Adara y el craneo olvidado.
Intro -Y cuando al salir del infierno el ángel preguntó: cuál es tu deseo, el poder perdonar fue lo único que imaginé pronunciar.-
Arena sin mar, a pesar de tanta lluvia. No queda ni siquiera humedad ahora que el sol ha desinfectado todo cuanto existió durante un breve suspiro de esperanza viva.
Nadie les dijo que el rĂo del Hades se lleva las almas en un torrente de polvo, que las animas en pena llegan a su reino nadando entre arena en vez de agua. La sed es su llamado.
ÂżQuĂ© soy yo en esta duna interminable? SĂŤ, son esqueletos lo que abona el infĂ©rtil yermo. ÂżDe dĂłnde vengo cansado? Âża dĂłnde se dirige la imparable danza circular? un vĂłrtice sin centro preciso, una espiral enamorada de sĂ misma. ÂżEs dios más vacĂo que sustancia? ÂżSoy el Ăşnico que queda aquĂ? Alguien me escucha.
Por favor dime que estás ahĂ. No te pierdas, Vuelve a pensar en uno de tantos espejos,Â
en su cuerpo dormido a la luz tenue de una ventana en alguna celda de esa enorme prisiĂłn,
ahà nos quedamos una noche de milenio, en la penumbra, para acompañar el sueño de un ser que no pudo ser exorcizado, Entonces amarlo precisaba beber sangre y aceptar sus apetitos, y no pude. Antes hubiera deslizado mis manos hasta su corazón sin permiso y hubiese hecho arder mi carne hasta el violeta, prendiendo fuego entre los tejidos de su alma ... Antes.
ÂżAhora? su cuerpo respira infantilmente a causa del abandono a tales horas. Cuando la embriaguez se queda quieta deja ver el fondo del hombre igual que el agua de una costa tranquila que se lleva la arena desenterrando inocencias escurridas hacia la mar que se retira sin remedio. Verlo es conocer de tifones, saberlo naufrago irremediable atado a su propia marea. Por favor no me juzgues, no era mi intenciĂłn el observarlo y tampoco mi culpa, lo que fuera que aspirĂł por la nariz en ese baño y de la mano de su mejor amiga lo hizo en contra de mis ojos pronosticando la futura melancolĂa de estas notas. Y es que todo fue al revĂ©s de como lo imaginĂ© un poco antes cuando decidĂ acompañarlo sin advertir que los cráneos floreados nunca son amigos del dĂa, aunque el marfil oculto de sus huesos brille tanto a los ojos de un prĂncipe triste, bajo el manto lunar, haciĂ©ndolos fácil de confundir con una puerta que invita para entrar en un jardĂn secreto. No habĂa tal puerta, Ă©l se embriagaba en la juventud persefonesca, bailando creaba el encanto, el mismo que debiĂł lanzar como un rezo a los ojos del más solitario de los dioses, y esque en esos casos nada eres - QuĂ© cosa soy dentro de unas manos que se lanzan sobre mi rostro estallando un beso inesperado.- Quisiera no anticipar el final de esta historia, pero no soy por ningĂşn motivo la vĂctima del encuentro.
Que dicen que dije, me vieron y hablaron. Siempre hay valientes individuos listos para lanzar su pĂştrido aliento de manera no solicitada -por que la ignorancia es por encima de todo eso:valentona y autodestructiva. Hablan sin saber que ya están muertos, los observo a travĂ©s de la memoria mientras mis huellas han roto esqueletos que se desmoronan por si solos como vieja madera para volverse uno con el polvo que ahora lo cubre todo. Lo digo porque supe de incontables testigos de nuestra fiesta del otro lado del reflejo y siempre he tenido un sabor dulce a la lengua viperina de los ciegos más delirantes, asĂ que ya estoy acostumbrado, antes yo mismo limpiaba sus rostros y sus pies, les quitaba poco a poco las sombras del corazĂłn, y de muchos bebĂ saliva amarga que en cada beso transmutaba poco a poco la desilusiĂłn que cargaban hasta mi lago, incontables cicatrices hechas humo en la hoguera del tamaño de mi reino. Pero nada basta para el dormido de tanta luz neĂłn y tanto ruido, la mayorĂa no despierta y si te descuidas su saliva se vuelve veneno que te hace pagar caros tus remedios.
Entonces? le observo acariciando su cadera y el musgo que descansa sobre su torso mientras mis ojos le espantan pequeños recuerdos y lavo apenas alguna herida al llegar hasta sus hombros. No fue mi tierra para reclamar, solamente que mi vuelo se detenĂa, a veces, en distracciones tan bellas como esta, No me juzgues silencioso, por que volar es muchas cosas bellas, pero la soledad allá arriba, incluso para el rey del inframundo, se vuelve una tierra frĂa.
Ay prĂncipe de la melancolĂa, yo tambiĂ©n tengo un jardĂn cuyo sol se enciende en pleno infierno para alimentar rosas, pero ÂżquiĂ©n tiene la fuerza para amar una ilusiĂłn en el inmenso vacĂo si no tiene ojos para verse a sĂ mismo?
Cabalgar en el lomo de la bestia con tres cabezas es solitario pero lo prefiero, lejos de las sombras en la cueva y el absurdo laberinto, lo prefiero.
Hoy tanta arena se acumula en estas casas abandonadas cuales ojos cerrados en un sueño de siglos mientras incontables botellas vacĂas nadan sobre polvo rojo y ni toda la tecnologĂa muerta podrĂa construirnos una balsa que sostenga toda esta desolaciĂłn.
Que pena dios del palacio profundo, que espera tan larga has de contemplar hasta el prĂłximo brote de algo que puedas llamar vida. Nadie lo sabe pero eres el Ăşnico amigo que podrĂan tener. El Olimpo los abandonará en el ocaso, y aunque hoy no sepa cuál es la verdad en que vivo, si aquella noche de fiesta o esta caminata interminable, sĂ© que el final lo he visto una y cada vez. Ayer rĂen, hoy no queda esclavo de pie, ni rey, ni mausoleo.
Outro-Hilos de Adara tejidos por Aléf Lemat-

















