—Escuchó con atención, algo peculiar en él, haciendo ciertas expresiones faciales durante la narrativa de la chica. No pudo evitar alzar la mirada un momento, imaginando cómo sería la parte alta, tal como su acompañante decía. Sin dudarlo, asintió—. Me encantaría —respondió con otra sonrisa pero, a comparación de la anterior, fue consciente de ésta. Su humor mejoraba notoriamente, la tranquilidad que ese lugar transmitía era lo que estaba buscando—. ¿Crees que acepten darme trabajo aquí? Soportar ladridos de perros todo el día no es algo que siempre quise hacer —bromeó… o eso intentó, pues toda la frase era mera verdad—.
—¡Entonces no perdamos tiempo y vayamos a verlo! Te va a encantar. Además, pocas personas saben de ella y, aunque no me guste demasiado, no me importaría compartirlo con alguien más que desprenda tal pasión por la lectura como lo hago yo —sonrió y asintió, realizando a su misma vez un breve movimiento de cabeza para que el castaño la siguiese hacía la escalera que los llevaría a la planta superior—. Seguramente acepten pero, eso sí, espero que no estés intentando quitarme mi puesto porque si es así tendremos problemas —soltó con cierta gracia, totalmente bromeando con el tema—. Espera, ¿ladridos de perros? ¿A qué te dedicas?














