Llevaba meses en la ciudad danesa, meses donde, en su mayoría, había adaptado su costumbres gastronómicas al del país visitado. Era por ello que, existían cierto momentos, donde los caprichos del latino solían ser tan ridículos como preparar una buena comida venezolana y eso fue lo que ocurrió una horas atrás. Por supuesto, sus deseos fueron cumplidos, ahora se encontraba en una mesa con un gran plato de arepas rellenas. Escucho unos pasos acercarse, sin molestarse en identificar al individuo “¿Quieres unas arepas, pana?” ofreció, señalando el plato “carne mechada, queso, una buena reina pepiada también” el castellano salio a relucir, sin siquiera darse cuenta.
Ni siquiera se había dado cuenta del tiempo que había trascurrido entre su última comida y el instante en el que su estómago había rugido por atención, inevitablemente conduciéndolo hacia la cocina en busca de algo que pudiese saciar su hambre. El aroma que lo recibió tan pronto como puso en pie en ella le resultó agradable, pero su a vez tan desconocido como para llevarlo a fruncir el ceño. Antes de que pudiera preguntar algo a quien parecía responsable de la comida que se exhibía en la mesa, fue bombardeado con información que casi no logró comprender.--- Me temo que no he entendido ni la mitad de lo que has dicho ---admitió sin problema.--- Me basta con saber si no llevan pepino y que no son picantes... ¿Lo son? ---estudió el desconocido platillo extranjero como si con sólo mirarlos pudiese obtener una respuesta a esa duda.




















