28/06/2026
No recuerdo exactamente la última vez que escribÃ; pero puedo asumir que habrá sido en alguna oportunidad donde necesitaba gritar o en el cual la bulla dentro de mi cabeza solo me permitÃa pensar y estar callado.
Imagino, ya no lo recuerdo, que en aquellos dÃas deseaba con profundidad la aceptación de varias personas y en esa validación mi propia aprobación como ser humano. Aún ignoro quién soy o qué caracterÃsticas mÃas me describen como el ser humano que soy. Ya no lloro como antes ni tampoco imagino momentos con las personas que admiraba; sin embargo, el recuerdo de aquellas aún es muy latente en mi mente y en mis palabras cuando estoy solo en mi habitación.
Deseaba mi cuerpo, deseaba mi mente, deseaba la idea de ser aquella persona suprema que controla sus sentimientos que expresa sus emociones de la manera más pulcra o aquel ser poderoso que es alabado por el resto... no deseaba el rechazo y tal vez por eso quedarme callado era simplemente aprobar el deseo de los demás, como si fuera una balanza constante entre mis deseos y el de deseo de los demás el cual pesaba y cuando tenÃa que sacrificar yo para que la balanza siempre este equilibrada. Pero ¿por qué tener esa balanza equilibrada tan desproporcionada? a quién beneficiaba o por qué luchaba aferrada a esa idea, no quiero pensar que fuera por los demás serÃa una idea muy burda y me harÃa sentir torpe, pero quiero preferir que lo hacÃa para obtener una visión propia de un ser justo y empático como el resto, como un Jesucristo a cuál acudes en auxilio o devoción ciega.
Quizás sÃ, quizás todos esos años me los pasaba en querer ser una persona superior en todos los aspectos, para todos los seres y al final termine siendo una persona gris despojada de voz y de pensamientos propios.
El mayor caso de esa (des)conexión social con una persona fue con Ana Ayala. La querÃa impresionar, vivÃa dÃa y noche soñando en sorprenderla con el increÃble ser que podÃa ser y ella nunca me percibió de esa manera o en su defecto jamás me recordará de aquella forma. Me doblaba y deformaba constantemente, buscaba moldear mi persona con cada gesto o gusto que expresaba para que ella pudiera leer entre lÃneas que yo era la persona diseñada en la historia para convivir con ella... pero ese pensamiento. Años más tarde, comprendà que aquella obsesión no era más que una proyección de mi propia búsqueda de identidad. Ella no era una mujer a quien escuchar o descifrar; era una idea, un avatar inmaculado al que yo aspiraba. Nunca la amé. La deseé con vehemencia, y en ese anhelo se escondÃa la desesperación por desearme a mà mismo...En mi propia prehistoria afectiva, antes de Ana existió Brenda, con similitudes grandes, pero con diferencias marcadas en la inexperiencia de la edad. No sé si imagino a Ana como una expansión imaginativa de Brenda... creo que ambas resuenan la misma canción en frecuencias distintas que solo mi oÃdo interno las puede captar
Ahora vivo una vida más mansa, más sedentaria y, por consiguiente, más solitaria. La vida después de Cecilia termina siendo como una habitación vacÃa con las paredes pintadas de murales enormes y complejos que ilustran el historial de mis sentimientos y deseos pero que en el fondo ya no son elementos palpables a los cuales pueda abrazar, simplemente ahora los razonó como errores y en mis horas más tristes los añoro con nostalgia tierna. Las ideas se entreveran y el espacio tan perfecto de mi habitación se transforma en una arquitectura resquebrajada guiadas por el caos de mis deseos. Cecilia vivió en mi vida como el amorÃo más lindo y puro que pude haber tenido, pero fallé como un amante tierno más que no supo expresarse ni mucho menos actuar debidamente, porque mi ser no sabÃa, ni aun sabe, cómo cimentar su propia existencia
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Hace un calor insospechado en estos dÃas de invierno, ahora porto menos ropa que antes e igual siento que mi ser está lejos de la desnudez. Las tardes son naranjas y azules pero el gris de la vida en mi memoria sigue preestablecido. Los dÃas siguen siendo frÃos o en su defecto deseo que sean frÃos, deseo esa humedad matutina, el vaho que se escapa por los labios y las chalinas en los cuellos, pero deseo con mayor intensidad abrazar ese frio y saber que en esta ocasión no me va a matar porque para ahora sabre como vestirme, sabré con que calzado andar y con que casaca abrigarme. Deseo ganar calor corporal, deseo construir aquel único espacio cálido donde poder compartir este invierno hermoso que habita dentro de mi mente.















