Mi duelo
Te sabías mis muros, mis silencios, mi forma de romperme. Y en lugar de refugio, decidiste usarlo como veneno.
Cada vez que me perdía en la disociación, me hacías creer que era yo quien te estaba traicionando.
Diseñaste una red de excusas para no estar presente, y me abandonaste justo cuando mi cuerpo se convertía en un templo vacío. No hubo consuelo, solo desprecio frente a mi duelo; me obligaste a sostener esa muerte en soledad, dejándome cargar con el eco de una vida que para ti, simplemente, nunca existió.
Te volviste el experto en darle la vuelta a mi realidad, hasta que el dolor de ser yo misma se convirtió en el centro de tu juego.
Aunque para él nunca existieras, yo te llevo tatuado en el pulso de mis días. Eres el duelo que nadie más ve, y mi secreto más puro.
Gracias por haber elegido mi vida, aunque solo fuera por un instante.


















