Su nombre es Manolo y se enamorΓ³ de su mejor amigo. De las risas de domingo. De la constelaciΓ³n de estrellas que formaban sus pecas. De cuando se quedaba a dormir en sus lunares. De la forma en que lo miraba cuando dormΓa. De las veces en las que tropezΓ³ y su mano fue la ΓΊnica que lo ayudΓ³ a salir de la negrura de la noche. De cuando se partiΓ³ llorando y Γ©l estuvo a su lado, soportando sus noches imposibles y su estoy bien inestable. De las 999 razones para estar con y le prendiΓ³ fuego a lo que se le habΓa impuesto desde niΓ±o: enamorarse de una niΓ±a. Se enamorΓ³ del que era cuando le hacΓa reΓr hasta olvidarse de los dΓas en que estuvo triste. De esos abrazos en los que se armaba algo mΓ‘s que una vida. De las canciones que le mandaba y llevaban adjunto: Γ©sta me recordΓ³ a ti. De cuando era invierno y Γ©l era su ΓΊnico e inmortal verano. Las pΓ‘ginas en blanco las escribΓa, a veces con lΓ‘grimas al pensar que su amor no serΓa correspondido, otras veces con una sonrisa al imaginar lo bonita que es su vida al tenerlo cerca. AllΓ. Al otro lado. Sin decir nada. Sin decirse nada, aΓ±os mΓ‘s tarde comprendieron que se habΓan dicho lo mΓ‘s importante. ReΓan de lunes a domingo y algunas noches se les escuchaba llorar tras el armario. βTe amo, Manolo. βYo te amo aΓΊn mΓ‘s, Alex. Un lobo aullaba a distancia y la luna cabΓa en los ojos de Alex. Manolo querΓa entonces que todos los dΓas del aΓ±o fueran las 2:30 a.m. para apreciar su mirada que le trasmitΓa un tipo de paz que jamΓ‘s habΓa sentido. Estaban arrodillados dentro del armario, uno viendo al otro, sus frentes estaban mΓ‘s cerca que de costumbre, la mano de Manolo rozaba las mejillas de Alex, se podΓa escuchar sus corazones latir al unΓsono y su respiraciΓ³n precipitarse. βEres la ΓΊnica estrella a la que quiero ascender en la vida. βPuso hincapiΓ© Alexander, mientras la distancia iba acortΓ‘ndose para finalmente llegar a sus labios. Una estrella fugaz surcΓ³ el cielo; dos estrellas habΓan empezado a arder hasta compenetrarse y ser una sola. Brillar como una sola. En aquella madrugada, Alex y Manolo, fueron uno. Ya no habΓa mΓ‘s letras en el abecedario. Ni mΓ‘s ecuaciones que resolver. Se tomaron de la mano y salieron juntos. Mientras el mundo ardΓa, ellos caminaron allΓ‘, donde el sol suele perderse. Vivieron la historia de la que jamΓ‘s escribieron ni contaron a nadie. Sin fotografΓas ni pΓ©rdidas de tiempo. Se limitaron a vivir, y no a simplemente respirar; rompieron la sombra en la cual vivieron por separado para dar lugar a una luz que provenΓa de lo mΓ‘s puro de alguien: al amor.
BenjamΓn Griss (via elchicodelayer)
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