno.
Andres Caicedo (El cuento de mi vida)
“Tú, no te detengas ante ningún reto. Y no pases a formar parte de ningún gremio. Que nunca te puedan definir ni encasillar.”
Andres Caicedo. (via ziggyplayedguitars)
INFECCIÓN
Bienaventurados los imbéciles,
Porque de ellos es el reino de la tierra
El sol. Cómo estar sentado en un parque y no decir nada. La una y media de la tarde. Camino caminas. Caminar con un amigo y mirar a todo el mundo. Cali a estas horas es una ciudad extraña. Por eso es que digo esto. Por ser Cali y por ser extraña, y por ser a pesar de todo una ciudad ramera.
-Mirá, allá viene la negra esa.
-Francisco es así, como esas palabras, mientras se organiza el pelo con la mano y espera a que pasa ella. Ja! Ser igual a todo el mundo.
Pasa la negra-modelo. Mira y no mira. Ridiculez. Sus 1,80 pasan y repasan. Sonríe con satisfacción. Camina más allá y ondula todo, toditico su cuerpo. Se pierde por fin entre la gente, ¿y queda pasando algo? No nada. Como siempre.
(Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que se lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aún así, seguir con el heroísmo de continuar amando. Odio mi calle, porque nunca se rebela a la vacuidad de los seres que pasan por ella. Odio los buses que cargan esperanzas con la muchacha de al lado, esperanzas como aquellas que se frustran en toda hora y en todas partes, buses que hacen pecar con los absurdos pensamientos, por eso, también detesto esos pensamientos: los míos, los de ella, pensamientos que recorren todo lo que saben vulnerable y no se cansan. Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. Odio a Cali, una ciudad que espera, pero que no le abre las puertas a los desesperados)
Todo era igual a las otras veces. Una fiesta. Algo en lo cual uno trata desesperadamente de cambiar la tediosa rutina, pero nunca puede. Una fiesta igual a todas, con algunos seductores que hacen estragos en las virginidades femeninas… después, por allá… por Yumbo o Jamundí, donde usted quiera. Una fiesta con tres o cuatro muchachas que nos miran con lujuria mal disimulada. Una fiesta con numeritos que están mirando al que acaba de entrar, el tipo que se bajó de un carro último modelo. Una fiesta con uno que otro marica bien camuflado, y lo más chistoso de todo es que la que tiene al lado trata inútilmente de excitarlo con el codo o con la punta de los dedos. Una fiesta con muchachas que nunca se han dejado besar del novio, y que por equivocación son lindas. Y también con F. Upegui que entra pomposamente, viste una chaqueta roja, hace sus poses de ocasión y mira a todos lados para mirar-miradas. Una fiesta con la mamá de la dueña de casa, que admira el baile de su hijita pero la muy estúpida no se imagina si quiera lo que hace su distinguida hija cuando está sola con un muchacho, y le gusta de veras. Una fiesta donde los más hipócritas creen estar con Dios, maldita sea, y lo que están es defecándose por poder amachinar a la novia de su amigo… piensan en Dios y se defecan con toda calma mientras piensas en poder quitársela.
Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan… y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo. Odio a mi cuerpo y mi alma, dos cosas importantes, rebeldes a los cuidados y normas de la maldita sociedad. Odio mi pelo, un pelo cansado de atenciones estúpidas, un pelo que puede originar las mil y una importancias en las fuentes de soda. Odio la fachada de mi casa, por estar mirando siempre con envidia a la de la casa del frente. Odio a los muchachitos que juegan fútbol en las calles, y que con crueldades y su balón mal inflado tratan de olvidar que tienen que luchar con todas sus fuerzas para defender su inocencia. Sí, odio a los culicagados que cierran los ojos a la angustia de más tarde, la que nunca se cansan de atormentar todo lo que encuentra… para seguir otra vez así: con todo nuevamente, agarrando todo, todo !. Odio a mis vecinos quienes creen encontrar en un cansado saludo mío el futuro de la patria. Odio todo lo que tengo de cielo para mirar, sí, todo lo que alcanzo, porque nunca he podido encontrar en él la parte exacta donde habita Dios.
Conozco un amigo que le da miedo pensar en él, porque sabe que todo lo de él es mentira, que él mismo es una mentira, pero que nunca ha podido –puede- podrá aceptarlo. Sí, es un amigo que trata de ser fiel, pero no puede, no, lo imposibilita su cobardía.
Odio a mis amigos… uno por uno. Unas personas que nunca han tratado de imitar mi angustia. Personas que creen vivir felices, y lo peor de todo es que yo nunca puedo pensar así. Odio a mis amigas, por tener entre ellas tanta mayoría de indiferencia. Las odio cuando acaban de bailar y se burlan de su pareja, las odio cuando tratan de aparentar el sentimiento inverso al que realmente sienten. Las odio cuando no tratan de pensar en estar mañana conmigo, en la misma hora y en la misma cama. Odio a mis amigas, porque su pelo es casi tan artificial como sus pensamientos, las odio porque ninguna sabe bailar go go mejor que yo, o porque todavía no he conocida ninguna de 15 años que valga la pena para algo inmaterial. Las odio porque creen encontrar en mí el tónico ideal para quitar complejos, pero no saben que yo los tengo en cantidades mayores que los de ellas… por montones. Las odio, y por eso no se lo dejo de hacer porque las quiero y aún no he aprendido a amarles.
No sé, pero para mí lo peor de este mundo es el sentimiento de impotencia. Darse cuenta uno de que todo lo que hace no sirve para nada. Estar uno convencido que hace algo importante, mientras hay cosas mucho más importantes por hacer, para darse cuenta que se sigue en el mismo estado, que no se gana nada, que o se avanza terreno, que se estanca, que se patina. Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr——————rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr———————rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr no poder uno multiplicar talentos, estar uno convencido que está en este mundo haciendo un papel de estúpido, para mirar a Dios todos los días sin hacerle caso.
¿Y qué? ¿Busca algo positivo uno? ¿Lo encuentras? Ah, no. Lo único que hace usted es comer mierda. Vamos hombre, no importa en que forma se encuentra su estómago, piense en su salvación, en su destino, por Dios, en su destino, pero esta bien, eso no importa. ¿Qué no? Vea, convénzase: por más que uno haga maromas en esta vida, por más que se contorsione entre las apariencias y haga volteretas en medio de los ideales, desemboca uno a la misma parte, siempre lo mismo… lo mismo de siempre. Pero eso no importa, no lo tome tan en serio, porque lo más chistoso, lo más triste de todo es que UD. Se puede quedar tranquilamente, s u a v e m e n t e, d e f e c á n d o s e, p u d r i é n d o s e, p o c o a p o c o, t ó m e l o c o n c a l m a… ¡Calma! ¡Por Dios, tómelo con calma!
Odio la avenida sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el Club Campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados lleno de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado que perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudio por conseguir una maldita nota. Odio a todos ellos que se cagan en la juventud todos los días.
¿Es que sabes una cosa? Yo me siento que no pertenezco a este ambiente, a esta falsedad, a esta hipocresía. Y ¿Qué hago? No he nacido en esta clase social, por eso es que te digo que no es fácil salirme de ella. Mi familia está integrada en esta clase social que yo combato, ¿Qué hago? Sí, yo he tragado, he cagado este ambiente durante quince años, y, por Dios, ahora casi no puedo salirme de él. Dices que por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no encontrar siquiera una que se parezca a mí? No sé que voy a poder hacer. Pero a pesar de todo, la gloria está al final del camino, si no importa.
La odio a ella por no haber podido vencer a su propia conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iban con mis palabras, con mis gestos y mis caricias, con todo… otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino… quién sabe…
Odio a todas las putas por andar vendiendo añoraciones falsas en todas sus casas y calles. Odio las misas mal oídas… Odio todas las misas. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio… y a ustedes ¿les importa?
Sí, odio todo esto, todo eso, todo. Y la odio porque lucho por conseguirla, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso la odio, porque lucho por su compañía. La odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden?. La odio, porque no he aprendido a amar y necesito de eso. Por eso odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada…
A nada
A nadie
Sin excepción!
Tomado de
Destinitos Fatales
Andrés Caicedo

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Entre la pena y la nada elijo la pena.
Fragmento de Las palmeras salvajes, William Faulkner (via denisesoyletras)