He pensado mucho si publicar esto o no, pero finalmente aquí va. El otro día fue el día internacional contra el acoso escolar y ¿Sabéis quién sufrió bullying? Exacto, yo.
Y eso fue desde el principio de mi vida escolar, desde la guardería.
Ya en la guardería mi madre me cuenta que había una niña que me pegaba, siempre salía con moratones y mordiscos, pero éramos crías de un año, dos. Se le reñía a mi compañera y a los dos días, volvía a pasar. Luego llegó preescolar.
En párvulos las cosas se volvió más seria. Yo era la pequeña del curso y un compañero, con celos por el nacimiento de su hermana pequeña, la cogió conmigo. Me empujaba, me daba patadas, mordiscos, bofetadas y, lo más grave de todo ¿Recordáis esos típicos punzones que te daban para recortar? Pues ese chico no los usaba para los dibujos, sino para clavarlos en mi mano. Mis padres lo lucharon y consiguieron que expulsaran al niño, así era el asunto. Y puedes pensar que ahí se acaba mi bullying, pero no puedes estar más equivocado, ahora llega primaria.
Primaria, la verdad sea dicha, a nivel de bullying no estuvo mal. Es verdad que no tuve amigos, a excepción de una niña que vivía en mi calle y que nos íbamos y veníamos todos los días juntas de clases porque íbamos a la misma, pero no me sentí especialmente acosada salvo por un chico, pero ese asunto quedó solucionado cuando mi padre se enteró, porque resultó ser el hijo de un amigo suyo y, el acoso paso rápido. Claro que mi primaria, no fue al uso.
En primero, con solo cinco años, tuve que enfrentar la primera perdida importate de mi vida, la de mi abuelo paterno, con el cual estaba muy unida y, además, me enteré de que tenía altas capacidades, lo fue todo un cisma familiar, mis padres no sabían cómo afrontar aquello y fue un poco caótico. En segundo, a un compañero, el hijo de una amiga de mi madre, fue diagnosticado con leucemia (spoiler, se curó) pero ya no volvió a clases nunca más y fue una sacudida importante, a clases empezó a venir una psicóloga para ayudarnos a afrontar la enfermedad. Y por terminar con una primaria traumática, en quinto, mi tutor, con el que llevaba desde primero, se suicidó. No hace falta explicar que volvieron los psicólogos a clases, y para mí fue un momento muy complicado, mi profesor me había ayudado mucho con mis altas capacidades y a mis padres también, se había convertido en un amigo de la familia y su perdida golpe duro, pero al menos el término de la primaria fue normal, aunque, fue el inicio de la “Edad de Oro” del bullying en mi vida, esa “gloriosa” etapa llamada secundaria.
Bueno, más que secundaria se merece un capítulo entero de treinta y muchos o incluso cuarenta páginas solo para ella. La definición de horrible se queda corta, muy corta. El primer día, ya salí amenazada de muerte de ese infierno, pero dejadme que os ponga en antecedentes.
Como ya he dicho (o no lo he dicho así que lo digo ahora), yo iba un curso por delante del resto, así que en el momento en que yo termine primaria, tenía solo diez años. También, en el momento en que llegó esa etapa fue el primer año de una ley de mi país, horrenda, que obligaba a quitar todas las secundarias de los colegios y todos los niños que pasarán a primero de secundaria, teníamos que ir a institutos, y por si esto fuera poco, la ley te obligaba a ir al instituto más cercano a tu casa, fuera el que fuera, así que poneos en mis zapatos.
Yo era una niña de diez años con altas capacidades, que vio como le cambiaba su cole de monjas del centro de donde me veía a salir para ir directa a la universidad, por un instituto público a 35 minutos de su casa, que era el más grande de la ciudad, donde daban clases desde primero de secundaria hasta formación profesional superior, lo que implicaba personas de treinta y tantos años o más. Además, ese instituto era la primera vez en recibir a alumnos de primero, así que no tenía ni idea de cómo tratarnos y fui la única alumna de todo mi colegio en caer en ese instituto.
Cuando mis padres supieron que iba a ir allí, removieron Roma con Santiago para que no fuera a ese instituto. No sé cuántas personas intentaron mover mi expediente académico hacia otro lado, pero no hubo suerte, tuve que ir y empezó mi gran tortura.
Todo lo que os cuente de ese periodo de mi vida es poco. Fui amenazada, agredido física y verbalmente, acosada... Me robaron el móvil, me acosaron sexualmente, me rompieron una mano, me quisieron matar... son las peores experiencias que tengo y os las voy a contar.
En primero, como yo tenía que volver a casa sola porque a mi madre no le daba tiempo de ir a recoger a mi hermana al cole e ir por mí al instituto (tenía que volver yo sola a casa, y tenía diez años y estaba a treinta y cinco minutos de casa andado), mis padres me dieron mi primer móvil, para ir hablando con mi madre durante toda la vuelta. Cuanto mis compañeros lo descubrieron, aprovecharon la clase de gimnasia, para en los vestuarios, robarme el móvil. Ahí llego la primera denuncia de mis padres al instituto. Luego llegaron más como cuando en una excursión a una chica le dio por darme botellazos o cuando me empujaron y me rajaron el labio.
Luego, en segundo, llegó la segunda denuncia gorda, por acoso sexual, que para un juez no fue nada, pero a mí me dejó un impacto emocional grandísimo. Y es que, en segundo, yo menstrué por primera vez y, como tal, desarrollé mis pechos. Yo por aquel entonces no lo sabía aún, pero estaba afectada por ovarios poliquísticos y eso hizo que tuviera un problema con el crecimiento de mis senos, se me diagnostico asimetría mamaria. En cuanto mis compañeras se dieron cuenta, no duraron en arrinconarme en el baño, me llevaron la camiseta y el sujetador y empezaron a burlarse de mi pecho. No sé que me hicieron exactamente, porque yo cerré los ojos y me quedé paralizada mientras lloraba, pero me los dejaron llenos de hematomas, cuando mi madre los vio, me llevo corriendo a urgencias y allí no tuve más remedio que confesar lo que había pasado.
El tercero, bueno, a mis compañeros le dieron por decirme lo gorda que estaba. Si, yo siempre había sido gordita, pero al llevar un año menstruando los ovarios poliquísticos empezaron a funcionar y empecé a engordar más que antes. Yo me sentía tan mal que empecé a machacarme en el gym, siempre había ido al gimnasio, pero a partir de tercero me obsesione, incluso con la comida (estuve a punto de caer en una TCA) y eso provocó que me lesionara feo al principio del curso, así que estuve casi todo el año recibiendo clases en casa y casi no tuve acoso, pero entonces llegó cuarto.
Cuarto fue de lejos el peor. En cuarto, el segundo día, un profesor mando un trabajo en parejas, él hizo las parejas, por orden alfabético según el apellido, y allí toque yo, con el peor y más problemático alumno de todo el instituto. Yo acostumbrada a sacar sobresalientes en todo, le hice notar a mi compañero que el trabajo que él estaba haciendo (él no me permitía hacer nada de ese trabajo) no era así, maldito error. Se peleó conmigo, le dije que hiciera lo que quisiera que yo haría mi propia trabajo, y así hice. El día que lo entregue le expliqué al profesor el incidente. El profesor castigó a mi compañero y lo suspendió, mi compañero se vengó conmigo.
A la salida de esa misma clase, mi compañero me encaro, me quiso pegar y me insultó, el profesor lo pillo y lo expulsó y eso solo hizo que no compañero se enfadara más. Cuando volvió de la expulsión, me cogió en un cambio de clases y me empujó, caí de mala manera y me rompí la muñeca. Mis padres denunciaron, el director expulso al chico definitivamente del instituto. Y si pensaba que todo quedó ahí, no es verdad. Durante unas semanas pude vivir tranquila, hasta que en la salida de un lunes, vi a un tumulto de personas en la puerta del colegio. Yo pensaba que eso era una pelea escolar, así que di la vuelta para salir por otro lado, pero no. Cuando quise irme, unas compañeras de clases me cogieron por los hombros y me llevaron al centro de aquel tumulto.
Para mi sorpresa allí estaba el chico que me rompió el brazo. Se vino hacía mi de forma amenazadora y me saco una navaja. Si, me quiso acuchillar. Por suerte para mí, frente a ese instituto donde yo estudiaba había otro instituto y cada día a la salida, el tráfico era lo peor, así que siempre había una pareja de policías regulando el tráfico. Los policías, al ver la pelea, se acercaron para ver qué pasaba y se encontraron todo el pastel. Detuvieron al chico y para mí llamaron a una ambulancia, debido a mi ataque de pánico, y ahí vino la denuncia más gorda de todas y la orden de alejamiento, pero los problemas no acabaron.
Este chico no contento con la expulsión del instituto, con varias denuncias por agresión, por una muy grave y una orden de alejamiento, decidió que mi infierno no había terminado. Él averiguó donde vivía yo y se hizo novio de una chica de mi calle, pasándose día y noche en mi calle. Cada vez que salía de casa, él y su novia, me seguían a mí, a mi hermana, a mis padres e incluso a mi abuela. Llamábamos a la policía casi a diario, y se lo llevaban y a los pocos días, volvía a mi calle. Mi abuela se fue a Barcelona, a vivir con mi tía un tiempo y nosotros solo nos libramos de él cuando llegó verano y mis padres decidieron que nos íbamos todas las vacaciones a la casa de la playa, sin importar si ellos tenían que levantarse mucho antes para ir al trabajo hasta mi ciudad o si le tuvieron que pedir ayuda a la familia para que mi hermana y yo no nos quedaríamos solas. Y fue entonces, solo entonces, al volver, en septiembre, cuando ya nunca más lo volví a ver, solo en el juzgado, delante de un juez.
Durante todo este tiempo, mis padres intentaron cambiarme del instituto, pero Fiscalía de Menores dijo que era imposible y que era el instituto quien debía poner medidas, y adivinad, no hicieron nada, así que cuando empecé Bachillerato, mis padres decidieron que me iba a otro centro, dijera el fiscal lo que dijera.
Y si pensáis que todo se solucionó así, sois almas cándidas, porque en el nuevo instituto, vino mi estocada final.
Con todo lo que venía arrastrando os podéis imaginar mi personalidad: era tímida, introvertida, reservada, me costaba mucho hacer amigos, hablar en público... Y además, físicamente, seguía siendo gorda. A esas alturas de mi vida mis ovarios poliquísticos me habían causado una anomalía física llamada lipedema, la lipedema es la acumulación de grasas y líquido en las caderas y la inflamación de la misma, así que os podéis imaginar mi talla de caderas, eso fue el detonante de mi último caso de bullying.
Un día cualquiera, durante primero de bachillerato, entro en clases el subdirector del instituto, pregunto por mí y cuando me identifique, me pidió que lo acompañará. Me llevo al despacho del director y me hizo sentar allí, junto a mi tutora, y juntos, los tres, empezaron a explicarme que mis compañeros habían pasado una línea que no debían. Mis compañeros me habían creado un perfil en cierta red social, llamado “Sra. Pera” y se habían dedicado a colgar fotos y vídeos sobre mí (robado todo, porque yo ni di ni consentimiento ni siquiera sabía nada ello) y habían llenado esas fotos de comentarios vejatorios hacia mí, comentarios de todo tipo. Ese perfil había estado dando vueltas por todo el instituto y también era un perfil público, así que imaginaos todo lo que ponía.
Los profesores me dijeron que iban a hablar con mis padres para denunciar todo aquello porque era un delito, yo, que ya tenía dieciséis, les dije que prefería ser yo quien hablara con mis padres y que quería irme de allí en ese momento. Y me dejaron. Me dejaron irme. No les importo si en ese momento yo me iba a ir para suicidarme o lo que fuera, NO LES IMPORTO, solo me dejaron ir, si más. Y me fui. Me fui a mi casa, donde estaba sola, fue la primera vez donde pensar en desaparecer, llorando, me puse delante de una tableta de Ibuprofeno (soy altamente alérgica a los AINEs, así que de haberme tomado una sola pastilla de Ibuprofeno, me hubiese muerto en menos de cinco minutos) y debatí durante horas si tomármela o no. Mi madre llegó antes de tiempo a casa y eso me salvo. En cuanto me saludo, la mire y le dije que dejaba bachillerato, que ya no iba a ir más a clases.
Luego de eso, hubo muchas peleas con mis padres, ellos no entendían por qué dejaba de estudiar, yo no le expliqué nunca el porqué, el instituto nunca llamo a casa para saber qué había pasado conmigo y ahí termino mi bullying.
Caí en una depresión, no volví a estudiar hasta los dieciocho, tuve que ir a terapia muchos años y no puedo decir que supere toda esa mierda porque mentiría. Simplemente aprendí a convivir con todo el dolor y la inestabilidad e inseguridad que eso me genero y contar todo esto públicamente es un paso adelante, aunque sea en un blog anónimo que nadie lee. No importa, no pasa nada, solo es terapéutico y si esto sirve para ayudar a alguien, bienvenido sea.
Para terminar, solo quiero señalizar el bullying, quiero pedir que no hagáis bullying, que no apoyéis el bullying, que lo denuncies, porque aunque no lo hagáis directamente, si lo permitís, sois igual de culpables.











