La Difunta Correa
Deolinda Correa es una santa popular que una noche, antes de obrar milagros, acosada por un matón y borracho del pueblo, tuvo que huir con su hijo de pocos meses en brazos. Cruzó el desierto saliendo desde Angaco con intención de llegar a La Rioja, donde su marido había sido llevado por una montonera durante la guerra civil. Si apenas pudo llevar dos gotas de agua fue mucho. Solo su terror y su bebé. La desesperación pudo más que la previsión y de pronto se encontró corriendo en alpargatas por el desierto en medio de una noche tan clara que se podía ver bajo la tierra. Es traicionero el desierto. Y una vez que se te acaba el agua y vas a pie bajo el sol que te odia y estás perdida y alguien en tu pecho llora y te arrepentís de haber huido del hijo de puta que te persiguió hasta obligarte a escapar como una rata, lo único que resta es rendirte. Putear al pelotudo de tu marido y decir hasta aquí. Guarecerte bajo el desamparo y dejar que el cansancio y la sed hagan lo suyo. Sujetando a tu hijo contra el pecho. Delirando y dando tus últimos suspiros en las explosiones de luz sobre el polvo ardiente.
Sobre el cuerpo sin vida de Deolinda revoloteaban unos pájaros carroñeros, negros y aciagos. A lo lejos, unos pastores vieron la ronda de muerte y pensaron que alguna chiva, que algún cordero la había quedado en el desierto, y fueron hasta la zona donde acechaban los jotes. Pero no se encontraron con ningún animal. Encontraron a Deolinda Correa muerta y a su bebé prendido del pecho, amamantándose, ignorando la fatalidad que lo cercaba. El primer milagro.
Desde entonces, la figura de la Difunta Correa cobró una dimensión de santidad que se le escapó a la Iglesia católica, y se fueron asentando las piedras de lo que sería un santuario muy popular en el que la gente humilde deja las ofrendas de su fe. Maquetas de casas, vestidos de novias, ramos de flores de plástico, placas de plata y de bronce, relojes, colgantes, cruces, fotografías, botellas con agua.
¿Qué fueron a hacer Don Sosa y La Grace a ese lugar, después de atravesar un desierto completo en un descascarado Renault 18, casi a finales del 2008? Fueron a pedir que su hija travesti encontrara un mejor trabajo. ¿En qué trabajaba su hija travesti? Era prostituta, por supuesto. Se había ido a estudiar a Córdoba Comunicación Social y Teatro, pero había terminado de puta. Ellos no lo sabían, pero en el invierno de ese año, dos clientes habían desmayado a su hija asfixiándola y le habían robado todas las posesiones de su pobreza: un televisor antiguo que había perdido el color, un DVD prestado, un equipo de música y el cargador de su celular. También los cuarenta pesos que tenía en la cartera. La habían atado con su propia ropa mientras se encontraba desmayada y, amenazada con un cuchillo Tramontina, la habían cogido ambos ladrones, sin violencia, pero durante toda una larga noche. Al amanecer los pasó a buscar un taxista amigo y ella quedó maniatada y humillada en su cuarto de pensión.
Fragmento del libro "SOY UNA TONTA POR QUERERTE". Cuento "Gracias, Difunta Correa"- Camila Sosa Villada





















