Estas incluso en mi sueños cada noche…
tumblr dot com

oozey mess

Janaina Medeiros

@theartofmadeline
Sweet Seals For You, Always

pixel skylines
Jules of Nature
styofa doing anything
noise dept.
h
we're not kids anymore.

❣ Chile in a Photography ❣
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Cosimo Galluzzi
One Nice Bug Per Day
dirt enthusiast
Game of Thrones Daily

Origami Around

tannertan36

seen from United States

seen from Germany
seen from United States

seen from United Kingdom

seen from United States

seen from United States

seen from Estonia

seen from United States
seen from Indonesia
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Canada
seen from United States

seen from Australia
seen from United States
seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from Spain

seen from Türkiye
seen from United Kingdom
@ultimoalientosworld
Estas incluso en mi sueños cada noche…

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Yo creo que el enamoramiento tiene una base biológica. Al principio intervienen sustancias como la dopamina y la serotonina, que generan emociones intensas, pero con el tiempo el cerebro se adapta. Después de eso, una relación depende más de la decisión, la confianza y el compromiso que de la química inicial.
Escribo esto porque el dolor también merece memoria,
porque hay heridas que si no se escriben se disfrazan de gloria,
porque tengo miedo de olvidar cómo me sentía,
cómo poco a poco me apagabas mientras yo todavía te quería.
Y mírame aquí,
recordando un bus, una ventana, una maleta,
y a una niña rota intentando sostenerse completa,
contándole a un desconocido cómo alguien que decía amarla
terminó convirtiendo su corazón en zona de batalla.
Le conté cómo me echabas de tu vida
como quien barre migas de una mesa vacía,
cómo cada pelea terminaba igual,
con un “¿por qué no te vas?”
como si mi presencia te hiciera mal.
Y todavía escucho tu voz repitiendo:
“siempre hablas así”,
“siempre respondes así”,
pero nunca te preguntaste
por qué terminé hablando desde las ruinas de mí.
Nunca viste el miedo detrás de mi tono,
nunca entendiste que yo ya venía temblando sola,
que hablar contigo era caminar sobre vidrios,
era medir cada palabra para no terminar en exilio.
Porque contigo todo se volvía defensa,
todo era tensión, silencio y sentencia,
todo era sentir que mi amor era demasiado
y aun así insuficiente para alguien tan desconectado.
Y lo más triste
es que yo sí trataba.
Dios… cómo trataba.
Me hice pequeña para no incomodarte,
me mordí la rabia para no cansarte,
aprendí a disculparme incluso llorando,
mientras tú seguías señalándome el daño.
Te di la versión más dulce de mí,
la que decía “amor” aunque se estuviera rompiendo ahí,
la que daba besos con inseguridad escondida,
preguntándose por qué amar se sentía como una herida.
Y qué ironía tan absurda, ¿no?
Un desconocido en un bus
tuvo más cuidado conmigo que tú.
Él vio mis lágrimas y se quedó atento,
vio mi tristeza y me habló con respeto,
me dijo que tenía una luz bonita,
que cómo alguien podía apagar a una mujer así de viva.
Y cuando dijo que no me dejaría cargar la maleta sola,
sentí el corazón romperse de otra forma.
Porque entendí algo tan simple que hasta da tristeza:
yo nunca fui difícil de querer,
solo estaba entregándole amor a quien no sabía qué hacer con tanta nobleza.
Y tú sigues diciendo que no fuiste cruel.
Tal vez en tu historia yo soy el papel
de la exagerada,
de la complicada,
de la víctima mal actuada.
Pero tú no viste
cómo lloraba después de cada pelea,
cómo me quedaba vacía,
cómo dudaba hasta de mi manera de ser querida.
No viste cómo me convertiste en alguien insegura,
cómo hiciste que mi mente fuera una tortura,
cómo terminé creyendo
que amar era pedir perdón por existir demasiado tiempo.
Y aun así…
aun así intento entenderte.
Porque sé que también estabas roto,
que tus heridas hablaban por ti a lo loco,
que éramos dos personas llenas de miedo
intentando construir algo bonito desde el incendio.
Pero hay amores que no sanan,
solo desgastan,
amores que no abrazan,
solo arrastran.
Y quizá por eso nunca funcionamos,
porque mientras yo intentaba quedarme,
tú siempre encontrabas la forma de empujarme lejos con las manos.
Y si algún día vuelves,
si algún día el destino insiste en cruzarnos otra vez,
tal vez lo único posible entre nosotros
sea mirarnos un rato y después correr.
Porque estar juntos nunca nos salió bien.
Porque querernos dolía más de lo que hacía bien.
Porque hay personas que se aman…
pero se destruyen también.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
A veces la crueldad no llega gritando,
a veces llega suave,
con manos tibias,
con promesas frágiles,
con besos que esconden despedidas.
A veces el daño no tiene forma de monstruo.
Tiene forma de alguien
mirándote a los ojos
mientras lentamente te convence
de que amarle duele por culpa tuya.
Y qué cansancio
vivir intentando no molestar,
medir la voz,
cortar las palabras,
tragarse el enojo para no empeorar la tormenta.
Qué triste convertir el amor
en una sala de espera
donde siempre termina pasando algo malo.
Porque hay personas que no rompen de golpe,
rompen despacio.
Con silencios.
Con indiferencia.
Con frases pequeñas que se quedan viviendo dentro de uno.
“Siempre hablas así.”
“Siempre respondes así.”
Como si el dolor tuviera modales.
Como si alguien pudiera hablar bonito
mientras se está desmoronando.
Y uno termina dudando hasta de sí mismo.
De la forma en que ríe,
de la forma en que siente,
de la forma en que pide cariño
sin parecer demasiado.
Hasta que un día entiendes
que nunca fuiste difícil de amar.
Solo estabas entregando ternura
en manos que no sabían sostenerla.
Y eso cambia todo.
Porque entonces dejas de preguntarte
por qué no te eligieron bien,
y empiezas a preguntarte
por qué aceptaste tan poco.
Hay heridas que no sangran,
pero modifican la manera de mirarse al espejo.
Hay personas que no golpean,
pero logran hacerte sentir invisible igual.
Y aun así,
qué contradictorio es el corazón.
Porque incluso después del daño
todavía intenta comprender.
Todavía busca explicaciones.
Todavía piensa que quizás ambos eran solo dos incendios
tratando de darse calor.
Pero algunos fuegos no abrazan.
Solo consumen.
Y hay amores que jamás serán hogar,
porque nacieron para ser naufragio.
Por eso hay despedidas
que no se hacen por falta de amor,
sino por exceso de dolor.
Porque llega un momento
en que salvarse
también es una forma de quererse.
Y aunque a veces la nostalgia regrese
con su voz suave y mentirosa,
hay cosas que no deberían repetirse.
Como volver al lugar
donde te hicieron sentir difícil
por tener el corazón sensible.
Como volver a unos brazos
que confundían tu tristeza
con exageración.
Como volver a alguien
que jamás entendió
que el amor no debería sentirse
como caminar descalzo sobre vidrio roto.
Escribo esto para no olvidar cómo me sentí el día en que decidí irme.
Porque tengo miedo de que el tiempo suavice las cosas. Tengo miedo de romantizar el dolor. De convencerme algún día de que no fue tan grave. Y no. Sí dolió. Sí me rompió.
Recuerdo perfectamente aquel viaje en bus. Iba sentada junto a un desconocido mientras intentaba contarle, entre lágrimas y silencios incómodos, todo lo que había pasado. Y mientras hablaba, me daba cuenta de algo absurdo: todavía no podía creer que alguien pudiera ser tan cruel con una persona que decía querer.
Le conté cómo no parabas de echarme. Cómo cada discusión terminaba en un “¿por qué no te vas?”, “¿por qué no sales?”. Pero también terminaba igual, con esas frases que todavía me persiguen: “siempre hablas así”, “siempre respondes así”, como si mi manera de defenderme después de sentirme atacada fuera el verdadero problema y no todo lo que me estaba llevando a reaccionar de esa forma.
Le conté que ni siquiera tuviste la mínima consideración de ayudarme a bajar una maleta. No por obligación. No por amor. Simplemente por humanidad.
Y fue extraño.
Porque ese desconocido, alguien que no me debía nada, tuvo más empatía conmigo en unas horas que tú en mucho tiempo.
Recuerdo que me miró mientras yo intentaba secarme las lágrimas y dijo:
“No puedo creer que ese man sea tan tonto. No puedo creer todo lo que se perdió contigo.”
Y luego empezó a describirme como si estuviera viendo algo que yo ya había olvidado en mí. Me dijo que tenía una luz bonita, que era carismática, que transmitía una energía linda. Y yo solo pensaba en cómo una persona que apenas me conocía podía tratarme con más suavidad que alguien que decía amarme.
También me dijo que cuando el bus parara no iba a dejar que cargara la maleta sola. Que él la llevaba.
Y puede sonar insignificante, pero a mí me apachurró el corazón.
Porque entendí algo muy triste esa tarde: yo no era difícil de querer. Solo estaba intentando florecer en un lugar donde todo en mí era visto como un problema.
Tú decías que yo no sabía comunicarme.
Pero, ¿cómo iba a hacerlo si cada palabra que decía terminaba siendo usada en mi contra? ¿Cómo iba a abrirme contigo si vivía sintiendo que caminaba sobre cáscaras de huevo? Tenía miedo de hablar, miedo de incomodarte, miedo de reaccionar mal, miedo de existir demasiado.
Y aun así, tú sigues diciendo que no fuiste cruel.
Tal vez en tu cabeza no lo fuiste. Tal vez esa es tu verdad. Pero sigue doliéndome escucharlo porque significa que todavía no eres consciente del daño que me hiciste. En tu historia, yo soy la exagerada. La víctima falsa. La que “no sabe comunicarse”.
Y lo más triste es que yo sí intenté.
Me rompí en mil pedazos intentando ser alguien fácil para ti. Intenté no incomodarte. Intenté gustarte de la manera en que tú necesitabas ser querido. Te di palabras dulces porque dijiste que te gustaban. Te di cariño incluso cuando yo también estaba rota. Hasta los besos los cuestionaba, intentando entender qué versión de mí era suficiente para que no te alejaras.
Y me da rabia recordar todo lo que prometimos hacer juntos. Ir a comer. Ir al cine. Salir. Tener una relación bonita. Habíamos hecho acuerdos tan simples y aun así nunca los cumplimos. Nunca pasó.
Todo terminó convirtiéndose en tensión, en distancia, en heridas.
Y quiero escribir esto para no olvidar cómo me hiciste sentir pequeña. Cómo me hiciste sentir difícil de amar. Cómo convertiste mi presencia en un problema constante.
Porque ahora vuelves con palabras bonitas. Con “te extraño”. Con disculpas que suenan vacías. Como si unas cuantas palabras pudieran borrar todas las veces que me hiciste sentir insuficiente.
Y quizás sí estés arrepentido. No lo sé.
Pero siento que todavía no entiendes realmente lo que me hiciste vivir.
Aunque también trato de comprenderte.
Porque creo que ambos éramos personas rotas intentando amarse desde los traumas. Y a veces el amor no alcanza cuando dos personas no saben cómo dejar de herirse. A veces querer no significa poder.
Tal vez por eso nunca funcionó estar juntos.
Y hay una parte triste de mí que piensa que, si algún día vuelvo a verte, quizás lo único que podríamos ser es eso que siempre fuimos al principio: dos personas que se encuentran un rato, se abrazan un poco, se hacen compañía unas horas… y luego cada quien se va por su lado.
Porque amarnos, en cambio, siempre terminó destruyéndonos.
💔 lachicadeallado 💔
El vicio de ver atardeceres no se acaba nunca.
Tal vez en otra vida.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Era de esas personas
que se reían fuerte
aunque por dentro llevaran el alma cansada.
De las que dicen “todo bien”
mientras el corazón les tiembla en silencio
como una ciudad vacía en la madrugada.
Tenía los ojos llenos de historias
que nunca terminaba de contar,
porque sentía demasiado
y explicar tanto dolor
también cansa.
Le dolían las despedidas,
los cambios,
las promesas rotas,
la gente tibia
y los “casi algo”
que dejan heridas más profundas
que un adiós.
Amaba intenso,
bonito,
de verdad.
Como si todavía creyera
que quedarse era un acto sagrado
en un mundo donde todos se van tan fácil.
Y qué ironía…
siempre sabía cuidar a otros
pero nunca sabía qué hacer consigo misma
cuando le tocaba sentirse rota.
Las noches le pesaban distinto.
Pensaba demasiado.
Recordaba conversaciones,
tonos de voz,
miradas pequeñas
como quien recoge vidrios
después de un accidente emocional.
Pero tenía algo especial:
una sensibilidad peligrosa.
De esas almas que escuchan canciones
y sienten que les hablan directamente,
que abrazan fuerte
porque saben lo que se siente
tener frío por dentro.
A veces parecía distante,
pero en realidad solo estaba cansada
de fingir que nada le afectaba.
Porque sí le afectaba.
Todo.
Le afectaba sentirse reemplazable,
sentirse insuficiente,
dar más amor del que recibía
y quedarse pensando
si alguna vez alguien la iba a querer
con la misma intensidad
con la que ella quería al mundo.
Era caos disfrazado de calma.
Era ternura escondida detrás del orgullo.
Era una mente llena de preguntas
y un corazón que solo quería descansar
sin dejar de sentirse amado.
Y si preguntas cómo era…
era de esas personas
que aunque estuvieran rotas por dentro
seguían tratando a los demás con cariño.
Porque incluso con todas sus heridas,
todavía tenía la valentía
de seguir sintiendo.
Y eso…
eso es más raro de lo que la gente cree.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Te pido perdón porque a veces sí puedo llegar a ser tremendamente complicado.
un desafío