No sé qué pesa más en el pecho…
si el hecho de perderte
o el derrumbe silencioso de todo lo que construimos.
Fueron años de esfuerzo,
noches largas, cansancio callado,
dándolo todo para que en casa no faltara nada…
y creyendo, en cada intento, que estábamos creciendo juntos.
Hoy no hablo desde el reproche,
sino desde una tristeza que no supe evitar.
Porque hubo cosas que pedí,
no por exigencia… sino por amor,
por ese deseo sincero de vernos bien, de avanzar,
de cuidarnos también en los detalles.
Y ahora, al verte hacerlo…
justo cuando ya no estamos,
me deja una sensación difícil de nombrar,
como si lo que antes anhelé
no hubiera tenido el mismo valor en su momento.
No es rabia lo que siento,
es más bien una decepción suave,
de esas que no gritan,
pero se quedan…
Porque al final,
no duele solo lo que se pierde,
sino todo lo que se soñó
y no llegó a florecer a tiempo.









