MAMÁ. Reseña personal desde una mirada reflexiva sobre lo que significa ser una Mujer Tsotsil dentro de una sociedad rota.
Mamá nombre femenino
Tu primera palabra dicha y aquella que necesitarás por siempre.
Siempre me he considerado una mujer privilegiada, a pesar de haber vivido abuso físico, sexual y emocional, he tenido el privilegio de ser escuchada, de que me abracen y de tener un proceso de acompañamiento durante mi crecimiento personal. Pero todos estos momentos que han acontecido a lo largo de mi vida, también me han dado la posibilidad de cuestionarme si la voz que tengo la tienen otras. Me he preguntado si las demás tienen o han tenido la misma posibilidad que yo de poder llorar los dolores que me acogen.
Si durante mucho tiempo ser mujer (a ojos de muchos) ha sido un problema, ser MUJER INDIGENA se convierte en el agrietamiento principal del que nadie quiere hablar y que nuestra sociedad busca invisibilizar constantemente.
A lo largo de este intimo diario visual, se narra cómo es que el mundo de Hilda, una mujer tsotsil se volvió un callejón sin fin del que le ha costado salir por los problemas de maltratos y abusos por parte de una comunidad que la vio crecer. Durante una charla llena de cotidianidad, tierra mojada, flores y tristezas guardadas en los años, Hilda narra una serie de acontecimientos personales que la llevaron a tener una sanción silenciosa y dolorosa causada por el machismo arraigado en la comunidad de la que era parte.
Hilda llevó una vida permeada por la violencia doméstica y misógina, la cual la llevó a ser madre soltera en una región donde esta condición es estigmatizada. Su vida fue compleja desde casa, obligada a casarse a los 9 años, aceptar la vida de campo exigente y pertenecer a una familia que con un perpetuo machismo arraigado, la llevarón a pasar por un “Robo” de su persona.
Durante estas confesiones, Xun Sero, hijo de Hilda, se va cuestionando cómo es que hasta ahora se da cuenta de lo doloroso que es saber que no supo ver lo que su madre estaba viviendo, ya que como hijo siempre noto la ausencia de la figura paterna y esto lo llevo a culparla; por lo que este documental se vuelve no solo un testimonio resiliente de una mujer tsotsil, ni tampoco solo una narración de una ausencia constante sobre los hombres en estas comunidades, si no un trabajo de reflexión personal sobre lo que implica sanar las enseñanzas machistas que socialmente tenemos arraigadas.
Todo el documental maneja sutilmente una serie de golpes en el pecho que invitan al cuestionamiento personal sobre la manera en la que hemos invisibilizado la violencia que padecen las mujeres y en especial las mujeres indígenas desde cortas edades y que socialmente es mejor callar estas realidades. Nos invita también a cuestionarnos desde nuestros privilegios la manera en la que podemos empezar escuchar más allá de lo que tenemos enfrente, nos invita a la reflexión constante, al acercamiento colectivo, a la búsqueda del rompimiento personal y nacimiento sensible de nuevas formas de abordar estas situaciones.
Cómo mujer me invita a reflexionar donde estoy posicionada y me hace re plantear mi discurso político sobre lo que significa verdaderamente tener voz.
Por Maria José González














