“Al fin y al cabo, lo único que he hecho ha sido negarme a pasar por delante de una madre hambrienta, con mi rublo bien guardado en el bolsillo, esperando la llegada de la felicidad universal. Yo aporto por decirlo así, mi piedra al edificio común, y esto es suficiente para que me sienta en paz”.
– Fiódor Dostoievski, Crimen y castigo.











