Modificar el andar, a partir del registrar. [MADRID 15/01_PRIMAVERA 2017_MPAA8B]
[MADRID 198_OTOÑO 2016_VDC]
Las intenciones preliminares o las conclusiones inmediatas alcanzadas en Paisaje en Acción, remiten al descubrimiento de lo “infraordinario”. Esto es definido por Georges Perec como “Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo describirlo?”
Con la intención de rescatar e interrogar la cotidianeidad se recurrió a realizar una misma acción de forma repetitiva durante 64 días. Dicha acción, definida como “registrar”, generó una distancia y una nueva visualización de ciertos hechos que hasta ese momento respondían a una utilidad, la de unir dos lugares separados.
El andar diario considerado como un medio de movilidad, y solamente eso, pasó a convertirse en un hecho consciente. Dejó de ser una transición o puente entre dos puntos que necesitaban unirse, para ser una experiencia generadora de inquietudes.
El hecho de registrar de forma grafica y textual las principales características del recorrido realizado, fue lo que permitió ese cambio en la observación y en las consecuentes acciones. Los 198 recorridos realizados durante 64, dio tiempo suficiente para que el registro genere el cambio comentado.
Sobre el propio andar también podrían plantearse ciertas cuestiones que superan la definición de medio de movilidad. El andar podría ser parte del habitar del hombre, aunque no siempre es así.
Esta acción es contradictoria, ya que su caracterización depende de la importancia que le concede quien la realiza. Es posible recorrer un espacio de forma casi automática, repetitiva, sin un pensamiento que lleve a interactuar con el entorno, y así ese mundo que abarca podría verse como reducido o limitado. Sin embargo la misma acción podría ser realizada de una manera diversa, y ser ella misma la generadora de relaciones múltiples y variadas con el entorno que la produce.
El recorrido y su registro o el andar y el registrar, fueron los temas desarrollados en la cartografía. Este elemento grafico llego a estar en un punto medio entre la definición total de los 198 recorridos, sus tiempos y espacios, y la indeterminación que deja una lectura abierta.
Las líneas, colores y códigos utilizados intentan mostrar gráficamente la relación del tiempo y el espacio. Pero la cantidad de elementos repetidos producen un intento de relacionar algunos datos a partir de coincidencias, pero este tema no llegó a ser agotado.
La cartografía conseguida, solo cobra sentido a partir de la comprensión del andar y el registrar. La cantidad de información que en ella se observa, da referencia sobre el estado de preocupación, repetición y casi obsesión ante el tema planteado.
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Una segunda instancia de la propuesta, se centró en involucrar a otras personas en la misma acción. En este nuevo caso se intercambiaron las prioridades, la acción, como forma de hacer paisaje, cobró mayor importancia frente a la realización de la cartografía, como herramienta de presentar los temas desarrollados.
La construcción del paisaje incorporó a un grupo de 15 personas, andar y dejar huellas fue el objetivo. Esto, pensado como una nueva forma de descubrir lo infraordinario planteado ya en la primera instancia.
La propuesta intentó traspasar la acción individual para conformar una acción colectiva. El recorrido cotidiano de trasladarse de un lugar a otro, siendo estos puntos recurrentes en la rutina de cada uno, fue el centro de atención por dos días. Las vivencias, consideradas como una sensación o reacción inmediata, debían ser superadas para convertirse en hechos que generen cierta apertura de mundo.
El recorrido habitual de cada una de las personas que conformaron el grupo de acción, debía dejar 8 marcas en su camino. Las huellas fueron códigos numerados y con un color específico, que permitiría entender posteriormente la secuencia del caminar realizado ese día. Existió un punto de salida y otro de llagada, pero estos no fueron ni más ni menos importante que lo que sucedió entre medio.
Las huellas dejadas dos días consecutivos por 15 personas comenzaron a superponerse. La observación de cada uno se entrecruzó con la de otros, por haber realizado un mismo recorrido o coincidir en un punto preciso de él.
El registro de la huella, a partir de una fotografía instantánea, intensificó la nueva forma de habitar de cada persona.
Una vez finalizados los recorridos, las huellas perduraron en los lugares habituales de paso cada uno. Volver a transitar un espacio, con el recuerdo presente del código que se dejó allí y la fotografía que se realizó, ha sido uno de los efectos principales de la acción.
Recorrer la cotidianeidad, observando e intentado encontrar los rastros que en ella se dejaron, produjo una nueva apertura de mundo. Cada persona involucrada, aun intenta descubrir las marcas dejadas, y encontrar e identificar las huellas de otros.
Historia del “Registro sin sentido”
Un personaje x, recorre un mismo trayecto cada día, este conecta su vivienda a su trabajo. Cada día es igual, no existen grandes cambios en las características principales que podrían afectar su andar, todo es igual, repetitivo, automático, sin sobresaltos.
Sin embargo, existen múltiples y pequeñas detalles que este ser no percibió, no distinguió, no lograron provocar una salida de su mundo interno, cerrado cotidiano y sin sobresaltos. El clima, las otras personas, los colores, los aromas, los tiempos, las texturas, una hoja que calló, un perro que ladró, un sombrero extravagante que pasó andando a su lado. Este personaje, no percibió jamás que la vida, el movimiento y el cambio sucedían mientras él habitaba, o simplemente transitaba, un espacio x entre su casa y su trabajo.
Esta misma persona de un andar automatizado, un día recibe un encargo, el de escribir cada uno de sus repetitivos recorridos. Su libreta cargada de listas caracterizadas y clasificadas por temas, incorporó un nuevo ítem llamado “Registro sin sentido”. Este comenzó un sábado 22 de octubre a las 17:23 hs.
Cada día, cada horario, cada trayecto realizado, cada medio utilizado, y cada pensamiento y persona que influyó en su andar, fue escrito, marcado y codificado, la precisión y rigurosidad se convirtió en una obsesión por el observar y registrar cada pequeño detalle que ayudaría en el recuerdo de ese recorrido.
Su vida fue alterada totalmente, los factores que antes ni siquiera consideraba comenzaron a afectarlo, cada detalle observado convirtió en único cada uno de sus pasos. Su libreta se cargó de observaciones, y palabras que intentaban narrar de forma precisa su asombro continuo.
Como le resultó divertida esta nueva forma de vivir los momentos que antes eran solo de transición, el mismo personaje decidió superar el planteo inicial. Se inventó una especie de adhesivo colorido y, por supuesto, codificado, para ir dejando una especie de huella en su andar diario. De esta manera comenzó a prestar atención por los lugares que transitaba periódicamente, pero sobre todo centrado en las superficies que podrían ser interesantes para intervenir.
Un escaparate, la ventanilla del autobús, el volante del coche, que utilizaba los fines de semana para sus paseos, un poste de luz, una baldosa, un cartel publicitario, una mesa, la puerta de su casa, y muchas otras superficies factibles de modificar con su marca específica. Cada espacio transitado se volvió el foco de su observación, porque debía poder colocar el adhesivo, en una superficie apropiada, pero tenía que tener los recaudos para no ser visto por nadie. No quería que nadie interrogase su acción, necesitaba continuar en su anonimato, personaje casi invisible que transita la gran selva de cemento.
Un día, cuando ya estaba todo dispuesto y en orden, colocó una primera marca y le tomo una fotografía, siguió andando y luego colocó la segunda, la tercera, y así continuó, mientras el espacio circundante se modificaba en cada uno de sus pasos. Fueron ocho huellas dejadas el primer día, con el registro de la fotografía que permitiría demostrar, en un futuro a otros, la osadía de su hazaña.
Al día siguiente, volvió a recorrer el mismo camino, y su objetivo fue el mismo y repetido. La búsqueda del escenario de su una marca, lo hizo encontrar lugares originales, se volvió su nueva obsesión. ¿Como todas estas particularidades habían pasado inadvertidas?, esta pregunta le rondaba por su cabeza desde el día uno del “registro sin sentido”, ese sábado de otoño que determinó el principio de las continuas alteraciones que sufriría.
La acción silenciosa, la búsqueda de superficies y escenarios de su huella y su fotografía, solo duró un par de días. En cierto momento, ciertas marcas repitieron el escenario, pero cada una contenía el código que definía el tiempo y la circunstancia de su colocación.
El tiempo pasó, la primera intención de marcar la ciudad quedó en el recuerdo, ya no hubo más registros, ni códigos, ni hazañas de fotografías escondidas. Aunque cada espacio que en un momento fue el lugar observado detalladamente y elegido, sigue siendo el foco de su atención cuando vuelve a transitarlo. Y le resulta sorprendente, cada tanto encontrar esa huella codificada que dejó un día, su rastro o su misma ausencia.
Otras personas las han visto, y han llegado a detener su andar para cuestionarse el origen de esa marca. Esa cosa indefinida que por sí misma no dice mucho, sino que genera interrogantes.
Es personaje x consiguió alterar su andar repetitivo, constante, rutinario y cotidiano. Y el inicio de todo esto aún es desconocido, el encargo del “Registro sin sentido” fue algo que desencadenó alteraciones profundas en la existencia de este ser.