Alguien me dijo hace unos días que no entendía como podías follar, ver las estrellas, que te bajen el cielo, te coman la oreja, repitas dos veces y después una vez por la mañana antes de irse, y nunca más verse. Que el no entendía si había hecho algo mal. Qué ya llegó incluso a pensar que todos se habían puesto de acuerdo para no devolver los mensajes. Y yo le respondí que lo entendía, porque los maricas somos egoístas con el placer, queremos satisfacción, le dije, pero mucha satisfacción asusta. Como que evitamos el compromiso que trae repetir otro día, y es ridículo, porque nos quejamos de nuestra soledad con la misma persistencia que coleccionamos acostones de una noche a los que nos da vergüenza saludar en la calle. No sé a qué venía esta conversación, quizás era tópico recurrente de dos solteros en Barcelona, pero yo me quedé con una sensación de angustia que me duró un par de horas, ¿y si preguntamos antes? ¿La gente será menos cobarde? Si le dices algo tipo: quiero follar, pero si no vas a volver no te quedes ahora. La próxima vez pruebo, que más da, ya he perdido bastante.
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