Llegaste en septiembre, eras chiquito. Tu mirada estaba llena de desconcierto, llegabas a una nueva familia... hiciste que el corazón de una niña rota se llenara de alegría y también el de su familia.
Recuerdo que el primer día improvisamos una casa con una caja pequeña, entrabas perfectamente... eran épocas lluviosas y tratábamos de adecuar todo para que mamá no se enojara con Jeny para no devolverte.
Paseaste una vez con Jeny en el auto, fueron juntos al veterinario para vacunarte... en mi mente está claro cómo te llevaba en una caja de xbox... ya eras un poco más grande.
Papá se enojaba contigo porque hacías pozos en su patio... pero lo hubieras escuchado ayer, cuando dijo que estaba muy orgulloso de ti y de lo bien que cuidabas la casa. Mamá se enamoró de ti poco después de traerte... te compraba siempre croquetas y salía a verte para alegrarse el corazón.
Quique te adoraba, y agradecía mucho que cuidaras de Kiara. Él también te alimentaba y jugaba contigo casi a diario.
Y yo... yo no tengo nada más que agradecerte por hacer a mi hermana tan feliz por durante un año. Por hacerme creer de nuevo en el amor a los perritos y por dejarme apreciarte y ver cómo crecías día con día. Cuando salía al patio siempre movías tu colitia y saltabas de emoción al verme... Me es tan duro ver tu sangre y observar a Kiara tan triste y olfatear el olor que aún queda de ti en tus cosas.
No puedo parar de llorar... no puedo dejar de sentirme mal por tu partida... no puedo parar de imaginar todo lo que sufriste. Lo lamento mucho Drako... lamento no quedarme despierta hasta tarde como siempre lo hago, si lo hubiera hecho tú todavía seguirías aquí.
Espero que allá (a donde sea que fuera que tu alma esté) te encuentres con Bruno... y con Sarada. Ellos también están en mi corazón y no tienes una idea de cómo los amé y como recibí amor de ellos, déjate apapachar y recibe todo el amor que te faltó aquí en la tierra por recibir.
Te amo, Drako.












