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@w-dexter

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❝ You've begun to feel like home what's mine is yours to leave or take what's mine is yours to make your own❞
remember ;;
“Pero la verdad es que no lo soy” y con esas palabras se apretó aún más a su pecho, intentando contenerse o de alguna manera, quedarse completa para no derrumbarse poco a poco por la realidad que la golpeaba nuevamente como una bofetada. ¿Por qué se sentía tan imbécil con pensar esas cosas? ¿Por qué se sentía tan mala persona deseando que otra no haya aparecido para intentar alejarle lo que más amaba en la vida? Quizás porque lo era, tanto imbécil como mala, hasta podría decirse que egoísta. Era tonta al pensar que podría ocupar el lugar de alguien que no lo quiso, sin contar con la posibilidad de que aquella aparezca un día reclamándolo y… después de todo, eso sería suyo. Porque lo había sido desde un principio le guste o no. Tampoco podía evitar tener miedo, miedo de pensar que un día Dexter vería la relación de la mujer que dio la vida a lo más preciado en su vida, Hope y caería en la cuenta de que podrían ser una familia, una verdadera y auténtica familia. Mamá, papá y su bebé. Ese simple pensamiento casi la hace separarse por completo para salir huyendo en busca de algo que no le haga doler tanto, desaparecer otra vez como lo había hecho hacía unos meses pero esta vez por cuenta propia. Solo para no salir herida y morir de algo diferente a una enfermedad… de un corazón roto. No quería decirle acerca de sus temores, mucho menos cuando el la estaba mirando de esa manera y le asegurada que nada cambiaría entre ellos. No quería ser esa novia insegura, celosa y completamente psicópata, ella no era así, pero solo… tenía miedo. Como cualquiera, pero ella podría perder más que solo un novio, podría perder algo que finalmente le dio sentido a lo poco que le quedaba de vida.
“Te amo, Dexter” soltó de imprevisto, siendo que hacía meses no soltaba aquellas palabras tan fuertes y poderosas, siendo que la primera y última vez que las había dicho fue en la noche del cumpleaños de dicho mayor. En ese instante sintió que tenía que decirlas, porque ya las palabras no alcanzaban a describir todos los sentimientos encontrados y por encontrar que su cuerpo y mente estaban enfrentando. Solo eso, solo esas dos palabras conformaban todos los miedos, todas las alegrías, toda la inmensidad de lo que sentía por el y se atrevía a decir que hasta eso no era suficiente. Y en el momento que iba a agregar algo sobre contar su relación, la puerta de la habitación se abrió de par en par tras su espalda y Charlie sabía de quien se trataba, porque se escuchaban los sollozos de una bebé y la voz nerviosa de alguien a quien no quería ver.
Su corazón se detuvo por un segundo y su respiración perdió el ritmo al escuchar esas palabras junto con su nombre. Se quedó como paralizado y mirándola fijamente. Parecía como la primera vez que escuchaba aquello. Enseguida sintió como si su núcleo fuera a salirse de su pecho, pues se aceleró mucho y casi sentía que daba vueltas y hacía acrobacias en su interior. Se sintió feliz, emocionado. Podría decir que nunca se había sentido tan querido y tan feliz como se sentía con Charlotte. Simplemente se sentía bien y correcto. Abrió su boca para poder contestarle que él se sentía igual. Que él también la amaba. Pero era un momento más que se veía interrumpido. Esta vez eran los sollozos de Hope que seguramente se habría confundido al quedarse sola con Hayley y no verlo más. Vio hacia espaldas de Charlotte y efectivamente, ahí estaba parada con la pequeña en brazos, algo nerviosa y avergonzada.— ¿Qué sucede? —Cuestionó, acercándose para intentar tranquilizar a la pequeña criatura. “Supongo que le alteró ver que ya no estabas” respondió ella, con notorio nerviosismo en su voz. Dexter volteó a ver a Charlie por una milésima de segundo y luego devolvió su vista a su hija, a quien comenzó a hablarle con suavidad y cariño, acariciando sus mejillas con su dedo pulgar. Esperaba que la cobriza se acercara, o al menos no le hiriera el que fuera a auxiliar a la madre de su hija.— Tranquila princesa, papi está aquí —Susurró, pero en ningún momento tuvo la intención de quitarla de los brazos de la morena. Si hacía eso cada vez que se quedara con ella, jamás se acostumbraría y mucho menos la reconocería como su madre. Dexter quería lo mejor para su bebé, y creía que lo más sano era mantener una relación sin problemas con Hayley, tanto Hope como él.— Calma, todo está bien... Harás que Hayley se ponga triste, y no queremos eso ¿Verdad, mi vida? —La pequeña comenzó a calmarse y una sonrisita se iba formando en sus labios, al igual que en los de la ojiverde, que lo miraba sorprendida ante el instinto paternal que poseía Dexter. Ni siquiera parecía el hombre duro y enigmático que había conocido hacía bastante tiempo atrás. Y es que el haberle dado la bienvenida a esa pequeña niña había sacado a la luz el lado dulce que existía en él. Una vez que la Wolff menor se tranquilizó, Dexter en lugar de mirar a Hayley, llevó su mirada a Charlie y sonrió, como si fuese un gran logro lo que había hecho.
temptation ;;
Su cuerpo se retorcía de placer gracias a la estimulación que provocaba el profesor en su parte más sensible con su boca. Su cadera intentaba elevarse, queriendo que el haga más, más rápido, que la haga llegar hasta ese punto de climax donde toda la excitación saldría como una explosión. Sin embargo el la sujetaba con fuerza y la mantenía quieta en su lugar, llevando el color de sus puños a pura blancura por la presión que ejercía y la habitación llenándose de sus gemidos ahora incontrolables. “D-Dexter” musitó entre jadeos, cerrando los ojos con fuerza y apretando el estómago. La muchacha estaba segura de que si el seguía de esa manera no llegaría muy lejos y terminaría en tan solo minutos y cuando justo el calor comenzó a subir desde la punta de sus pies hasta arriba, la boca ajena se separó de su entrepierna bajando todo aquella calidez de repente. Charlie se quejó, su ceño se frunció y lo observó con la respiración acelerada y hambrienta, ella dejaba de ser aquella inocente jovencita cuando su cuerpo era de esa manera poseído por el del más grande, el lograba convertirla en toda una adicta, el lograba sacar lo más escondido de su ser.
Sus palabras de reproche se cortaron antes de siquiera pronunciarlas cuando Dexter llegó a su oído y pronunció esa simple frase, su respiración se cortó por un segundo y estaba segura de que su corazón también se había detenido. Aquel tono de voz, la calidez de su aliento y los labios rozando el lóbulo de su oreja y esa pequeña parte sensible de su cabeza la dejaba fuera de sí, se convertía en toda una alumna, en toda una sumisa bajo su tacto, su voz y su mirada. Luego prosiguió a sentir las caricias recorrerla hasta llegar nuevamente a su entrepierna y lo que siguió, además de un feroz beso que tomó toda su atención por un segundo, fue la intrusión de sus dedos en su interior. El la haría llegar tantas veces que ya lograba observarse a si misma tendida en la cama, intentando recuperar las energías durante horas y por no decir, todo el día. Las manos de Charlotte se sujetaron a la solapas de su camisa mientras sus labios y su interior eran atacados, aunque esta vez ella no se quedaría de brazos cruzados siendo torturada. Ahora sus dedos hacían un pequeño camino tembloroso hasta los primeros botones de la molesta tela y sin esperar comenzó a deshacer los demás, dejando caricias con las yemas de sus dedos y sus uñas en la piel que poco a poco se iba revelando. Los besos cada tanto se cortaban gracias a sus gemidos y a la necesidad imparable de dejarlos salir, se tenía que aferrar a su cuerpo para no caer.
Dexter podría jurar que podía sentir cómo pasaba la sangre por sus venas, recorría todo su cuerpo y regresaba a su corazón, que palpitaba con fuerza y rapidez. La mayor parte del tiempo Charlie le parecía adorable y cien por ciento inocente. Pero verla con la libido a tope, sin inhibiciones, tenerla así solamente para él, entre gemidos y estremecimientos lo volvía loco. Era todo un placer escucharla decir su nombre de aquél modo. Si bien estaba familiarizado con el sexo, su primera vez había sido hace muchos años atrás y estaba acostumbrado a tener a las mujeres como quería y así dejarlas más que satisfechas, no estaba acostumbrado a ese sentimiento. A estar así de cómodo y sentirse tan conectado con su pareja. Sin duda alguna, el cariño podía hacer una gran diferencia en la relación sexual. Por más salvaje y provocativa que ésta fuera, podía sentirlo. Se amaban. Su placer era que ella lo disfrutara. Sus gemidos, el calor que emanaba su cuerpo, la humedad y los besos pasionales eran lo que lo encendían. No era una más. No era simplemente el hecho de acostarse con alguien; era ella. Ella lo hacía especial.
Una nueva sonrisa se formó entre besos, permitiéndose aparecer de vez en cuando, provocada por los gemidos que adoraba escuchar y que chocaban contra sus labios. Sus dedos se movían con maestría en su interior, explorando cada rincón que alcanzaban y llenándose de ella. Sentir la humedad aumentando cada vez más, al punto de resbalar por sus dedos hasta la palma de su mano lo excitaba de sobremanera. Si que podía ir a la cárcel, porque esa jovencita lo hacía perder la cordura. Mordió el labio inferior de la contraria al sentir que iba desnudando su pecho y seguido de esto acariciaba la piel que descubría y aumentó el ritmo que su mano ejercía en su intimidad, a su vez aumentando su dedo pulgar al juego, proporcionándole caricias circulares en la parte más sensible. Su mano libre presionaba ligeramente la cadera de la menor y ahora se dirigía a uno de los pequeños pechos de Charlie, el cual comenzó a acariciar en un principio, recorriéndolo por completo, para después apretarlo lo suficiente sin llegar a lastimarla.

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I do play guitar a bit, but I’m trying to learn to be really good at the time. My wife got me an electric guitar for Christmas. I’ve brought an acoustic to work, so I’m going to annoy everyone at work by playing really loudly. And hopefully eventually I’ll get good! I’m like a campfire guitarist. I learned in the 90s, so I can play all the 90s indie tunes. Like Oasis, and Blur, and all these bands. I need to update my guitar playing. I’m trying to learn serious stuff like scales and modes.
What would you do if Hope is being bullied at school?
remember ;;
Asintió con lentitud por lo menos para que el supiera que lo escuchaba a pesar de su mirada perdida en ambas manos y del semblante triste que su rostro había tomado. Odió pensar por un momento en tener que alejarse nuevamente de ellos, esta vez por una cuestión obligatoria, quizás mucho más poderosa que su enfermedad y cualquier otra cosa… la familia. Charlie temió tener que imaginarse aquella mano que tomaba, siendo sostenida por otra, fría y desagradable como la de la mujer que los había abandonado y dejado a su suerte. A un hombre y a su pequeña bebé. Odió imaginarse una fotografía de familia, de ellos, odió pensar que esos no serían los labios ella besaría sino la otra desconocida. “No quiero perderlos” susurró tras varios segundos en silencio, apretando los labios en una fina linea que relevaba todo el malestar que había en su interior. “Yo no quiero perderte, no otra vez” agregó luego de escucharlo, ahora con aquellas orbes oscurecidas clavadas en las contrarias, demostrándole todo el pánico que por un momento inundó toda su anatomía. Sus ojos picaron anunciando las tan odiadas cascadas de lágrimas, apretando aún más sus labios y la mandíbula para evitar que se derramen contra sus mejillas. No quería ser débil. “Yo querría ser su mamá, Dex” aquellas palabras salieron con un ligero temblor y un escalofrío al darse cuenta lo que había admitido. Cuando su cuerpo se conectó con el del mayor, todo este se relajó, sus brazos lo rodearon y se apegó aún más a el, intentando buscar lo que tanto necesitaba. “Joven o no, no me importaría nada de verdad ser su mamá, ella lo necesita… ella, ella es tan feliz así y odio sentirme así de egoísta, pensar que esa… que ella no la merece” su voz chocó contra la piel del cuello de Dexter a la vez que sus pequeñas manos formaban nudos con su ropa. “No la merece y si vuelve a dejarla, si vuelve a dejarla juro que yo iré a buscarla y a decirle todo lo que se pierde” su ceño se frunció, su cabeza se movió ligeramente en negación y suspiró. Quizás en ese momento se dio cuenta del porque había tomado siempre tanto cariño con los bebés, el por qué con justamente esa niña había tomado un cariño tan maternal que por momentos se creía como tal. Charlie pensaba cada vez que un nuevo bebé llegaba a sus brazos que quizás una de las pocas razones por las que hacía eso era porque en un futuro, posiblemente, ella no pueda estar en el lugar de esas mujeres. Su vida era corta y lo tenía claro, su vida estaba contada con los dedos y había perdido toda esperanza de formar su propia familia. “No puede volver a dejarla ahora que ha vuelto”
Su cabeza se movió de lado a lado repetidas veces. Por supuesto que no los perdería, así se parara el mismísimo diablo frente a ellos, él no iba a dejarla. De ningún modo iba a renunciar a todo lo que Charlie lo hacía sentir. No iba a renunciar a la persona que, junto con su hija, hacía sus días menos pesados. No podía, ya sabía lo que era estar sin ella y no quería volver a sentir su ausencia jamás. Las palabras que después pronunció lograron que se estremeciera. Era difícil imaginar una familia con Charlie, no porque no lo quisiera, porque si se ponía a pensarlo sería algo maravilloso. Pero era más bien su miedo. El mismo miedo que ella seguramente experimentaba, pero desde diferentes puntos de vista. Sabía que sus días estaban contados. Pero ¿Acaso no están contados los de todos? Así lo veía Dexter. Nuestro destino ya está escrito de algún modo. Sin embargo tenía esperanza. Podía interpretar la lectura de dicho libro de una manera menos dolorosa... Más a su favor, de ambos. Sus manos se deslizaban por su espalda con suavidad y la presionaba contra su cuerpo, la abrazaba con tanto cariño. Todo el cariño que se había tenido que guardar por meses. Todo lo que había sentido y sufrido en ese tiempo iba acumulado en ese abrazo.— Eres lo más cercano que Hope ha estado de tener una madre —Susurró en su oído con suavidad y calma. Quería ayudarla a sentirse mejor. Charlie no tenía competencia alguna. Ninguna mujer lo había llenado tanto como ella, y era tan solo una niña para él. Y Hope... Hope la adoraba. Era una bebé aún, pero lo sabía. Se notaba. Habían creado una conexión tan íntima que seguramente la pequeña podía verla de ese modo. Pero entendía de lo que hablaba. Si Hayley había vuelto era porque quería hacer las cosas bien, y eso incluía retomar el papel de madre que había rechazado once meses atrás. Pero eso no significaba nada. Eso no rompía la conexión entre Charlie y Hope.— No tengas miedo, preciosa — La animó, aún abrazándola.— El hecho de que haya vuelto no significa nada. Quiero decir, quizás haga las cosas bien, quizás se gane su lugar... Y está bien. Hope merece conocer a su madre y de ser posible crecer con ella —Explicó, apartándose para poder buscar su mirada.— Pero no significa que tú hayas perdido tu lugar. Has hecho tanto por nosotros. Nos has alegrado la vida, Charlie. Y ella tendrá que respetar eso —Sonrió ligeramente, con los ojos cargados de honestidad.— Si tú así lo quieres y te hace sentir segura, podemos decirle a Hayley sobre nosotros.

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temptation ;;
Su cuerpo se estremecía bajo los apretones suaves de las manos ajenas en su piel, las caricias a lo largo de su anatomía y aquel beso desesperado que la dejaba poco a poco sin respiración. Sentía su corazón golpear contra su pecho y sentía el de Dexter haciendo exactamente lo mismo, sentía su piel cada vez más caliente debajo de aquella camisa tan formal que incluso la provocaba aún más. Cada una de sus extremidades se ajustaron al cuerpo contrario en cuanto ya no había apoyo debajo de ella y solo el aire rodeándola, sus piernas estaban entrelazadas en su cadera y sus manos lo sostenían por la nuca, sin dejar ni por un momento aquellos labios carnosos que tanto la habían estado torturando. Un ligero suspiro se escapó de si al momento que la lengua del profesor de adentró en su boca, comenzando un juego lento y suave al principio que después se volvió loco y desgarrador. Al no tener tantas experiencias sexuales y todas ellas siendo con aquel hombre que ahora cubría todas sus fantasías, Charlie era sensible ante los toques, se prendía como si un interruptor hubiese sido colocado en diferentes puntos de su cuerpo y Dex los tocaba en el momento preciso. Sus labios continuaron jugando con los contrarios, su lengua acariciaba la de el y por tiempos se dejaba a si misma tener el atrevimiento de atrapar los suyos y morderlos de una manera provocativa y tentadora, demostrándole que si quería, podía ser más juguetona de lo que pensaba. Con una sonrisita se dejo llevar hasta su escritorio, ignorando por completo el ruido de los libros cayendo al suelo y la frialdad de la madera bajo ella, todo lo que le importaba era aquel oji-claro que había dejado de besarla solo para mirarla con una mezcla de lujuria y maldad. El iba a torturarla de la peor forma y lo sabía.
Sus rodillas se doblaron en un rápido movimiento por los besos que ahora eran repartidos a lo largo de sus piernas y que hacían subir la temperatura de su cuerpo y a la vez hacían más pesada su respiración. Sus mejillas estaban completamente rojas, no por la vergüenza, sino por el calor y la excitación que cargaba su pequeño cuerpo gracias a cada una de las acciones contrarias. Mordió su ahora hinchado labio inferior y con aquellos ojos oscurecidos y brillosos siguió cada uno de sus movimientos, sintiendo la calidez de la boca del mayor recorrer sus muslos y la fina barba provocarle ligeras cosquillas que no llegaban a sobrepasar las que ahora sentía su intimidad en apuros. Un nuevo suspiro salió de sus labios, un suspiro desesperado que por poco no pasaba a ser un gemido frustrado, aquella lentitud y la cercanía que mantenía con su entrepierna la estaba matando. Su boca se entreabrió ante el contacto con su parte más sensible, sus piernas se abrieron aún más sumisa de los labios y la lengua de su profesor que jugueteaba con su intimidad a su gusto. Apretaba las manos contra el borde del escritorio y dejaba caer la cabeza hacia atrás, los gemidos no tardaron en aparecer, suaves, casi como suspiros, propios de ella y de su propia delicadez.
Con el paso de los segundos sus manos se aferraban más a la menor, a sus caderas, como si quisiera evitar que se alejara aunque fuese un poco. Y eso era lo que buscaba, que su posición no cambiase en ningún momento para así disfrutar de ella como más le gustaba. Sus labios y su lengua seguían moviéndose con destreza por toda su intimidad, finalizando en la parte más sensible de su sexo. Movía la punta y mordía con suma suavidad en esa pequeña área esperando causarle un millar de sensaciones. Por momentos amenazaba con deslizarse en su interior, pero nunca cumplía dicho castigo. Su mirada permanecía buscando la contraria. Era profunda, cargada de lujuria y placer. Placer provocado por las reacciones de su antigua estudiante. Dexter adoraba tomar el control de las cosas porque le volvía loco que Charlotte se pusiera de aquél modo. Los sonidos, los movimientos, su expresión y su calor. Sus mejillas enrojecidas, su mirada oscurecida y su respiración. Todo le resultaba sumamente excitante. Y ni hablar de la mezcla de todas esas cosas. Una obra de arte. Podía sentir la humedad aumentando, una perfecta señal de que su trabajo iba muy bien.
Cuando decidió que era adecuado, se levantó y en su misma posición tomó firmemente de las caderas a la menor. Se inclinó lo suficiente para quedar a la altura de su oído, dejando que su aliento chocara contra su oreja.— Sabes... tan... bien —Susurró, con la voz completamente profunda, lenta y cargada de erotismo. Justo después su lengua acarició el lóbulo de su oreja. Una de sus manos bajó poco a poco, con un solo objetivo. En el momento en el que el hombre volvió a besarla, dos de sus dedos se deslizaron sin previo aviso en el interior de la cobriza. Sin esperar más comenzó a moverlos, primero lento y suave, compensando la sorpresa anterior, para después ir aumentando la velocidad y el movimiento.
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Conforme el tiempo pasaba y las fotos se mandaban, Charlie se sentía más a gusto con lo que hacía, con aquella tortura que estaba provocando en el mayor quien, para empeorar, se encontraba dando una clase. Al principio había decidido tan solo probarse algunos trajes para el, ropa diminuta, lencería de la más pequeña y transparente, pero con cada imagen que le mandaba para mostrarle su juego, sus ganas de más aumentaban y la inocencia que poseía así como la vergüenza se alejaban. Nunca se imaginó estar mandándole fotos de ella completamente desnuda y expuesta, mucho menos cuando no era muy segura con su cuerpo pero con el todo era diferente. Se sentía perfecta frente a sus ojos, como si no hubiese ni una sola imperfección en su tersa piel pálida, como si su delgadez no fuese extrema. La temperatura de su cuerpo con cada palabra que el escribía aumentaba, ese juego pervertido y la lujuria que trasmitía en solo un texto le provocaba un cosquilleo en la boca de su estómago que se propagaba hacia su entrepierna y bajaba hasta sus pies. El estaba volviéndola loca, la amenazaba y eso le encantaba, le gustaba perder la timidez y demostrarle que quizás, después de todo, no sea tan inocente como pensaban, no era más la niña que ambos pensaban que era. Poco a poco aprendía de la pasión y el erotismo en cada uno de sus encuentros, nunca antes habían hecho aquello, torturarse de esa manera y si lo habían hecho había sido demasiado leve. Todo era dulzura y por un momento, en ese momento quiso probar algo más peligroso. Quiso tentarlo hasta el abismo así como el lo hacía.
En la última foto que se atrevió a mandar se vio a si misma haciendo algo que no había hecho nunca, explorarse, tocarse, algo que solo habían logrado las manos de Dexter y su boca, esos deliciosos labios que estaba desesperada por probar otra vez. Cuando finalmente decidió dejar sus acciones a los minutos, el sonido estridente de la puerta cerrándose y unos pasos apresurados hacia la habitación la llevó a sonreír ampliamente. Soltó un débil gritito de sorpresa por el tirón de su cuerpo y su nueva pose, su cuerpo completamente desnudo frente a un Dexter lujurioso y que desprendía erotismo por cada uno de sus poros. No alcanzó a responder que la boca de su ex-profesor había sellado la suya con fiereza, la menor no tardó en corresponder aquello con una pizca de ansiedad y desesperación, enredando al hombre con sus brazos y sus piernas, juntandolo mucho más a ella.
Podía sentir como la temperatura iba aumentando lentamente, su cuerpo se sentía caliente y la necesidad aumentaba, a pesar de tenerla cerca, no era suficiente. Sus manos recorrían la pálida y suave piel ajena. Desde su rostro, su cuello, bajando por sus costados, acariciando su cintura y haciendo presión en los huesos de la cadera. Presionó su cuerpo contra el de ella y sin mucho esfuerzo, la levantó de la cama y la sostuvo en la misma posición, sujetando sus muslos en los costados, después de todo era muy pequeña y ligera. Una sonrisa se formó entre los besos que con el paso del tiempo se iban intensificando. Poco a poco su lengua pidió permiso para adentrarse en la boca contraria, en un inicio con suavidad que más tarde se convertiría en una lucha por el control. Acariciaba y exploraba el interior de su boca de una forma tentadora y provocativa, cada rincón era recorrido por suaves movimientos que terminaban en sus labios, los cuales también mordía con una suavidad y sensualidad extrema. Sus pies lo guiaron hasta el escritorio que tenía en su habitación, donde por lo general tenía libros que había leído la noche anterior o algunos papeles. Ese día todos esos objetos perdieron importancia, pues sin dudarlo los apartó de la mesa de un movimiento y sentó a la menor en el borde. Justo después de repasar su anatomía, se hincó frente a ella y abrió sus piernas frente a él sin preguntar. Una media sonrisa se asomaba en sus labios. Una sonrisa que indicaba que estaba tramando algo. Esa sonrisa traviesa que deja imaginar infinidad de cosas, y seguro ninguna de las que el hombre podría tener en mente. Dexter podía llegar a ser impredecible a veces. Sus labios recorrieron las piernas pálidas de Charlotte con una lentitud desgarradora, se permitía dejar besos y rastros de humedad en ellas, un cosquilleo con su barba quizás. Conforme se iba acercando más a su feminidad, sus movimientos se volvían más lentos. Quería que fuera una tortura, quería devolverle lo que él había sentido. Su mirada buscó la de Charlie mientras se permitía dejar algunas marcas en la parte interna de sus muslos y que su aliento caliente chocara contra su entrepierna.
Finalmente, sus labios hicieron contacto con ella. Besó con suavidad aquella parte tan delicada y dejó de lado, tan solo por un momento, el salvajismo y el hambre. Comenzó a paso lento. Su lengua se movía despacio de arriba a abajo, después en círculos, podía hacer infinidad de formas en ese espacio y no se cansaría. Aumentaba el ritmo, iba más rápido y presionaba más, succionaba con suavidad para justo después volver a retomar el ritmo anterior. Dexter sabía exactamente cómo hacer su trabajo. Sus manos se aferraron a los muslos de la joven y elevó la mirada para poder observar sus expresiones.
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El silencio en el aula resultaba desgarrador para Dexter. O quizás era su nerviosismo el que lo hacía sentir así. El saber que estaba haciendo algo “malo” durante clase, frente a todos sus alumnos le ponía los nervios de punta. Sentía que podían leerle la mente. Sin embargo, no podía dejar su teléfono sobre el escritorio. Charlie lo estaba torturando de una manera encantadora.— Oh, uhm... Si, si. Lo revisaré en casa ¿Vale? —Respondió forzando una sonrisa, justo después de bloquear con rapidez y poca discreción su teléfono para después ponerlo sobre el escritorio y tomar el trabajo que una de sus alumnas le estaba entregando. La muchacha rubia lo miró de forma divertida y volvió a su lugar. Apretó los labios formando una línea a la vez que la pantalla de su teléfono volvía a iluminarse por una notificación. Su mirada clara repasó el salón de clases antes de abrir el mensaje. Se removió en su asiento al ver la foto que Charlie le había enviado. Un calor placentero recorrió su cuerpo, envolviendo un lugar en específico y tomó aire, tratando de calmar todo lo que estaba sintiendo. Miró el reloj que había en la pared. No faltaba demasiado para que acabara la clase. No habría problema si...— Bien, chicos. Me ha surgido una... Emergencia, así que tengo que retirarme. Pueden irse también. Recuerden el proyecto para el Lunes —Explicó, mientras se ponía de pie y acomodaba todo en su maletín. Podía jurar que el roce de su pantalón se sentía demasiado.— Que tengan buen fin de semana —Se despidió y salió apurado del aula. Un nuevo mensaje. Lo abrió conforme iba avanzando por los pasillos con rapidez y una sonrisa ladeada apareció en sus labios. Era preciosa. Toda ella lo era. El sonido de la alarma de su coche desactivándose sonó a unos metros, demostrando la prisa que llevaba. Otro mensaje. Esta vez no había texto, era solamente una foto que provocó que el hombre relamiera sus labios y luego formara una sonrisa lasciva.
Los minutos en llegar a casa parecieron eternos, a pesar de que en realidad no había tardado más de lo normal. Su necesidad de hacerla suya en ese preciso instante era enorme, y el calor y el estorbo que se había vuelto su ropa era prueba de ello. Al entrar al departamento simplemente cerró la puerta y tiró el maletín a un lado. En ese momento su único interés era llegar a la habitación. Tenía tanto en mente, todas esas cosas que jamás hubiera pensado en hacerle a la dulce e inocente Charlie ahora estaban saliendo a flote. Merecía un castigo por haber jugado de aquél modo. Abrió la puerta de la habitación y la cerró detrás de él sin importarle nada, su mirada fija en la imagen ahora en vivo de su ex-estudiante esperándolo en su cama. Dexter no se preocupó por hablar o hacer algún tipo de expresión, simplemente fue directo hacia ella, tiró de una de sus piernas para atraer el cuerpo de la joven hacia el borde de la cama y así mismo sentarla frente a él.— Te has portado muy mal, Charlie —Murmuró, con la voz gruesa, justo antes de abalanzarse a devorar sus labios en un beso apasionado, lleno de hambre. Era un beso lleno de erotismo, uno totalmente diferente a los que le habría dado alguna vez.

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[text:charlie]: Siempre puedes decir que tienes una emergencia… [text:charlie]: Así estarías aquí más rápido. [text:charlie]: He tenido un buen profesor… y muchas amigas pervertidas. [text:charlie]: Desde hace un largo rato, Dexter, será mejor que te apures si no quieres encontrarme durmiendo… o en peores circunstancias.
[text:dexter]: Estoy subiendo al auto.