Mi mamá sufrió una hemorragia subaracnoidea el 28 de septiembre de 2018. Mamá no volvió a ser ella desde entonces. El pronóstico médico que me dieron en urgencias fue el peor posible, y, a pesar de que mamá llegó casi muriendo a la especializada, dentro de esos 5 meses, inclusive, llegó a mostrar signos de recuperación.
Lo que le pasó a mi mamá era más o menos como si hubiera recibido un balazo en la parte trasera del craneo. 911 llegó casi enseguida que mi papá llamó y la atendieron rápido. El problema fue que decidieron llevarla al Hospital Nicolás Solano donde la sala de urgencias es casi una zona de guerra, en donde los doctores tienen que evaluar quién tiene más posibilidades de vida y dedicarle tiempo a ellos.
Mamá entró a la 1 pm. A las 7 pm determinaron que un CAT era necesario para saber la extensión de daño que mamá sufrió en el cerebro. Sin embargo, el aparato estaba dañado y habÃa que referirla a Panamá. Mamá era la paciente #9 para viajar en la única ambulancia disponible. Mamá viajó a la especializada a las 6:30 am del 29 de septiembre.
Durante su tiempo de espera en el Nicolás Solano me ofrecà a llevar a mamá en un servicio de ambulancias privado. Los doctores reaccionaron de la peor manera. Sugerirles eso fue un insulto, una ofensa para ellos. Fueron bastante reacios, dejaron de cooperar conmigo y comencé a recibir una oleada de sarcasmos y mala voluntad sólo por haberme atrevido a solicitar un servicio que les alivianaba la carga de transportar a alguien más al hospital en la capital con su limitado recurso de ambulancias. Fue tal la negatividad que, al llegar la ambulancia, no le devolvieron la camilla con la que traÃan a un paciente. Al no tener camilla no tenÃan cómo llevarse a mamá, por lo que tuve que dejarlos ir y esperar a que le tocara el turno a mi mamá de viajar.
Caminar por estos pasillos era entrar a un portal que me llevaba a una pesadilla. Una pesadilla de la que no podÃa despertar. Una pesadilla que reflejaba la realidad de un gran sector del paÃs que dependen única y exclusivamente del sistema médico de la CSS. Un colapso hecho hospital para una sociedad que colapsa a pasos agigantados. Donde la falta de educación, de recursos y de dinero son el común denominador.
Aun asà mamá recibió hasta donde se pudo el mejor trato que pudo recibir. Hasta el último dÃa de su vida.
Mamá falleció en la madrugada del 7 de febrero. Su trágica jornada habÃa terminado. Ojalá nunca haya entendido ni tenido la conciencia de saber lo que le estaba pasando. La pesadilla terminó. Ya puede descansar en paz.














