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CONVOCATORIA ABIERTA
Escombros es un proyecto de fanzine colaborativo en nacimiento, el cual tiene como propósito visibilizar los espacios marginados en la ciudad a través de la literatura y la fotografía.Buscamos cuentos y crónicas de autoría propia e inéditos que tengan como tema central los espacios marginados de la ciudad. Si te interesa hay plazo para enviar tu manuscrito hasta el 9 de septiembre de 2018 al correo [email protected], especificando si se trata de un cuento o una crónica.
Requerimientos del documento:
Letra: Times New Roman 12 pts.
Interlineado: 1.5
Máximo 5 páginas
El monólogo de la vaca, mi primer ejercicio audiovisual sobre la fiebre aftosa.
Arrancarte hasta hastiarme
La puerta chilló al abrirse. Lo primero que vi fue la porquería flotando en todas partes. Me apresuré al cubículo, pude cerrar luego de ejercer cierta fuerza, mientras entre risas leí unos cuantos garabatos “te amo mi pechuga”, “rojo hijueputa” y mal logrados símbolos anarquistas. Volteé y encontré el sanitario cubierto por una costra gris. Rodeé la taza con mis brazos, había mierda esparcida dentro de la cerámica, unas virutas aún flotando y el olor de cañerías ardiendo, era un cuadro completo. Pensando en ello las náuseas aumentaron y el vómito comenzó a brotar. Con dolor en el abdomen, los brazos temblando, los ojos llorosos, mi cara recibiendo el hedor de lleno y mi garganta quemada, pude apreciar el caldo reposando. Me alejé y vacié. Al llegar al lavamanos, también con moho y el sifón oxidado, giré la llave y no hallé jabón. En el espejo, decorado con gotas secas multicolor, le volví a ver.
Mi hogar se encuentra en el pasado; fotos y anécdotas me hacen sentir más cerca. El recuerdo propio se me escapa, soy nostalgia. Temo el cambio, añoro la primera vez. Soy una sucesión de desiciones, no recuerdo la mitad de ellas. Veo la sonrisa, deseo sentirla, nunca he sonreído de esa manera. Soy yo, pero ya no soy la misma, esa no soy yo. Mi mundo es el recuerdo, temo perder y extrañar. ¿A dónde fue la sonrisa? No la encuentro, la olvidé, la olvido constantemente, olvido que que la he recordado para volver a olvidarla.

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La Sucursal del Cielo
Por Alejandra Garzón.
Al volver el camino por estas carreteras planas del Valle, con el azul del cielo y las plantaciones de caña de azúcar prolongándose infinitamente hasta chocar contra unas grandes montañas, el aroma a mierda y los monstruosos trenes cañeros; es imposible desprenderse del sentimiento melancólico que se impregna en uno desde el momento en que se aleja de la planicie hasta llegar a la urbe, comprobando que no es la misma que se dejó. A la entrada da la bienvenida una de las novias del Gato de Tejada a una ciudad que ha olvidado su pasado y su cultura; pero por favor, no se le recrimine a las edificaciones o gobernantes por el estado de la ciudad, ya que no es más que los colores empapados por los diversos personajes que la componen.
Nos encontramos en Andrés Caicedo una Cali a la que vale la pena llamar bella. Con su multiplicidad de personajes que se tornan carismáticos y a veces perdidos, la mención de espacios como teatros, casas de gente adinerada, la gran distinción de un norte acaudalado en contraste con un sur popular, bailaderos, paisajes fácilmente comparables con las bucólicas que cantaron en algún tiempo los poetas clásicos, un hablar propio y una brisa encantadora que trae enredada la música de ascendencia africana que hasta a un tullido haría bailar; un pasado con bohemios, muchachos que de aquí para allá buscan satisfacer una ansiedad de vivir cada instante fugaz con la pasión de toda una vida “ Me chupé los labios, al fin y al cabo algún día tendría que probarlo.”
Poco a poco los lugares recorridos por la Mona se fueron olvidando, los dejaron perder. La avenida sexta es ahora una calle llena de mugre y “locos”, la confluencia de gente solo se puede equiparar con la de la época de Caicedo en las horas de la noche, cuando son llamados por los vagabundiaderos que han resistido a la competencia de otros tantos en Granada, Menga y la Quinta. También se encuentran una variedad de casas antiguas, lugares pertenecientes a la memoria de la ciudad y a la integridad de su cultura, como Bellas Artes, que han sido abandonados, vendidos y sirven ahora como edificios sin alma.
Hoy en día, las bienllegadas brisas que revolvían los cabellos de la Mona son bendiciones que se esperan con ansías en las hora de la noche. Un calor se apodera de la ciudad, quema los pastos y hace el ambiente pesado, de letargo; pero esto no impide que el caleño siga buscando la calentura del baile, el bochorno de la música alta. Éstos espacios de baile y música, han desplazado a la soberana salsa por ritmos como el reguetón y la salsa-choque; ritmos que carecen de toda la riqueza en los temas, instrumentos y el fantástico mover de pies que un buen bailarín de salsa puede hacer.
Tantos cambios ha pasado la sucursal del cielo, pero su motor, el mismo; los jóvenes siguen buscando en la rumba, los encuentros en parques a tocar música y consumir drogas, una forma de vivir el instante sin arrepentirse del ayer ni pensar en el mañana. ¿Pero por qué el decaimiento en otros sectores? Ese mismo sentimiento de vivir el día a día, el desinterés por otras cuestiones que no sean pasar bueno. Los inclinados por la cultura de la ardiente ciudad son pequeños grupos, algunos de los que se reúnen en los parques, unos tantos estudian en Univalle, otros frecuentan la moribunda Tertulia, también se les ve por San Antonio; pero ninguno de ellos con el poder o la convicción de hacer un cambio, de tener una influencia más allá de su pequeño grupito o de los primitos de la familia.
Referencias:
Caicedo, Andrés. ¡Que Viva la Música! Bogotá: Punto de Lectura, 2015. Impreso.
Fotos Antiguas de Santiago de Cali. Teatro San Fernando. Facebook. 01/04/2016.
Alturas
Dudo que solo a mí me pase que al momento en el cual me preguntan acerca de mi canción favorita esté un buen rato intentando descubrir en mi memoria algún título que despierte en mi interior el sentimiento de plenitud que, supongo, debería avivar “mi canción favorita”. En muchas ocasiones respondo que es una tarea difícil al gustarme géneros que varían desde la salsa hasta el electro swing, en otras tantas solo digo Alturas.
Hace mil quinientos treinta y siete años, en un reino muy lejano existía un valeroso busca recompensas llamado Orejas de Rosca; un poco galante y con cabello de sabanas revueltas, se presentó ante la reina Save. Esta le ordenó una grandiosísima misión: que le trajera ante su presencia la tarjeta de propiedad del carro y su cédula de ciudadanía. Orejas de Rosca, tenía gran fama por ser el busca recompensas más torpe, despistado y demorado de la historia, aun así él se comprometió que en un plazo de veinticuatro horas le pondría a sus pies los místicos objetos. Con sus roscas relucientes, comenzó su travesía a través de mares jabonosos, bosques pavimentados y muchas sabanas acobijadas. Llegó hasta el carruaje metálico de la desolación y con mucha bravura logró sustraer la tarjeta de propiedad, en cuanto a la cédula de ciudadanía se dio cuenta que la cargaba en el bolsillo desde el inicio del viaje. Ya de regreso, Orejas de Rosca, se encontró con un poderoso mago de la pereza que lo embriagó con sus poderes perezosos por tanto tiempo que Orejas de Rosca podía sentir la furia de la reina Save. Su cara estaba en millones de avisos de se busca, Orejas de Rosca no sabía qué cara poner ante la reina Save, sabía que su destino estaba trazado y que solo un milagro podría salvarlo. Entró al castillo y observó como unos maleantes atosigaban a la reina Save, buscaban unos papeles que por desgracia ella no tenía. En ese momento Orejas de Rosca mostró su gran valentía y con su poco encanto los abofeteó con su tarjeta de propiedad y cédula de ciudadanía. Fue así como salvó a la reina y todos en el reino. Orejas de Rosca se convirtió en el héroe pachorrudo y su historia es contada por juglares y bardos.
Amor Efímero
Llenarse de un algo de tal manera que en vez de grasa de tus espinillas solo salga ese algo. Que cada célula se embriague con la esencia de ese algo, y el café deje de saber a café; que tanto la hamburguesa como la sopa que tanto odias sean una brisa bailarina, con un velo cubriéndole el rostro. Que tus héroes y heroínas tengan tan solo una careta que solo te evoque a ello. Que al final de tus poemas solo quede su recuerdo. Que si das un paso, brinco o salto sea solo para estar más cerca. Que dormir sea una odisea que debes superar para poder estar con ello. Que te satures de ese, hasta entonces, magnífico algo, hasta que lo dejes de encontrar perfecto. Que la belleza dure solo una semana para así encontrar una nueva musa a la cual fingirás amar de verdad.
Miedo
Me afligen tus pensamientos y los de aquellos que ya nos han abandonado. Aquellos susurros que se alzan a mis espaldas, martillan mi cabeza y luego se marchan. Todas aquellas miradas de cuencas vacías que hacen que pierda la calma. Personas y fantasmas, son aquellos los que afligen mi alma.

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Deseo
Deseo ser una brisa, un secreto que se grita en la cima de una montaña, un suspiro que busca a su ser amado. Quiero jugar con las estrellas, dejarme caer al espacio.
Negro
La noche ha caído, pero ni luna ni estrellas han salido. Un ligero pensamiento recorre mi mente: corre mientras puedes. Tropiezo con fantasmas y caigo en paredes. Se rasgan mis investiduras, soy pequeña y débil. Un rayo de luz se asoma en la lejanía. Corriendo inocentemente me desplomo como un murmullo, ya estoy fría.
Blanco
Primavera, verano y otoño ya han pasado, dejándome manchada de pesadas cargas. Copo a copo se van evaporando, tiñendo mi penas, se van decolorando. Solo queda una tenue luz que su fuerza debe luchar recuperando.
Verde
El pequeño bosque me acoge como una planta más. Su silencio me invita a meditar. Dulce arroyo, quien brinda el cálido regalo que me equilibra. No necesito más que recordar: en el centro de mi pecho está y ahí la paz se encontrará.
Rojo
Roja se tiñe mi pasión cuando te veo caminar. Acelerar tu dulce palpitar es lo que deseo más. Florecer tu corazón con una daga o puñal. Ver asomar tu extinción, creo que me siento marear.

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Anaranjado
Sol me muestra el camino que debo recorrer. Con fuerza mi paso acelero, saltando de hojas se torna el camino, girando su calor aun me acompaña aunque regrese ya a casa.
Púrpura
Jalea en el piso, una vuelta más; globos en el techo, ruedas nuestras muñecas serán; pastel, postre, el dulce está a reventar; nuestros índices al techo, en una fiesta disco a la diversión alcanzar.